Crítica de Cochinas, la serie de Prime Video: cuando el sexo deja de dar vergüenza y pasa a ser protagonista

Usa el sexo como motor cómico sin caer en el bochorno pueril y construye una serie ligera y entretenida que funciona mejor como pasatiempo que como reflexión.
A veces, la España que se tapaba la boca entre risillas diciendo «caca, culo, pedo, pis» parece seguir viva. Y lo está. Pero series como Cochinas recuerdan que esos anacronismos también pueden servir para incomodar y hacer comedia de sus orígenes.
Porque va a haber quien señale a la nueva serie de Prime Video y la tache de vergonzosa o infantil. Los mismos a los que la advertencia de texto al comienzo de cada episodio ya retrata.
Y tiene cosas a criticar. Lo leerás después. Pero que vengan a juzgarla quienes tienen como título de cabecera uno que se lucraba de la sexualización impúdica de mujeres en los extras del DVD no hace sino reafirmarla.
Eso es lo que hace Cochinas: utilizar el sexo como un dispositivo narrativo más lúdico que discursivo, aunque la parte de reflexión quede ahí. No es la más subversiva, ni creo que pretenda serlo, pero es todo lo divertida que le permite la sencillez aparente de la historia.

Ambientada en la Valladolid de los 90, la historia tiene a Nines (Malena Alterio) —ama de casa conservadora y con la medida exacta de marujeo— como nueva jefa a cargo del videoclub familiar después de que su marido caiga en coma por un accidente.
El Dorothy, su videoclub, es una ruina. Las nuevas franquicias se están llevando por delante a la clientela y ha dejado un agujero económico inenarrable, pero Nines tiene una idea: si las mujeres se interesan por el porno, ¿por qué no convertirlas en el epicentro de su negocio?
Así las cosas, consigue despertar la sexualidad de las mujeres del barrio y convertir su videoclub en un punto de encuentro para quienes nunca habían tenido lugar ni oportunidad para ser las protagonistas de su deseo.
Suena poco fiel a la realidad y lo es; la fantasía forma parte de su juego.
La exageración del pasado para reírse del presente
Cochinas se toma unas licencias tremendas para exagerar la relación de las mujeres con el sexo, la masturbación y el placer en la España de los 90.
Representa a una sociedad ciertamente cohibida, pero que, de pronto, canaliza todo lo reprimido a través de un producto históricamente diseñado para el consumo masculino.
No sería justo esperar de ella un documental, y ese es, para mí, el punto de partida clave: buscar reformular la realidad de los 90. Como un «What if» retroactivo para la liberación sexual.
Es un marco sarcástico en el que ver reflejada una idea concreta: que las mujeres han vivido sometidas no sólo físicamente, sino mental y emocionalmente a una estructura que las apartaba del placer.
Y así su historia se mueve entre la fantasía y la reivindicación, pero sin comprometerse del todo con ninguna de las dos. Cochinas se consume como palomitas y va perdiendo fuelle cuando empiezas a saciarte a media bolsa.

Porque dentro de su riesgo, es sencilla. Está bien construida, bien interpretada y bien producida, pero sus dinámicas terminan repitiéndose antes de lo deseable. Alcanza su pico en los primeros episodios, cuando el impacto de la premisa todavía empuja la historia.
Después, el recorrido se vuelve más previsible. Es un patrón que me recuerda a Hysteria (2011, Tanya Wexler) explorando la sexualidad femenina desde el humor histórico, con tintes costumbristas a lo Cuéntame. No es la más estimulante, pero es suficiente y necesaria.
Mejor como entretenimiento que en el discurso
Cochinas es un buen pasatiempo si te despojas de cualquier pudor anacrónico, pero también de cualquier reflexión moral sobre la industria del porno.
Porque su reivindicación y reflexión están ahí, pero nunca son el centro. Son decorado, el punto de partida desde el que construir una serie sencilla y natural, pero, sobre todo, fácil de digerir dado el riesgo de la propuesta.
Su forma de tratar el cuerpo, con un enfoque absolutamente natural y despojado de prejuicios, junto a la representación de minorías y disparidades sexuales es su mayor acierto. Ahí es donde encuentra su filo.
Con una fotografía que no embellece ni busca incomodar gratuitamente, sino simplemente mostrar. Que veas la realidad en un contexto en el que el audiovisual sigue obsesionado con la estética normativa y la idealización.
Prime Video ha logrado encajar en su plantel un producto con identidad fuerte y diferenciadora, fácilmente exportable, con el punto provocador y crítico justito para que genere conversación sin grandes rechazos.
Apostaría a que te vas a aburrir de leer reseñas que hablen de su ingenuidad, de lo mucho que podría ser y de proyecciones personales sobre algo que ni es ni pretende serlo.
Propone y arriesga sin ser incendiaria ni pretenderlo: no hay nada en la producción que apunte en esa dirección, por mucho que tenga la oportunidad de hacerlo o peque de cierta hipocresía al representar sus ideas.
Todavía habrá quienes se pongan la mano delante de la cara con bochorno para mirarla y, paradójicamente, no habrá mayor premio que ese.
Valoración
Nota 70
Cochinas arranca con una energía contagiosa apoyada en la novedad de la premisa, pero pierde fuerza cuando deja de serlo. Aún así, ofrece debate y entretenimiento retratando con comedia y una naturalidad sin prejuicios la sexualidad femenina en España.
Lo mejor
El tratamiento natural y sin prejuicios del cuerpo, la premisa y su fórmula edulcorada de representar el pasado para potenciar la comedia.
Lo peor
Cuando la novedad deja de ser el motor deja de ser tan entretenida y le sobrevuela cierta sensación de superficialidad temática.