Dos cosas que deberían mejorar los cines para las sesiones infantiles o cuando se va al cine con niños

Minions & Monsters
Minions & MonstersUniversal Pictures
Opinión

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Con solo dos mejoras en las salas, la experiencia cinematográfica de los niños y los padres sería mucho más agradable.

La sala de cine no es el entorno natural de un niño, pero si queremos criar futuros cinéfilos, es importante que empiecen a relacionarse con este medio audiovisual de forma temprana y adecuada. 

A menudo ponemos el foco en qué verán: en la calificación por edades, en los valores que defienden las películas y la impronta que pueden dejar en ellos los relatos a las que les demos acceso. Esto es básico, por supuesto, y un ejercicio de supervisión que no debemos dejar de hacer nunca, pero también es importante el cómo se desarrollan estas experiencias en función de cada momento de su desarrollo y sus necesidades específicas, que varían en función de cada niño.

Vaya por delante que ya hay cines que han ido apostando por las llamadas "sesiones teta", normalmente de carácter matinal y destinadas a progenitores con niños lactantes. Es decir, que estas proyecciones intentan ser "amigables" y favorecer a las familias para que puedan conciliar el ocio y el cuidado de los niños. 

Esta iniciativa original surgió en España gracias al impulso de matronas y enfermeras de centros de salud, y actualmente la ofrecen de forma periódica diversas cadenas y salas independientes contando con algunas características muy interesantes:

  • Horarios y precios especiales
  • Espacios adaptados para poder dejar los carritos en una zona en la que no dificultan el paso
  • ​Acceso fácil a cambiadores
  • ​Ambiente social de empatía y comprensión (a nadie le molesta un llanto, un balbuceo o un movimiento respetuoso por la sala)
  • ​Luz tenue para facilitar los traslados en caso de necesitar atender a los bebés, alimentarlos o cambiarlos
  • Volumen suave para evitar molestias en los oídos de los lactantes
  • ​Temperatura regulada para que ni el aire acondicionado ni la calefacción generen corrientes de aire ni haya molestias

Ahora bien, si nos centramos en los pequeñines no ya como seres dependientes sino como espectadores, hay dos grandes mejoras que vengo echando de menos, como madre, espectadora y prescriptora de experiencias para mi propia hija, desde hace mucho tiempo.

La primera de ellas es que tengan acceso al cine en igualdad de condiciones a cualquier otro espectador: pagan su entrada y merecen disfrutar igual que los demás, así que... ¡que haya alzadores suficientes! Cuando eso no sucede se dan dos situaciones a cuál peor: que el niño se quede hundido en la butaca y termine aburriéndose, de modo tal que acabará distrayéndose sin hacerle caso a la pantalla e incordiando a todo el mundo que esté alrededor o que trepe a uno de sus padres o adultos de referencia, con resultado similar al anterior.

La otra cuestión también es bastante básica, pero nunca parece tenerse en cuenta: la sensibilidad de los niños al sonido es muy diferente a la de los adultos. Debería estar muy bien calibrado para evitarles molestias y no hay que tener un doctorado para darse cuenta de que en la mayoría de las ocasiones se pasa de la raya: los niños salen de la sala hiperestimulados, hablando a gritos, con dificultades para oír, zumbidos o un pitido constante e incluso piden tapones para amortiguar los ruidos antes de entrar en la sala porque ya saben lo que se les viene encima.

Se considera que el volumen del cine es excesivo para los niños si se llegan a superar los 80-85 decibelios (dB) de forma continua, aunque las salas comerciales alcanzan a menudo picos de hasta 100 dB y nos dejan atronados incluso a los adultos.

Como estoy echando casi la carta a los Reyes Magos pediría una tercera mejora, que es la que veo más complicada de cuadrar: que se favoreciera el visionado de las películas en versión original en los pases de películas infantiles. La mayoría de las proyecciones en VO en salas comerciales están destinadas a público adulto y se dan en pases tardíos. Pero ellos también tienen derecho a educar el oído en otros idiomas y es algo vital de hecho en sus primeras etapas de desarrollo. 

Hasta aquí puedo leer... ellos son el futuro y nosotros los encargados de que sea el mejor posible así que a ver si hay suerte, estas líneas caen delante de los ojos adecuados y empezamos a ponernos manos a la obra.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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