Crítica de El testamento de Ann Lee: fervor religioso espasmódico... y muy musical

El testamento de Ann Lee
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Crítica de El testimonio de Ann Lee, la película escrita y dirigida por Mona Fastvold sobre una secta de los shakers del siglo XVIII, con Amanda Seyfried. Estreno el 13 de marzo.

Si por algo se caracteriza la carrera de Amanda Seyfried es por la heterogeneidad: lo mismo protagoniza un placer culpable superventas como La asistenta que da vida a retorcidos personajes reales como Elisabeth Holmes en The Dropout. En esta ocasión, gracias a El testamento de Ann Lee, vuelve a meterse en el cuerpo de un personaje real, una mujer cuyo legado se envuelve aquí en un formato poco convencional: el musical.

A lo largo de 137 minutos, la directora y coguionista noruega Mona Fastvold trata de hipnotizar a la audiencia con la traslación de la historia de Ann Lee, cuya vida se nos narra desde su juventud. 

Es una propuesta arriesgada, original y diferente que no solo habla de lo evidente, un culto que va en paulatino ascenso y proclama la llegada de una segunda profeta encarnada en la protagonista, sino también cómo nacieron los llamados los "shakers", una escisión de los cuáqueros protestantes que buscaba la trascendencia y el éxtasis por medio de oraciones que se mezclaban con cánticos, bailes y sacudidas. 

Entre sus preceptos principales el celibato voluntario, el trabajo incansable y la austeridad, con una postura política pacifista y de trato igualitario a la mujer en las posiciones de poder, liberada (al menos en el plano sexual) al rechazar de plano el matrimonio.

Vaya por delante que no estamos ante una película fácil, puesto que su voluntad es ser muy realista, lindando a veces con lo fantástico al mostrar los raptos y visiones de la líder Ann Lee y otras veces con el terror, en la medida en que presenta episodios muy oscuros de la gestación de la "Sociedad Unida de Creyentes en la segunda Aparición de Cristo", además de un fervor que roza el frenesí.

Shake it

Jane y James Wardly se separan de los cuáqueros creando la llamada Sociedad Wardly en la que Ann Lee ingresa en un momento en el que está buscando respuestas a muchas inquietudes personales y una salida a su fe.

Junto a este grupo de devotos que interpreta las escrituras a su manera, descubre en un pasaje teológico la clave para dar un paso al frente: "Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó". Esta concepción dualista de la fe les llevó a considerar a Ann Lee la versión femenina de Cristo, apoyándose en sus profecías para crear su propio culto y, más tarde, para emigrar a Estados Unidos para tratar de fundar su propia Iglesia.

Vive como si esperaras llegar hasta los cien años pero estuvieras listo para morir mañana

El testimonio de Ann Lee narra su rechazo visceral a la unión carnal después de un matrimonio desgraciado y una concatenación de abortos y muertes infantiles prematuras que le impidió ser madre y el periplo hasta alcanzar sus objetivos, creando una comunidad con un gran sacrificio personal propio y de sus fieles seguidores entre los que destaca su hermano William.

Pero lo más sorprendente y característico de la película es su lado folklórico, rescatando himnos, bailes, coreografías y el legado de una secta prácticamente desaparecida que ha llegado a nuestros días en forma de patrimonio arquitectónico y obras de ebanistería.

Como experiencia sensorial, El testimonio de Ann Lee es una película que abraza el exceso, con una Amanda Seyfried entregada hasta el límite de sus fuerzas pero resuelta a llevar la propuesta hasta sus últimas consecuencias. Es un drama de alto impacto que adopta la forma de biopic musical alucinado y que tiene el riesgo de llevar a la audiencia a la saturación o al éxtasis... Eso sí, se preocupa de mostrar todas las facetas de un personaje complicado al que vemos sufrir y que se convierte también en fuente de sufrimiento para otros.

Por lo demás, pocas pegas se le pueden poner al trabajo de dirección de Fastvold: la cuidadísima puesta en escena, los arrebatados números musicales y la calidad del reparto son incuestionables. El tema de la represión religiosa, tan inquietante como atractivo, se convierte en un foco principal alrededor del cual se yergue toda la narrativa y un episodio fascinante de la historia de la fe y las muchas maneras que ha llegado a adoptar. 

Valoración

Nota 68

El testamento de Ann Lee es toda una rareza que rescata del olvido un culto espasmódico y delirante condenado por su propia idiosincrasia. Altos valores de producción y estupendas interpretaciones lideradas por Seyfried.

Lo mejor

Los números musicales y la entrega del elenco.

Lo peor

Es una película agotadora, llega a aturdir y desagradar al espectador.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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