Crítica de El sueño americano, una potente comedia dramática basada en hechos reales

El sueño americano
El sueño americanoDeAPlaneta

Crítica de El sueño americano, la nueva película escrita y dirigida por Anthony Marciano basada en hechos reales. Estreno el 24 de julio.

No hay verano sin una buena feel good movie que no solo sea capaz de sacarte una sonrisa sino que además te lance mensajes positivos sobre la resiliencia, la amistad, la perseverancia y el trabajo duro. El sueño americano es esa película... una de la que no oirás hablar en grandes campañas publicitarias, pero que tienen mucho más calado que otras que se estrenan con bombo y platillos y además están ancladas en la realidad.

Está tras ella el cineasta Anthony Marciano que hace honor a su apellido y a veces no parece de este planeta, simplemente por la forma tan humana de componer a unos personajes entrañables de los que te enamoras desde un primer instante porque son falibles, tridimensionales y derrochan una simpatía singular. Es fácil empatizar con ellos e incluso identificarse con lo que les ocurre.

Una de las razones es que tienen referentes reales sólidos: Bouna Ndiaye y Jérémy Medjana, dos soñadores que pelearon con uñas y dientes para convertirse en los agentes franceses más influyentes de la NBA después de un larguísimo periplo tratando de hacer su negocio viable y de endeudarse hasta las cejas para lograrlo, poniendo en jaque incluso sus relaciones personales.

Un largo camino cuesta arriba

Jérémy y Bouna se conocen en una cancha de baloncesto: ambos son jugadores retirados y tienen una pasión común por el deporte, así que pronto empiezan a pensar cómo poner eso al servicio de sus carreras. La idea es convertirse en agentes de deportistas incipientes pero en cuanto uno de ellos despunta, se lo llevan otros con más experiencia y tablas en la NBA. En pocas palabras, son dos desconocidos aunque pueden ofrecer dos factores diferenciales: un trato mucho mucho más cercano y una lengua común.

Al principio intentan asociarse a otras figuras más asentadas, pero pronto se dan cuenta de que en esta profesión hay mucho caradura. Así que emprenden el camino más largo: entrenar a jugadores con buena predisposición y habilidades (son excelentes ojeadores), aprender inglés, conseguir apoyos e invertir en su negocio a pesar de que sea muy deficitario.

Las deudas llegan a estrangularlos, pero siempre encuentran la manera de seguir adelante para no tirar la toalla y tratar de alcanzar sus objetivos... Al menos, hasta que uno de los jugadores por lo que más han apostado, les da la espalda, haciendo peligrar su castillo de naipes.

El sueño americano
El sueño americanoDeAPlaneta

El sueño americano es una película que no edulcora la realidad, aunque sí la trate con sentido del humor. Incluso en los momentos más dramáticos, la construcción de los personajes es tan buena, que consigue mantener un tono muy agradable. Ayuda intuir en todo momento que el final será amable y, además emocionante a tope. Es cierto que el clímax es efímero, pero muy satisfactorio, enlazando además con imágenes reales tanto de la pareja protagonista como de algunos de sus fichajes estrella (muy bueno el punto de las camisas vaqueras).

Si la película funciona así de bien es gracias, fundamentalmente, a la escritura de guión y a los dos cómicos franceses de culto que lo ponen en pie: Raphaël Quenard (Yannick) y Jean-Pascal Zadi (El juicio del perro). Además de tener una química magnífica en pantalla, sus personajes están trazados con esmero para ser complementarios. Uno es cuadriculado, diligente y obstinado; el otro es creativo, intuitivo y extrovertido. Juntos forman un tándem ideal, así que en cierta manera estamos ante una buddy movie deportiva en la que el todo es más que la suma de las partes.

El sueño americano
El sueño americanoDeAPlaneta

Aunque es una película de superación personal porque ambos tienen que por delante una carrera de obstáculos en la que no paran de derribar barreras (idiomáticas, protocolarias, financieras, etc.), El sueño americano no es una película facilona, que busque la lágrima fácil o se ampare en estereotipos manoseados. Marciano juega bien con los momentos de microsuspense, con los deadline de los protagonistas y los pulsos emocionales pero sin forzar la máquina.

No te vende la idea de que conseguir llegar a la meta sea fácil o que todo el mundo lo logre, no es un libro de autoayuda de Paulo Coelho, por fortuna. Así que es, en resumen, una buena idea ir al cine a disfrutarla por sí misma y los valores que desprende. Es inspiradora, divertida y asequible para todos los públicos. 

Valoración

Nota 78

Te deja con una sonrisa en los labios y unas lágrimas en los ojos. Emocionante y humana, esta película es uno de los must see del verano para tomarse un respiro de blockbusters.

Lo mejor

Muy emocionante, divertida y sostenida por dos intérpretes en estado de gracia.

Lo peor

Es bastante larga para lo efímero que es el clímax final.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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