Crítica de El agente nocturno temporada 3: mantiene su esencia y es mejor, en líneas generales

Crítica de la tercera temporada de El agente nocturno, el thriller de Netflix protagonizado por Gabriel Basso. Estreno el 19 de febrero.
El estreno de la tercera temporada de El agente secreto es, para muchos, un motivo de celebración porque se han encariñado del personaje interpretado por Gabriel Basso, el honesto y entregado agente Peter Sutherland cuya nueva aventura ya quedaba pendiente al final de la segunda tanda de episodios.
Tenemos muy buenas noticias porque se aprecian muchos cambios ahora, pero en general hay una mejora de los valores de producción y del diseño de los personajes secundarios. El formato de la serie es el mismo: diez episodios de entre 45 y 50 minutos de duración a lo largo de los cuales lo vamos a ver muy pendiente del teléfono para atender a su Némesis, el intermediario, que tiene la vida de su amada en sus manos.
Pero a la galería se unen un montón de nuevos personajes interesantes que se salen de los clichés y convierten el relleno en una mullida capa sobre la que se asientan las tramas principales, que son las que aguardan a una resolución más tardía. Por el camino lo habitual: persecuciones, tiroteos, complots, localizaciones fotografiadas con esmero (arrancar en Estambul es una baza ganadora) y un trasfondo bastante interesante en el que queda involucrada hasta la Casa Blanca.
A veces tomar las decisiones correctas, es complicado
La tercera temporada de El agente nocturno arranca con Peter siendo activado como ave nocturna y enviado a Estambul para localizar a Jay Batra, un analista del Tesoro (FinCEN) acusado de asesinar a su jefe tras descubrir información gubernamental sensible.
Lo que comienza como la simple búsqueda de un fugitivo se convierte en una investigación sobre una red de dinero negro e influencias políticas que amenaza con desestabilizar al gobierno de la neción, pero es que además el intermediario se mete de por medio, tratando de hacerse con Batra como rehén y causando una tragedia entre tanto.
Con la necesidad de esclarecer el caso cuanto antes, Peter une fuerzas con la periodista Isabel De Leon (Génesis Rodríguez) máxima interesada en destapar secretos que podrían cambiar las cosas para bien.
Mientras tanto, en Washington, Chelsea Arrington regresa como parte del equipo del Servicio Secreto del Presidente Hagen y se ve involucrada en una serie de acontecimientos muy desconcertantes que pondrán su reputación en entredicho.

Hay dos aspectos muy satisfactorios en El agente nocturno 3. Uno de ellos es la exploración de la infancia y la fascinación que los progenitores ejercen sobre sus hijos en edades tempranas. Así, por una parte, veremos una parte de la historia que refleja el pasado de Peter, incluyendo flashbacks de la relación con su madre, lo que nos lleva a conocer con mayor profundidad las motivaciones detrás de su rígido código moral que le hacen tener un alto sentido de la justicia, una ética intachable y dilemas morales a los que se enfrenta con gran humanidad.
En las antípodas, a un sicario que se hace cargo de la educación de su hijo, conjugando su faceta de mentor con un trabajo de lo más especial y peligroso que convierte en un personaje misterioso, controvertido y a la vez muy atractivo por su complejidad.
La tercera temporada además, consigue que uno de los defectos de la serie, el exceso de relleno, se convierta casi en una virtud gracias a potentes incorporaciones al reparto, más riesgos narrativos y subtramas mucho más interesantes.

Muchos espectadores acusarán la ausencia de Rose Larkin (Luciane Buchanan). Los creadores explicaron en su momento que su arco narrativo no encajaba de forma natural en esta nueva trama de espionaje internacional que desarrolla nuevas facetas del personaje principal en su ausencia pactada, de manera que se queda en un segundo plano, con meras menciones y la puerta entreabierta para un futuro regreso solo si hay una justificación adecuada para que eso suceda.
En resumidas cuentas, El agente nocturno vuelve por todo lo alto consolidándose como una de las series más solventes de Netflix que a buen seguro se posicionará en el número 1 muy pronto. Sirve un entretenimiento muy digno y, sin reinventar el género viene con aportaciones significativas en esta tercera temporada sin dejar de lado el carisma natural de su protagonista, principal enganche emocional para no soltar la serie desde que arranca y hasta el final.
Valoración
Nota 77
Buenas sensaciones en esta tercera temporada que apuesta por mejores valores de producción y atina al crear un misterio más elaborado.
Lo mejor
La calidad de los personajes secundarios que se unen a la ficción y su capacidad para enganchar a la audiencia.
Lo peor
Aunque hay elementos de refresco, la serie sigue cayendo de vez en cuando en lugares comunes que hace que sea fácil anticiparse al desenlace.


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