Crítica de La última casa: Terror apocalíptico que remueve el encierro de la pandemia en Netflix

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Crítica de La última casa, la película de terror de Louis Leterrier de estreno en Netflix el 7 de enero.

Han pasado seis años, pero las secuelas psicológicas de la experiencia que vivimos en 2020 están lejos de dejar de afectarnos. Matthew Robinson capitaliza ese terror opresivo que aún acecha en nuestros hipotálamos para encerrarnos de nuevo en el hogar de una familia en La última casa

El guionista de Buena suerte, pásalo bien, no mueras abandona aquí el tono gamberrete y la sátira mordiente para componer otro tipo de relato, con una mayor dosis de dramatismo y el fantasma de la pandemia de COVID-19 planeando sobre el arranque. 

Todos conocemos esa historia, es casi como si nos leyeran un cuento por el que nuestros ojos ya han pasado antes: la paz inicial, la vuelta a la vida "analógica", el racionamiento de comida, la incertidumbre por no saber del todo qué sucede fuera ni cuál es la amenaza y cómo puede penetrar en el refugio... La parte no amenazadora es preciosa: el estrechamiento de los lazos familiares, la afloración de la creatividad y la recuperación del paso del tiempo. 

Pero estamos ante una película de terror apocalíptica y ciencia ficción y la contraparte debe producir angustia, pesadillas y un desconcierto total. La cita inicial ya nos da una pista de por dónde irán los tiros: por la parte acuática de nuestro planeta, que supera con creces la extensión del territorio terrestre. 

Resiliencia e ingenio

La última casa nos presenta a una familia compuesta por Ann, Jason y sus dos hijos, Ruth y Graham. Un día cualquiera, poco antes de las vacaciones de Navidad se desata una descomunal tormenta que los servicios meteorológicos no habían conseguido predecir y eso marca el final de una era. 

A partir de ese momento quedan encerrados en el interior de la casa, al igual que el resto de sus vecinos. Puertas y ventanas quedan atrancadas, los cristales no pueden romperse y ni siquiera pueden excavar un túnel levantando el suelo.

Desconocen qué clase de fuerza es la que los condena a semejante encierro, así que se disponen a sobrevivir racionando los alimentos y tratando de cultivar sus propias verduras y hortalizas pero el paso inexorable del tiempo hace que los recursos vayan menguando a la vez que va tomando forma la amenaza exterior.

Llegados a un determinado punto no tendrán más remedio que tratar de escapar renunciando al único lugar que les había ofrecido seguridad.

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Recién salida del horno, ya está disponible en Netflix la película La última casa, que se beneficia muchísimo de ese punto de partida con el que la audiencia enganchará inmediatamente y de la calidad de las interpretaciones dado que la película la sostienen casi en solitario el cuarteto protagonista, pero sobre todo los progenitores. 

Wagner Moura y Greta Lee defienden el relato con uñas y dientes y de paso ponen en pie una enorme metáfora en la que la casa representa una pecera a la inversa, es decir, el espacio seco en medio de los recurrentes diluvios. 

Como en otras películas de terror como Nunca te sueltes hay también una lectura de que el hogar es un espacio de tan apacible como desquiciante si se convierte en una imposición permanente,

Sin embargo, La última casa da un viraje sustancial en el último tercio de la película y se sacude las consideraciones filosóficas para llegar a un desenlace bastante menos interesante de lo que cabía esperar. Al final rehúye la posibilidad de plantear un conflicto mayor y termina de una manera simplona, con una estructura circular un una voz en off sosilla.

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Por lo demás es una cinta bien construida, con tensión argumental y que se desarrolla a buen ritmo a lo largo de sus 110 minutos de metraje. Leterrier sabe cómo exprimir el espacio y dónde poner la cámara para valerse de recursos que son hasta poéticos. Los efectos especiales son correctos para la pequeña pantalla y la cinta es entretenida para pasar una tarde con la certeza de que no te dará demasiado en lo que pensar. 

Mero entretenimiento que, la verdad, daba para más, pero que cumple de todas formas por la mínima. ¿Merece la pena? Depende de tu nivel de aburrimiento este verano. No te va a cambiar la vida, pero tiene cierto encanto.

Valoración

Nota 60

Tenía mimbres para ser más interesante: cumple, conecta con los espectadores desde el comienzo, pero no consigue saldar la deuda que contrae con la curiosidad que genera su premisa.

Lo mejor

Tiene dos cabezas de cartel maravillosos, es entretenida y tiene planos muy chulos.

Lo peor

El misterio no está a la altura y la resolución es muy pobre.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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