Fast & Furious: Tokyo Drift pudo evitar un cliché muy trillado con el plan original de su director

Fast & Furious: Tokyo Drift  / A todo gas: Tokyo Race (2006) - Sean Boswell (Lucas Black)
Fast & Furious: Tokyo Drift / A todo gas: Tokyo Race (2006) - Sean Boswell (Lucas Black)Universal Pictures

Justin Lin tenía un enfoque para el protagonista de la tercera película que no pudo llevarse a cabo cuando Lucas Black se unió al reparto, en lugar de la estrella que él propuso.

Desde los orígenes de la saga Fast & Furious, la franquicia ha evolucionado enormemente hasta convertirse en un monstruo de acción desmesurada que se acerca a su final. Bueno, al final de la saga principal, porque ya hay varias series derivadas en proceso. En 2006 se estrenó la última película que mantenía en el centro la esencia callejera original.

Hablamos, cómo no, de The Fast and the Furious: Tokyo Drift (A todo gas: Tokyo Race en España), la única película de toda la saga que, sin considerarse spin-off, no tiene a Dominic Toretto (Vin Diesel) o a Brian O'Conner (Paul Walker) como protagonistas; o al menos a uno de los dos.

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Lucas Black dio vida al joven Sean Boswell, un chaval problemático que, tras liarla parda por enésima vez, es enviado por su madre a Tokio, donde vive su padre, un militar estadounidense destinado en Japón. La mujer espera que su hijo pueda enderezarse allí y mantenerse lejos de los coches.

Dos parpadeos después de aterrizar en la capital japonesa, Sean se ve atraído por... adivina... los coches. El mundo del drifting no tarda en ejercer magnetismo sobre él, aunque ayudó la atracción que también ejercía Neela (Nathalie Kelley).

Sean terminó en líos con la yakuza y teniendo que aprender a hacer drift para derrotar a DK (Brian Tee). Lo consigue, triunfando en una técnica originada, precisamente, en Japón. De ese modo, salva a la chica y se convierte en el amo del cotarro. ¿Cómo se llama eso en narrativa? Complejo de salvador blanco, un cliché explotado hasta la saciedad.

Justin Lin quería otro protagonista para Fast & Furious 3

Pero Fast & Furious: Tokyo Drift no iba a ser así. Tal y como comenta Barry Hertz en su libro Welcome to the Family: The Explosive Story Behind Fast & Furious, the Blockbusters that Supercharged the World, publicado en otoño de 2025, el director de la película, Justin Lin, quería a otro actor para interpretar a Sean.

El elegido de Lin era Joseph Gordon-Levitt, un actor que, pese a no haber dicho en ningún momento si tiene ascendencia asiática, podía abrirle al director la puerta a que Sean fuese medio japonés. 

Según el libro, la idea era que el drifting sirviera a Sean como modo para profundizar en su linaje nipón y, en el proceso, habría borrado casi por completo el complejo del salvador blanco en el que, inevitablemente, cae Fast & Furious: Tokyo Drift.

No es un cliché que sea una vergüenza, ni mucho menos, pero sí es algo tan machacado que, cuando lo analizas, sí resulta cargante.

Cuando Universal optó por Lucas Black, por entonces estrella en alza, el plan de Lin se fue por el sumidero y Fast & Furious: Tokyo Drift se convirtió en la película que hoy conocemos, con sus virtudes y sus fallos.

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Javier Cazallas

Redactor

Javier Cazallas es redactor y crítico de HobbyCine desde 2016. Está especializado en cine y series, así como en todo lo relacionado con la cultura pop.

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