Slow Horses y la fórmula que no falla, ¿por qué sigue entusiasmando a los fans de las series de espías?

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Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

A día de hoy han visto la luz cinco temporadas de Slow Horses pero hay planificadas siete. Te contamos por qué la fórmula no se agota y sigue funcionando.

Dicen que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Cuidado también con los caballos lentos, porque tienen la manía de ser tercos y llegar a la línea de meta aunque ya no se les espere. Hablamos hoy de Slow Horses, una de las series más exitosas de Apple TV con permiso de su impresionante catálogo de ciencia ficción.

Ya os lo dijimos cuando hicimos la crítica de la primera temporada de Slow Horses: era una serie con vocación de continuidad gracias al rico sustrato literario del que emanaba y la disposición de la plataforma de streaming de revestir al proyecto de calidad. Bastaba ver la intro de la serie con el tema Strange Game compuesto por Mick Jagger en colaboración con Daniel Pemberton, el premiado compositor de bandas sonoras de series y películas así como el repartazo: Gary Oldman (en su debut como personaje regular en una serie de televisión), Jack Lowden, Olivia Cooke, Kristin Scott Thomas y Jonathan Pryce, entre otros. Ya solo con estos mimbres y sin entrar en demasiados detalles, la cosa prometía.

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Pero quizás el elemento diferencial de la serie es la manera que ha tenido de hacer revivir el género del espionaje. Se aleja de lugares comunes arrebatándole a los personajes su clásico glamour para estrellarlos contra el suelo y llevar las tramas por otros vericuetos. Fuera martinis agitados, smokings y ese aire de superioridad moral que nos remiten a clichés muy concretos y dentro pelos engrasados, flatulencias y planes retorcidos a largo plazo.

Jackson Lamb ha marcado un nuevo estándar gracias a la interpretación de un Gary Oldman transmutado: es un tipo sucio, hosco, maleducado y desagradable y el actor ha llegado a confesar que le gustaría retirarse con este papel. Y razones no le faltan porque, aunque no ha trascendido cuánto cobra por episodio, se presupone que es una verdadera fortuna, las condiciones de trabajo son muy flexibles y considera este papel uno de los puntos cumbre de su carrera interpretativa. 

Como decíamos, la serie se sale de los raíles habituales para centrarse en el fracaso en lugar de en el éxito: los protagonistas principales son agentes del MI5 que han caído en desgracia por cometer errores garrafales quedando así desterrados. Esto, por una parte, permite introducir un sentido del humor afilado con guiones repletos humanidad y por otra parte, hacer que fluya la empatía del espectador con ellos. No son modelos aspiracionales, sino personas de carne y hueso y sus experiencias son crudas, no paseos coreografiados.

Para rematar, Slow Horses no es una serie que canse porque evita relleno innecesario. Cada temporada, breve y ágil, se basa en un libro diferente de tal manera que hay un excelente equilibrio entre la acción y el desarrollo de los personajes además de que consigue mantener el suspense con giros inteligentes. Vamos, que si le das al "play" no puedes parar: es una serie absorbente, significativa y resonante que desarrolla subtramas políticas y se hace eco de eventos recientes.

En suma, Slow Horses es una serie de prestigio que se ha metido al público en el bolsillo con novedades importantes gracias a la visión libre de tópicos de Mick Herron del género y una cuidadísima puesta en escena. Nos quedan por delante, al menos, dos temporadas más que no serán esperar: la sexta este mismo año y la séptima en 2027, eso sí, ambas ya con un cambio de showrunner que no sabemos hasta qué punto afectará al acabado final de la serie. Raro será que Apple TV baje el listón de la que es, hasta ahora, una de sus series estrella, sin una pizca de síntomas de agotamiento.

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