Crítica de Peaky Blinders El hombre inmortal: Cillian Murphy y el nostálgico réquiem de los Shelby

Un Cillian Murphy pletórico en el papel de su vida se despide lastrado por el formato película.
Lo que puede dar, nos lo da: Cillian Murphy entrega su corazón para despedirse del personaje de su vida, uno de los más carismáticos e icónicos de la historia de la televisión. Thommy Shelby, El hombre inmortal.
Todos los vimos cuando se ajustó por primera vez la gorra, con la visera apuntando al suelo y unos andares irreplicables e incluso ignorantes del fenómeno estético y emocional que estaban por desatar.
Qué pesada es la corona. Peaky Blinders: El hombre inmortal despide sus seis temporadas en apenas 120 minutos. Un réquiem extremadamente injusto para los Shelby.
Estaba hinchado de ganas de ver cuál sería la última bala de los Peaky Blinders. De verdad. He disfrutado de las capas de tormento y misticismo gitano que han acompañado a la serie desde 2013. Y aquí va mi contradicción: una despedida amarga, insuficiente, injusta... y funcional.
La película llega con la ambición —y el peso— de cerrar los agujeros que las balas con los nombres de quienes le rodean han ido atravesando su propio corazón. La película, he dicho. Ese fue el primer error; el segundo fue no llevarla a las salas de cine.
Peaky Blinders: El hombre inmortal nos presenta a un Tommy absolutamente abandonado al tormento y la soledad, rodeado de un campo de tumbas que le recuerdan que la muerte ya no es extraña y fría, sino el cobijo donde moran quienes lo amaban.
En Birmingham, sin embargo, el legado de los Shelby sigue vivo... o destrozado, más bien. Su hijo, Duke (Barry Keoghan), ha asumido el control de la banda con una perspectiva más impulsiva, más agresiva, más caótica y absolutamente carente de cualquier moralidad heredada.
El hombre inmortal es el último capítulo de un viaje que comenzó con apuestas de caballos y amaños de baja estofa. Y es ahí donde debía regresar. Thomas tuvo el mundo a sus pies; su despedida demanda una intimidad que la película nos arrebata.

Porque no es realmente una película, y esa es su gran trampa. Es un episodio largo, un epílogo que funciona como extensión para funcionar dentro de su universo. Fuera de él, no tiene capacidad para sostenerse.
Peaky Blinders: El hombre inmortal es un grandísimo "y si". El cuerpo y, qué narices, su propio desarrollo piden una temporada que permita desarrollar el nuevo conflicto hereditario, dar espacio a los nuevos personajes y construir un villano que merezca la altura de los Shelby.
Condensar en menos de dos horas sólo puede ser un error. Porque la película funciona. Es entretenida. Tiene ritmo, tiene tono, tiene poder. Pero no tiene tiempo. Y en Peaky Blinders el tiempo lo ha sido todo.
El réquiem del tiempo
No hay Thomas Shelby sin Cillian Murphy. Y no hay Cillian sin Thomas. No pretendo soltar el tópico; Murphy no interpreta a Shelby, lo habita. Su personaje ha crecido junto a él trascendiendo a la escritura y la iconografía.
La película da buena fe: está pletórico. Absolutamente dominante. Sostiene todas las prisas, los errores y la amarga despedida con una facilidad insultante. Todo gira a su alrededor como un último guiño macabro entre personaje y actor.
Desde la primera temporada, Shelby ha sobrevivido bajo el impulso de una guerra consigo mismo. Sobreviviendo a todo y a todos, un líder que fue desarrollando su moralidad a medida que el poder lo alejaba de su humanidad.
Pero El hombre inmortal es también el hombre derrotado. El hombre preparado para desvanecerse. Un rey que desprecia su corona y todo el dolor que le ha significado.
El significado lo podrás leer en los ojos de Murphy, no en su guión. Es doloroso ver cómo las capas de reflexión quedan a merced de su talento, como un equipo de fútbol que espera ganar con todos los balones sobre su estrella.

Y es tan bueno que lo consigue. Pero no es justo. Precisamente por su exquisito trabajo, no puede serlo. La gran victoria interpretativa de Cillian Murphy no merece quedar a merced del fan service.
Es un videoclip homenaje, casi como un ensamblaje de momentos icónicos en los que todos nos paramos en TikTok. ¿Que también venía a por esto y lo he disfrutado como el que más? Sí; pero nada habría tenido valor de no ser por los pilares sobre los que se construían.
El fantasma de Thomas Shelby queda desamparado de evolución moral. Ese gánster que trazó su línea ética a través del caos queda resumido en imágenes bellas y épicas que lo homenajean, pero que no le permiten saborear las últimas balas del personaje.
Si Michael Corleone pudo enfrentarse en tres actos a su culpa, Thomas Shelby se queda sin el espacio que se merece. Su despedida no es una caída, tampoco una reflexión: es un resumen.
El vacío de las ausencias
La nueva hornada de los Peaky Blinders no llega como herencia, sino como una distorsión: Duke (Barry Keoghan) es el reflejo mal entendido de Thomas. Y aquí es donde se siente muy pesada la corona.
Hereda tú el carisma de Leónidas para la segunda de 300 o el de Máximo para Gladiator 2. Dibujar un icono y pasar el testigo cuando el legado es tan demoledor se siente ciertamente irrepetible.
La película pretende hacer de Rebecca Ferguson su nueva Polly y de Keoghan un Thomas que no se proyecta en el hombre, sino en la leyenda. Un icono a replicar sin llegar a comprenderlo.
La llegada de nuevas caras como la de Tim Roth, además de Ferguson y Keoghan, vienen a dar respuesta a la ausencia con valor interpretativo. Pero el vacío de Polly Gray, Arthur y el resto del clan no se puede suplir con talento. Porque no es una cuestión de casting, sino de raíces y emoción.

Roth, de hecho, tiene que construir un villano a la altura de un todopoderoso protagonista en una película que apenas le da oportunidad. Su personaje queda como accesorio.
No tienen tiempo para respirar ni espacio para que construyan los grises que personajes absolutamente exquisitos como el Alfie Solomons de Tom Hardy bordaron para dar identidad a la serie.
La prisa y la falta de tiempo evitan el sufrimiento. Evitan la empatía, la vinculación y la emoción. El dolor es el leitmotiv de Peaky Blinders y aquí sólo entran piezas funcionales para completar el puzle.
Una identidad en imagen que sigue creciendo
Tom Harper mantiene intacto el ADN visual de Peaky Blinders, apostando por los travellings en los paseos de Tommy —que van a reflejar también en su hijo— y una composición con una carga pictórica potente.
Es uno de los grandes valores de la franquicia: su fotografía. La imagen evoluciona su lenguaje para la película proyectando los mismos contrastes fuertes y un uso agresivo de las sombras para dar más volumen, más carga y más densidad a la emoción más allá de la estética.
George Steel y Ben Wilson hacen que la luz no ilumine, sino que pese. Como todo lo que rodea al personaje: aquí ya no hay un líder en ascenso, sino un hombre más mortal que nunca.
Peaky Blinders: El hombre inmortal es una película imposible de no disfrutar teniendo a un Cillian Murphy pletórico en el papel de su vida. Una despedida con fan service justificado, pero una urgencia que no se merece.

La producción ha atravesado dificultades, pérdidas, obstáculos inevitables. Es, en cierto modo, la tragedia Shelby. Pero entenderlo no implica justificarlo, y el problema aquí es el cómo.
Me duele soñar con lo que podría haber sido cuando siempre he intentado alejar mis propias proyecciones de lo que espero de una película, pero la pérdida de identidad narrativa se siente casi como una traición.
Y por eso me duele más su contradicción: la película consigue despedir a un personaje ya eterno de la televisión. Sin tanta catarsis, ni el sobrecogimiento que se merece Cillian Murphy, pero con una certeza: Thomas Shelby es, ahora sí, historia.
Historia de estilo, carisma y talento. Porque aunque el hombre se vaya, aunque su despedida se sienta escasa, su legado, este sí, es inmortal. En pleno sombrío invierno.
Valoración
Nota 68
Peaky Blinders: El hombre inmortal es una despedida tan disfrutable como frustrante: un cierre que encuentra su fuerza en un Cillian Murphy absolutamente descomunal, pero que se ve lastrado por un formato que no le permite respirar.
Lo mejor
Un Cillian Murphy descomunal que carga sobre sus hombros y su mirada todo el valor emocional de la despedida de un personaje antológico.
Lo peor
Un formato apresurado que convierte la película en un epílogo de desarrollo tibio e injusto con el legado narrativo de la serie.
Peaky Blinders: El hombre inmortal (2026)
Título original
Peaky Blinders: The Immortal Man
Género
Bélica, Crimen, Drama
Idioma original
Inglés
Duración
1h 52m
