La casa del dragón 3x03 - Resumen y análisis de un episodio en tensión creciente en HBO Max

Resumen y análisis del episodio 3x03 de La casa del dragón escrito por Sara Hess y dirigido por Clare Kilner. Estreno en HBO Max el 6 de julio.
A pesar de que la semana pasada sentimos que se cerraba un arco argumental muy grande con Rhaenyra sentándose en el Trono de Hierro, como es evidente en realidad nos enfrentábamos al comienzo de nuevas si no mayores vicisitudes para una reina que va a encontrar muchos problemas dentro y fuera de Desembarco del Rey.
La casa del dragón 3x03, escrito por Sara Hess y dirigido por Clare Kilner sigue la buena racha de la serie con un gran manejo de la tensión narrativa y un montaje dinámico que precipita los acontecimientos consiguiendo entroncar asimismo con la herencia de Juego de tronos con la que establece algunos vasos comunicantes muy interesantes.
Los motivos que hacen el trono incómodo
El capítulo 3x03 de La casa del dragón arranca con Lord Ormund Hightower dirigiéndose a Daemon, flanqueado por tres dragones. Atraviesa sus tropas a caballo y él le anuncia que Rhaenyra está en el trono y Otto ha muerto. Le propone regresar a Antigua y seguir su vida en paz ahora que ya no tiene aliados. Ormund claudica e hinca la rodilla. Jura lealtad a Rhaenyra.
Antes de que parta, le pide que Daeron, su protegido, le sea entregado. El hijo pequeño de Viserys y Alicent, sobrino de Daemon, acaba así en sus manos, “de regreso a su casa”.
Rhaenyra recibe a Daemon con las noticias y su rehén. Ella quiere ser coronada lo antes posible, organizar un desfile y torneos. Quiere ser una buena reina aunque ya empieza a sentir el peso de la corona.
Le presentan a Daeron. Le dice que es su media hermana y que es ahora un prisionero que será tratado en función de su comportamiento y docilidad. Daemon le dice que debería matarlo. Pronto Coryls le da una mala noticia: han saqueado las arcas, solo quedan fondos para un par de semanas. El oro ha desaparecido y eso cambia los planes: el pueblo sufre y aunque Rhaenyra quiere una coronación que la valide en el poder, es mala idea organizar fastos en medio de una hambruna y saqueos. Mysaria le aconseja esperar.

Lo siguiente que le preocupa es encontrar a Aemond y a Robaovejas, pero primero tiene que atender asuntos más mundanos: el castillo está infestado de ratas y los problemas se acumulan.
Rhaenyra va a ver a Alicent para preguntarle dónde está el oro de la corona, pero ella solo sabe que se lo llevó si consejero de la moneda. Alicent le dice que aunque no sabe dónde están ni tenía idea de que vaciarían las arcas, Aegon no puede gobernar porque está maltrecho a causa de las quemaduras y que puede declararlo impostor si Larys intenta que reclame el trono.
Rhaenyra comprende que trate de proteger a su hijo, pero le dice que solo las liberará cuando encuentre a Aemond y no haya ya pretendientes al trono. Le dice que las tratará con dignidad en su encierro.
La estrategia de Rhaenyra será anunciar que han encontrado a Aegon muerto y le encarga a Mysaria tantear al servicio para reemplazar a los fieles a los Hightower. No sabe qué hacer con Daeron al ser su medio hermano. También manda buscar a Elinda Massey, su dama de compañía.

Rhaenyra quiere ser ungida ya que no puede ser coronada, pero no tiene manera de probar la muerte de Aegon y la fe se opone a los dragones, criaturas que considera nacidas de la magia negra y la lujuria. El septón le recomienda no enemistarse con la fe si no quiere romper lo que une al pueblo.
Corlys le presenta a Alyn a Rhaenyra en una cena en la que le dice que ha decidido reclamar a sus hijos y nombrar a Alyn heredero (para sorpresa de Addam, también presente). Le pide a Rhaneyra que los legitime como Velaryon.
Rhaenyra empieza a ver a Jace por todas partes, mientras se enfrenta a nuevos retos, como atender a los suplicantes en su trono de hierro. Justo antes de tener su primera ronda de contactos, le viene el periodo. Los dragones causan estragos porque necesitan alimentarse mientras que los nobles acumularon riquezas dejando a los pobres al borde del precipicio. La presión aumenta sobre Rhaenyra, que ha llegado al trono como defensora del pueblo y ahora tiene que satisfacer unas altas expectativas. Mysaria y Daemon chocan constantemente y ella está perdida. Mysaria le pregunta que si no sabe qué hacer piense qué haría su padre. Así que decide dar un banquete.

Reúne e impone sobrenombre a sus tres jinetes Ulf el Blanco, Hugh el Martillo y Addam de la Quilla. Daemon los nombra caballeros. Juran lealtad a su soberana y a la corona. Hugh le pide a Rhaenyra sustento para su familia ella le promete hacerlo en cuanto consiga situarse y él encuentre a su esposa.
Alicent va a verla a sus aposentos: quiere que los restos de Otto vayan a Antigua para reposar allí. Rhaenyra le pide consejo, pero los problemas son muchos y la escasez de recursos complica la situación.
Finalmente, Rhaenyra celebra el banquete para darse a conocer ante los nobles pero todo dista mucho de las expectativas: la reina les sirve ratas y les reprocha hayan acumulado riquezas mientras el pueblo pasaba hambre. Luego les anuncia que sus capas doradas están saqueando sus casas para hacerse con lo que acumularon indignamente en momentos de necesidad.

Torrhen Manderly se presenta ante Rhaenyra y la felicita por una jugada maestra aunque le advierte que el pueblo no olvidará que fue su bloqueo el que los dejó sin pan. Ella le pide a Daemon que vuele al Valle para que Jeyne pague en monedas lo que lo aportó en tropas. Él le espeta que tiene mucho poder con seis dragones, que podría tomar Dorne, Essos, las Ciudades Libres. Le dice que puede tener un reino inexpugnable que heredarán sus hijos, ser como dioses, como dice la profecía. Rhaenyra se opone a su visión megalómana, tiene miedo: su padre decía que el poder de los dragones no era para los hombres. Prefiere asentar su poder en Desembarco del Rey y no pecar de ambiciosa. Le recuerda que debe matar a Aeron, pero no lo hace.
Rhaenyra busca el apoyo del pueblo, que la aclama y aplaude mientras ella les entrega alimentos. Mysaria le dice que será su unción, sin necesidad del septón.
Corlys insiste en que Rhaenyra legitime a sus hijos. Él lo ha perdido todo y está muy enfadado pero a ella le supondría un problema y se lo niega hasta estar establecida. Pero él le grita que todos sus hijos han sido bastardos e incluso Jace murió siendo un bastardo.

Rhaneyra va a ver a Alicent para anunciarle que tiene a Daeron y que planea enviarlo al muro para formar parte de la Guardia de la Noche, aunque conserve el título. Rhaenyra permite que se despidan pero cuando se reúnen se da cuenta de que no se conocen. Ormund sigue teniendo a a Daeron, la ha engañado y le ha dado un farsante con el pelo decolorado en su lugar.
Las noticias no se hacen esperar: las tropas de Ormund han tomado la Ladera y ahora ella tiene un dilema: si se enfrenta a él, quemará a su propio pueblo, si no hace nada, dejará avanzar al enemigo. Termina contemplando el fuego mientras arde el escudo de los Hightower: tiene que tomar decisiones.
Menor impacto, mayor tensión
La casa del dragón 3x03 se vale de dos recursos para crear una sensación de inquietud constante: la banda sonora y la metáfora de las ratas que asolan la Fortaleza Roja. Por una parte, en el plano auditivo se nos subraya cada input de información que perturba a Rhaenyra: desde los encontronazos con Daemon, cuya visión del poder es radicalmente distinta, hasta el engaño de Ormund y la tentación del fuego. Recordemos que es una Targaryen con cierta tendencia innata a sucumbir a cambios de humor abruptos y que se está tensando mucho la cuerda.
A ella lo que más le importa es guardar las apariencias, como demuestra orquestando el saqueo a los nobles y el reparto de comida entre la gene humilde, evitando reconocer a los hijos de Corlys, anunciando la muerte de Aegon o manteniendo la calma para no decapitar a Daeron.

Sin embargo, cada pequeña decisión que toma es un error fatal: se pone en contra a la corte, enciende la ira de Corlys, desoye a Daemon y no consigue su objetivo de parecer una reina legítima ante Poniente, con el agravante de que Ormund no es fiel a su palabra de caballero. Aunque quizás la mayor de las indignidades es la de proclamar la muerte de Aegon por encontrarse en paradero desconocido. Reinar sobre una mentira, le pasará factura más pronto que tarde.
Este capítulo, más reposado en el terreno de la acción, prepara el terreno para nuevos encontronazos dejando claro que el bando de los Verdes aún tiene mucho que decir y que el tiempo que han permanecido en el poder han aprendido muchas cosas que a Rhaenyra se le escapan. "Has llegado lejos, pero sigues sin saber quién eres", le ha espetado Daemon en una conversación crucial. Y así es, no alcanza a ver la panorámica completa ni a tomar las riendas del todo además de estar gestando muchos enemigos internos. Las ratas son pequeñas pero si se multiplican sin control pueden imponer el caos.
Valoración
Nota 90
La temporada sigue avanzando a buen ritmo en un episodio bisagra en el que los Verdes aún demuestran tener bazas en la manga. Llegar al poder no es lo difícil, lo complicado es mantenerse en él y alcanzar un equilibrio de intereses.
Lo mejor
La curiosa utilización de la banda sonora para retratar el grado de paranoia de Rhaenyra.
Lo peor
Es un capítulo muy centrado en Desembarco del Rey y el punto de vista de Rhaenyra que nos deja sin información sobre Aemond, Criston, Aegon y Larys.

Comentarios