Crítica del capítulo 64 de Dragon Ball GT en el que Goku trascendió para convertirse en el espíritu eterno de las Bolas de Dragón

Goku en Dragon Ball GT
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Crítica
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Llegó el día más duro de nuestra vida. Hoy decimos adiós a Goku con el análisis del episodio 64 de Dragon Ball GT, el final definitivo de la obra de Akira Toriyama.

Hoy es un día histórico en Hobby Consolas y Hobby Cine. Sabía que iba a ser muy duro analizar el episodio de hoy, pero no pensaba que lo fuera a ser tanto. El capítulo 64 de Dragon Ball GT es una obra de arte muy madura, sin precedentes en la franquicia de Akira Toriyama

Y la prueba está en que mucha gente, 30 años después de la emisión de esta entrega, todavía no es capaz de explicar qué pasó con Son Goku en estos últimos compases de su historia. Nosotros, si lees el titular de esta crítica, ya te lo hemos desvelado. 

Estamos ante el episodio más trascendental y emotivo de toda la serie, el desenlace definitivo de una de las mejores obras de la historia de la animación, y esto no fue nada fácil. Por un lado, Akira Toriyama no se encargó de ello, y por otro lado, siempre es complicado cerrar una franquicia de nivel antológico.

Muy pocas saben hacerlo, pero Dragon Ball GT sí estuvo a la altura, dejando muy claro el sentido de su existencia: cerrar de manera definitiva y decente una historia que resonará en la eternidad. Y esto es muy complejo, algo que ni siquiera el autor original, en mi opinión, fue capaz de hacer en su tomo 42.

¿Pero qué ocurrió en el episodio 64 de Dragon Ball GT? Shenron aparece, sin ser previamente invocado, ante Goku y sus amigos. De hecho, nuestro saiyan está prácticamente inerte tras vencer al malvado Ih Shinron, pero el dios dragón utiliza su poder para "despertarle".

Y lo pongo entre comillas porque estamos ante el renacimiento de Son Goku como un ente totalmente diferente, y esto lo vamos comprobando con el devenir del episodio. No obstante, Goku tiene una última voluntad: antes de que Shenron haga desaparecer las Bolas de Dragón, debido a su uso abusivo que puso en jaque al universo, el saiyan le pide al dragón que resucite a todos los afectados por la última crisis planetaria.

Una vez concecido este último y precioso deseo, Shenron le dice a Goku que ha llegado la hora de marcharse. Esto nos dejó a todos con la boca abierta siendo niños y sigue haciéndolo a día de hoy, tres décadas después. 

Goku se sube a lomos de Shenron y está a punto de emprender un último viaje, junto a nosotros, visitando lugares emblemáticos para despedirnos de sus (nuestros) viejos amigos: Yamcha, Puar, Ten Shin Han, Chaoz, Umigame, Mutenroshi, Krilín... De hecho, ese último momento en la Kame House, viendo a Goku luchar con Krilín, poco antes de que las huellas del saiyan desaparezcan en la arena... es de lo más bonito que nos ha dado la serie.

Por no hablar de su pequeña parada en el infierno, para despedirse de Piccolo y darle las gracias por todo lo que ha hecho. Lloré viendo el episodio hoy, más de lo que nunca he hecho, y estoy volviendo a llorar escribiendo estas líneas para ti. Es el final de todo. Es muy duro y emotivo. Es, sencillamente, precioso. Es la vida misma. 

No obstante, este mágico viaje se ve interrumpido por dos comentarios muy curiosos. Por una parte, Trunks tranquiliza a Pan, diciéndole que las Bolas de Dragón volverán a la vida cuando sean capaces de proteger el universo con sus propias fuerzas. Por otra parte, Pan encuentra el traje destrozado de Goku, algo que le extraña sobremanera, pues acaba de verlo marcharse con Shenron. Es aquí donde empezamos a atisbar la fase de trascendencia de Goku, y el único de todos que lo ha comprendido es Vegeta. Asegúrate de guardarlo bien, le dice. 

Desde que Goku abrió los ojos en este episodio, estamos viendo, por primera vez en la franquicia, su condición puramente espiritual, trascendiendo la vida y la muerte, de ahí que Pan pudiera hacerse con su traje y jamás lo veamos con aureola. Goku ha pasado a formar parte de la eternidad, y por fin vemos a nuestro amigo descansar, echándose a dormir en el cálido lomo de Shenron, mientras las 7 Bolas de Dragón se funden con su cuerpo y su cuerpo se funde con el del dios dragón. 

Goku se convierte, delante de nuestros ojos, en el espíritu eterno de las Bolas de Dragón, encarnando metafísicamente la Sushinchu que fue legada por su abuelo, tal y como veríamos en el especial de TV de Goku Jr., el tataranieto del saiyan que se deja ver al final de este mitológico episodio librando un intenso combate en el Tenkaichi Budokai del futuro. 

Un capítulo que se cierra con el espíritu de Goku abandonando el estadio entre la multitud, mientras una anciana Pan lucha por volver a verlo. Es increíble, pero Goku da la espalda al tatami por primera vez en la serie, sabiendo que las nuevas generaciones podrán defender su amado planeta, despidiéndose de nosotros, hasta que nos volvamos a encontrar (tal y como reza el título del episodio, una obra maestra). Y aquí estoy llorando por segunda vez mientras escribo esta dichosa crítica. 

¡CURIOSIDADES!

1- Cuando Goku se marcha con Shenron, Bulma empieza a recordar su primer encuentro. Lo más curioso es que Toei Animation se curró un redibujado precioso para aquel momento.

Tal y como puedes observar en nuestra captura de más abajo, se lo trabajaron de lo lindo para representar aquel primer episodio que cambió el mundo del entretenimiento para siempre. Una maravilla visual:

Goku y Bulma, su primer encuentro, redibujado para la ocasión
Goku y Bulma, su primer encuentro, redibujado para la ocasión

2- El episodio, pese a su caracter trascendental y emotivo, también tiene hueco para el humor erótico de toda la vida. ¿Quién está leyendo la revista de más abajo?

En efecto, se trata de Mutenroshi, pero lo que destaca de esta escena es el título de dicha revista. ¡Le pusieron Puff-Puff, como el polémico vicio erótico del maestro!

La revista erótica de Mutenroshi lleva el título de su vicio favorito
La revista erótica de Mutenroshi lleva el título de su vicio favorito

3- ¿Sabes quién lleva puesto este traje? En efecto, Goku Jr., el tataranieto del gran Son Goku. De hecho, es el momento en el que se enfrenta a Vegeta Jr., el tataranieto de Vegeta, el cual le dice que lleva puesto un andrajoso atuendo.

En ese momento, Goku Jr. se enfada y le dice que el traje está en esas condiciones porque perteneció a su tatarabuelo, confirmándose que Pan realmente cogió el traje de su abuelo antes de trascender, convirtiéndose en un gran legado. Es maravilloso. Legendario.

El uniforme heredado de Goku Jr.
El uniforme heredado de Goku Jr.

Ha sido muy duro hacer esta crítica, y puede que no estés de acuerdo con mi valiente y temeraria nota final (imposible de replicar en cualquier otra entrega de la serie), pero es un capítulo que no tiene errores, con un tono sublime, una factura técnica perfecta y un final de ensueño para una de las obras de animación más importantes que verán nuestros ojos. Escribir este desenlace no tuvo que ser nada fácil.

Moriremos, tal y como ha pasado con Akira Toriyama, el autor de esta aventura, y Dragon Ball seguirá adelante, generación tras generación, alegrando la vida a millones de niños, adultos y ancianos. 

Adiós, Goku, hasta que volvamos a encontrarnos. 

Valoración

Nota 99

Un cierre perfecto para una de las obras de animación más importantes de la historia. El nivel de madurez que destila este episodio final es único en la franquicia. Es imposible no llorar con este desenlace si Dragon Ball ha significado algo para ti a lo largo de tu vida. 

Lo mejor

La carga emotiva es apoteósica. El respeto hacia el espectador, tratándolo con madurez y poniendo a prueba su comprensión. Una de las despedidas más bonitas que nos ha brindado una franquicia. 

Lo peor

Podría decirte que absolutamente nada, pero este desenlace puede ser complejo de entender para un niño, aunque la idea esencial le termina calando de igual manera. Si lo hubieran simplificado, el final habría perdido su punto excelso. 

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