Quentin Tarantino vende consejos sobre camaradería entre artistas, pero no se aplica el cuento

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
No hay nada como ir dándole consejos a todo el mundo, aunque uno mismo no los aplique cuando llega el momento. ¿Quieres un ejemplo? Vamos a hablar de Tarantino.
Puede que hoy me toque darle una colleja, pero Quentin Tarantino es un director que me encanta. Me parece que el director de Pulp Fiction tiene una visión cinematográfica tan profunda que muchos cineastas son incapaces de alcanzar; ha creado su propio estilo y su conocimiento del séptimo arte está más que demostrado.
Pero le pierde la boca. Quentin Tarantino es célebre por carecer de filtro, algo que tiene muchas ventajas a la hora de abordar sus películas, pero también ciertos... inconvenientes. Ya puede ser por meterse donde no le llaman, tachar de plagio a Suzanne Collins por el parecido de Los juegos del hambre con Battle Royale o dar de palos al cine de superhéroes cuando empezaba a estar de capa caída.
No pretendo decir que Quentin Tarantino no tenga derecho a opinar, y menos sobre un tema que, como he dejado más que claro, es su fuerte. El problema es que expresa sus opiniones como un bulldozer en una cristalería debido a esa carencia de filtro. Lo que hace bastante irónico cómo han ido las cosas últimamente para el director.
Hace unos días, la actriz Rosanna Arquette, que interpretó a Jody en Pulp Fiction, ha reavivado una vieja polémica que acompaña al director desde los noventa: el uso de la "palabra con N"; "Nigger" y sus variantes, por si necesitas explicación.
Tarantino es muy aficionado a usar la palabra, pese al estatus de tabú que tiene en Estados Unidos. En Pulp Fiction se menciona como una veintena de veces, pero en Django desencadenado suena más de 100.
Esto ha hecho que, tradicionalmente, algunas figuras de Hollywood se encaren con Tarantino por esa afición, como Spike Lee, que tras Jackie Brown se preguntaba si el director "quería que le nombraran negro honorífico", o Denzel Washington. Otras estrellas, como Jamie Foxx o Samuel L. Jackson, defienden su uso al estilo Tarantino.
El caso es que Arquette ha revivido la polémica sin venir a cuento y a Tarantino le ha sentado a cuerno quemado. El director le respondía con una carta recordándole que "bien que aceptó el dinero cuando le ofreció el trabajo" y acusándola de usar la vieja polémica para ganar notoriedad en la prensa con declaraciones virales.
Quentin Tarantino termina su misiva con un "Se supone que hay espíritu de camaradería entre colegas artistas", una frase que, de no haber lanzado, no me tendría aquí escribiendo estas líneas.
Está bien pedir respeto, Quentin, pero al menos podrías empezar por tenerlo tú
¡Ay, Quentin! Practice what you preach. O, barriendo para casa, "consejos vendo, que para mí no tengo". Seguro que te imaginas de qué vamos a hablar ahora. Y es que Tarantino era noticia no hace mucho, pero estaba en el lado opuesto de los dardos.
Tarantino se ha aficionado a participar en pódcast y, cuando compartía sus películas favoritas del siglo XXI, decidió repartir críticas en su línea contra actores como Paul Dano, a quien describió como "el actor más flojo del sindicato", Owen Wilson, a quien "no soporta", y Matthew Lillard, que, sencillamente, no le gusta.
La industria sacó las antorchas ante las declaraciones públicas de Quentin Tarantino, con especial énfasis en defender a Paul Dano, que se ha ganado el cariño de todos con quienes ha trabajado.
Tarantino decidió que un pódcast era el foro adecuado para menospreciar a esos tres actores, sabiendo perfectamente el eco que tendrían sus palabras, pero ahora pide que una opinión no se exprese por "camaradería".
Tengo bastante claro que la era digital no le está sentando especialmente bien a Quentin Tarantino. Un clima como el de las redes sociales, donde se fomenta la negatividad o, citando a George Clooney, prima la crueldad, hace que alguien sin filtro patine con mucha más frecuencia y se viralice.
Y sí, me parece hipócrita que Rosanna Arquette se queje de Pulp Fiction 32 años después de su estreno, pero esa misma hipocresía se aplica a Tarantino pidiendo que se le respete como artista cuando él no lo hace con los demás.
Se puede tener una opinión y expresarla en un grupo, en un bar o en un entorno más controlado, pero no se debería atacar tan gratuitamente a alguien solo por las risas.
Y me fastidia tener que dar un tirón de orejas a Tarantino (aunque le importará entre cero y nada lo que diga alguien como yo), porque, de verdad, es uno de mis directores favoritos y no me gusta nada su "lado oscuro". A ver si se pone en serio con su décima y última película y tiene menos tiempo para despotricar en pódcast.
