Crítica de Leones en invierno, el violento thriller de Albert Pintó con Luis Zahera, Roberto Álamo y Luis Callejo

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Crítica de Leones en invierno, el thriller de Albert Pintó con un variado elenco de actores españoles de primera fila. Estreno el 22 de octubre.
En el último tramo del año siguen llegando producciones españolas interesantes como Leones en invierno, una película basada en la novela de Carlos Augusto Casas que ha sido adaptada a guión por parte de Juma Fodde (El hombre del saco).
De la dirección se encarga Albert Pintó cuya incursión anterior en el thriller fue con la cinta Tierra de nadie. Aquí repite Luis Zahera, un actor superdotado con una versatilidad interpretativa imponente que es creíble en cualquier rol que se le asigne. Y el que aquí le toca, fácil no es.
Está acompañado por un elenco inmejorable que incluye lo más granado del panorama: Luis Callejo, Ana Wagener, Irene Escolar, Roberto Álamo, José Manuel Poga, Inma Cuesta, María Romanillos o Jordi Mollá, entre otros. Un relicario de talento patrio que convierte la película en una pieza muy coral.
Venganza
La película Leones en invierno arranca de manera muy trágica con el atropello de una joven de madrugada que se saldará con su muerte y la fuga del conductor, aunque las pistas que deja tras de sí teniendo en cuenta que conduce un poco común deportivo dorado de alta gama son demasiadas y señalan rápidamente a un culpable. Él es José Luis Dávila (alias Bacoy), un policía que se encuentra infiltrado en una banda de narcotraficantes y al huir para no poner en riesgo su tapadera, desata una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles.
El padre de la víctima, roto de dolor, ve con desconsuelo cómo la policía parece encubrir al responsabl,e lo que le lleva a un descenso a los infiernos. No le queda más remedio que "despertar al león" para cobrarse una venganza personal por su cuenta.
Resulta que el esposo, padre y honrado trabajador Alejandro tiene un pasado inquietante: fue un líder ultrasur cuarenta años atrás y ante la pasividad policial no duda en retomar el contacto con los que fueran sus amigos. Uno de ellos es ahora policía mientras que el otro en un yonqui venido a menos.
En su ansia por encontrar al responsable de su pérdida y exponer la verdad, destapará todo un mundo de corrupción, abusos y crimen organizado. Una tras otra irá cruzando todas las líneas rojas e internándose en una senda sin retorno que le acercará a su objetivo pero le alejará de la esencia de quien era.

Leones en invierno es, esencialmente, una película de venganza en la que se retrata la violencia extrema de la que solo es capaz de echar mano el ser humano en sus peores momentos. El tono crudo y el ritmo vertiginoso de la novela se traslada a la pantalla con una sensación de urgencia y visceralidad que se imprime en cada plano. Todo es exacerbado: el dolor del padre, la depravación del entorno del conductor fugado y la miseria física y moral de los bajos fondos.
Así se traslada a la fotografía también, heredera del cine noir pero con un aspecto más sucio y menos estilizado: abundan los planos nocturnos, las luces de neón, los altos contrastes y una sordidez dolorosa.
Leones en invierno no muestra a héroes ni a villanos, sino que todos los personajes son de alguna manera artífices de su propia desdicha: desde el padre desamparado hasta el infiltrado acorralado. Todos tienen hilos que los mueven (el dinero, la rabia o el instinto de supervivencia.) y se enfrentan a dilemas morales tremendos que amenazan con destruirlos.
Quizás ese es el principal eje argumental de la historia: es una reflexión acerca de la fragilidad de la civilización, que es casi una máscara hueca que se cae cuando golpea la tragedia de una manera tan salvaje, recuperando los más bajos instintos que operan de manera inmediata desatando el caos.
Por lo demás Leones en invierno es como un chute de café triple: condensa las 400 páginas de la novela en un metraje muy intenso (que no corto, porque roza las dos horas de duración) pero poco sutil en la construcción de los diálogos y la explicitud de algunas agresiones (aquí qué bien hizo los deberes El castillo) en el que no hay espacio para respirar. Todo es grave, áspero, desagradable y vehemente al 200%, a excepción quizás del papel que interpreta Inma Cuesta, que supone el "anclaje humano" al ofrecer un leve contraste dramático muy de agradecer por resultar más verosímil y cercano a la realidad. Abróchense los cinturones.
Valoración
Nota 58
Un thriller hipercrudo y desagradable puesto en pie por un elenco sensacional y con buenos valores de producción. Le vendría bien levantar de vez en cuando el pie del acelerador y restarle algo de intensidad en momentos clave.
Lo mejor
Interpretaciones, punto de partida y desenlace. Se pierde un poco en el desarrollo.
Lo peor
Se pasa de bestia y explicita. Ganaría enteros siendo más sutil y menos gráfica.

Comentarios