Ekaitz Ortega

Redactor jefe

El espectador del que no se habla

ruleta de la suerte
ruleta de la suerte
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

A la hora de pensar en los grandes estrenos de plataformas o los programas con una audiencia más fiel nos solemos olvidar de gran parte de la población.

Quizá deberíamos hacer autocrítica de vez en cuando. Es algo que viene a mi cabeza cuando salgo de la burbuja laboral y la realidad me recuerda que a veces lo que consideramos noticiable o de interés general no lo es tanto. En verdad, lo que más interesa suele estar fuera de los focos que mas trabajamos.

Es muy probable que si estás leyendo esto veas casi todas tus series en plataformas, uses el móvil cuando quieres buscar noticias y pases más tiempo en redes sociales que ante el televisor, pero no todos tiene los mismos hábitos.

Hace unos días fui a un bar a mediodía, algo que no suelo hacer, y me sorprendió que los clientes, todos habituales por el ambiente que había, estaban comentando lo que veían en televisión. ¿Qué podía ser? Un programa tan clásico como La ruleta de la suerte.

Un grupo de entre cinco y diez personas intentaba adivinar las palabras y frases con algo de pique entre ellos, como quien compite en un juego de mesa.

Seguro que puedes pensar en otras personas que también ven estos programas a diario y disfrutan del espacio cómodo y seguro que son. Un pasatiempo que siempre ayuda a sentirse algo mejor.

Del mismo modo podemos hablar de programas como Cifras y letras o los de recetas de cocina que suelen abundar en canales regionales. Si pudiésemos comparar su audiencia con la del último capítulo de la serie de la que todo el mundo habla, ¿qué creemos que se vería más? También es probable que muchos vean ambos espacios sin problema.

Sin embargo, cuando hablamos de los grandes hits del años nos centramos en esas series norteamericanas y olvidamos con rapidez los programas de la televisión que se ven de forma mayoritaria.

También confieso que esta situación en el bar me dio qué pensar porque sentí algo de envidia. ¿Quién no querría estar con sus amigos viendo algo en la tele, comentándolo y compitiendo, como lo deben hacer en ese bar a diario?

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