Crítica de Causa abierta, de Apple TV+: otra niña desaparecida, otro padre roto... y esta vez funciona

Causa Abierta
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Apple TV+ recupera el gastadísimo thriller de desapariciones con Causa abierta, una serie que enseña pronto sus cartas y encuentra el verdadero misterio en el dolor de sus personajes.

Hay un nubarrón que aparece en mi salón cada vez que se estrena un nuevo thriller sobre secuestros, desapariciones o asesinatos familiares: ¿cuánto puedes aportar en una temática cuando la infinita mayoría de sus narrativas son explotadas una decena de veces al mes por plataforma?

Es el bucle de niña desaparecida, madre o padre coraje y roto que se daña a sí mismo y por consecuencia al resto, un pueblo pequeño y comunitario, secretos enterrados... Es la fábrica de Harlan Coben.

Entonces llega Apple TV+, estrena Causa abiertaLast Seen en original— y yo me quedo callado. Porque las dudas que pudiera tener, incluso las que me hicieron entrecerrar los ojos en el primer episodio, desaparecen ya en el segundo.

Porque aunque sea una historia conocida, hay un pulso, un genio y un magnetismo inevitablemente relacionado con la empatía y el morbo que hacen de este thriller otra serie a no perderse de la plataforma.

Es una coproducción Australia - Reino Unido creada por Kris Mrksa, uno de los guionistas más reconocidos de Australia, protagonizada por el también australiano Patrick Brammall. Y no es que Mrksa haya inventado una nueva fórmula: su foco de trabajo está en cómo miramos a quienes viven dentro de estas historias.

Gran parte de la culpa, por supuesto, la tiene el material original. Causa abierta está basada en la novela de Ryan David Jahn The Dispatcher, adaptando la historia para llevarla a territorio australiano.

Suspense en el por qué

Ian Ridley (Patrick Brammall) es un antiguo policía reconvertido en operador de emergencias que ha visto su vida arrastrada al más profundo y negro de los vacíos en los once años que han pasado desde la desaparición de su hija Maggie.

Aunque está intentando rehacer su vida, seguir adelante y dejar atrás el peligroso abrigo del alcohol para el dolor, en el pueblo aparecen unos restos infantiles que habían estado enterrados once años que tumban la poca estabilidad psicológica que pudiera quedarle.

La premisa, como ya lees, es absolutamente común. Una base casi creada a cuentagotas. Teniendo en cuenta cómo funciona el género en esta época de absoluta desaparición de las ideas y la atención, sin embargo, juega una baza menos habitual: en vez de crear una máquina de giros, decide mostrar sus cartas. Esa es la decisión inteligente con la que vuelve el sol a mi salón.

Causa abierta construye el suspense sin depender exclusivamente de quién sabe qué; su tensión está en la contemplación de cómo distintas personas intentan mantener en pie sus propias construcciones emocionales en pilares de barro.

Y así, en un solo episodio, descubres que Maggie está viva y que tiene nuevos padres que han construido una prisión física y psicológica en un secuestro más emocional que torturador con unos nuevos padres que realmente quieren a la niña que han convertido en su hija.

Causa Abierta
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Pongamos, por ejemplo, Prisoners (Denis Villeneuve, 2013) sobre la mesa. Hay una desaparición infantil, pero su atención está en cuántas atrocidades puede —y podemos— justificar a un padre convencido de que está haciendo lo correcto. No es la investigación, ni la montaña rusa de secretos imposibles. Son las emociones las que lideran el relato y el juicio que hacemos de ellas. A esa misma familia pertenece la serie de Apple TV+.

¿Qué tenía Villeneuve en Prisoners para que la idea pudiera llevarse a cabo? Un estudio de personajes exquisito y unas personas que, efectivamente, pudieran eliminar cualquier barrera de ficción entre ellos: necesitan humanidad.

Patrick Brammall borda ese registro, llenando de aristas a su padre obsesionado, alcohólico, incapaz de respetar los límites, aunque dispuesto a intentar luchar contra su propia rabia, culpa y fragilidad que lo alejan de todos los que se preocupan por él.

Al otro lado están también Brendan Cowell y Maxine Peake, con ideas y contradicciones que terminan de construir el sistema emocional del que se alimenta la serie. Por fin, y lo digo más alto, POR FIN una serie que dedica tiempo a desarrollar con criterio a sus personajes secundarios para que no todo dependa de una única baza. 

Una fórmula disimulada

Aunque la serie traslade la acción original de Estados Unidos a Australia, no vamos a negar que tampoco abandona del todo el espíritu formulaico del género en decisiones, diálogos y reacciones que pertenecen al canon y que no pueden evitar que piense que soy demasiado europeo para esto.

La obsesión por repetir "this family" (esta familia) como un golpe de pecho sonoro en una voz ronca tendría que haber desaparecido ahora que parece que superamos las ataduras de Hollywood, pero ahí sigue.

Y después tenemos, cómo no, el efecto Rogue One. Todo puede cocer a fuego lento durante buena parte del capítulo hasta que sus últimos minutos se inyectan de adrenalina y revelaciones para colocar un cliffhanger que, esto sí, es de laboratorio. Y no lo culpo del todo; es lo que pedimos y es lo que nos merecemos.

Causa Abierta
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Leía que Bonnie Elliott, su directora de fotografía y una de las más reconocidas en Australia de su generación, entiende los espacios como elementos a iluminar con naturalidad, sencillez y, sobre todo, vinculación con la interpretación. Eso es lo que construye para Causa abierta, escenas que no pierden el atractivo visual de una iluminación cálida rodeada de la frialdad del bosque invernal, pero sin parecer una fotografía de catálogo.

Los personajes viven en una comodidad palpable dentro de sus escenarios, sobre todo en los interiores. En los exteriores buscan planos mucho más abiertos y amplios que intentan contrastar con la prisión mental de sus protagonistas, pero que quedan algo tibios y monótonos en contraste con escenas más cerradas.

Causa abierta es la serie que tendrías que ver en septiembre. Se acaba el verano, volvemos —o deberíamos volver— a temperaturas soportables y tienes el sofá esperándote con un thriller que no reinventa la rueda, pero sabe hacerla rodar mejor que la media.

En tiempo donde buena parte del thriller televisivo parece ser diseñado para conseguir que alguien publique un post diciendo "NO PUEDO CREER EL GIRO DEL EPISODIO 5", esta serie encuentra mejor material en algo que es mucho menos vendible: en el dolor, la culpa y el juicio psicológico.

Tiene buenas interpretaciones, localizaciones estupendas, una atmósfera trabajada desde la fotografía y un estudio de personajes definidos con profundidad y precisión como para que sus decisiones te importen.

Causa abierta no esquiva las reglas del género, pero sí evita caer en la mercantilización de su historia. ¿Qué más podemos pedir cuando todo parece, como diría el hígado de Jack en El club de la lucha, una copia de una copia de otra copia? Quizás, simplemente, una buena copia. 

Valoración

Nota 80

Causa abierta conoce todos los clichés del thriller y los utiliza para descubrir sus ideas con inteligencia, un estudio de personajes profundo y un guión que prefiere explorar el dolor a explotar el truco.

Lo mejor

Su construcción de personajes y su toma de decisiones sostienen su idea de jugar con las cartas sobre la mesa.

Lo peor

Los clichés que arrastra del género y el cálculo de cliffhangers, con una perspectiva cinematográfica que la aleja en ciertas situaciones de la realidad de sus personajes.

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