Tras más de 200 horas de Stardew Valley, creo que tengo un sucesor, y las críticas son muy positivas

Steam

Stardew Valley es uno de los juegos a los que más horas he echado, pero ya hay poco más que hacer, así que voy a saltar a otro de los llamados cozy games.

Como jugador, no tengo un género de referencia al que le dedique muchas más horas que a cualquier otro. Voy repartiendo mis horas entre RPG, estrategia por turnos, en tiempo real y los llamados cozy games, con ocasionales incursiones en shooters.

No obstante, sí que puedo decir que mi juego de comfort habitual es Stardew Valley, al que solo en mi última partida en la ASUS ROG Ally le he echado más de 200 horas, y tengo una granja espectacular, debo decir. Eso sí, toda aventura tiene su final y ya no me quedan muchas más cosas por hacer, así que he buscado y encontrado un sustituto que me llama bastante en Spirittea.

Este juego está disponible para Nintendo Switch por unos 30 euros, en Xbox a través de Game Pass y en Steam, así que puedes jugarlo en prácticamente cualquier plataforma, aunque no está para PlayStation 5.

Spirittea para Nintendo Switch

Tanto en Metacritic como en Opencritic tiene reseñas muy pero que muy buenas, y todas ellas inciden en que es un juego con una amplia jugabilidad y, sobre todo, relajado. Nada de disparos ni combates intensos que te pongan el pulso a 180.

La estética de juego retro es engañosa, como siempre en estos juegos, y es que incorpora todas las mecánicas del género de los cozy games de granjas que han hecho de ellos una opción tan popular, aunque en este caso no tienes una granja, sino una casa de baños.

Un baño espiritual entre la vida rural y el más allá

Si alguna vez te has preguntado cómo sería fusionar la tranquilidad de la vida campestre con el misticismo de las leyendas japonesas, Spirittea es la respuesta que no sabías que estabas buscando. Aquellos que crecimos viendo películas de Studio Ghibli encontramos en este título un cálido abrazo de nostalgia envuelto en píxeles que nos transporta a un lugar donde lo cotidiano y lo sobrenatural conviven en delicado equilibrio.

El juego nos pone en la piel de un escritor con bloqueo creativo que decide mudarse a un pequeño pueblo rural en busca de inspiración y tranquilidad. Lo que comienza como un retiro para superar la página en blanco, pronto se transforma en una aventura sobrenatural cuando, tras beber accidentalmente un té especial, nuestro protagonista adquiere la capacidad de ver espíritus. A partir de ese momento, nuestra vida campestre se entrelaza con la misión de ayudar a estos seres etéreos a encontrar paz y resolver sus asuntos pendientes.

Es imposible hablar de Spirittea sin establecer paralelismos con otros cozy games que han marcado el género. Al igual que Stardew Valley nos invitaba a escapar de la vida corporativa para gestionar una granja heredada, Spirittea nos propone huir del bullicio urbano hacia un pueblo donde el tiempo parece transcurrir a otro ritmo

Ambos comparten esa sensación de libertad para organizar nuestras jornadas, decidiendo si queremos pescar en el río, cultivar nuestro huerto, socializar con los peculiares vecinos o, en el caso de Spirittea, atender las necesidades de los espíritus locales.

Sin embargo, mientras Stardew Valley centra su experiencia en la administración de recursos y relaciones, Spirittea añade una capa adicional inspirada en Animal Crossing y Harvest Moon, pero con un giro único: la gestión de una casa de baños para espíritus. 

Este baño espiritual, reminiscente del de la película "El viaje de Chihiro", se convierte en el corazón del juego, donde debemos atender a nuestros clientes sobrenaturales, preparar diferentes tipos de té, mantener la temperatura adecuada del agua y asegurarnos de que cada espíritu reciba el tratamiento que necesita.

La dirección artística de Spirittea es un festín para quienes atesoramos los juegos de 16 bits. Sus escenarios pixelados, llenos de detalles y vida, combinan la estética retro con un diseño contemporáneo que resulta acogedor. 

Los cambios estacionales transforman el pueblo, ofreciendo diferentes actividades y festivales que nos invitan a sumergirnos en las tradiciones locales. Cada rincón del mapa esconde secretos, desde objetos coleccionables hasta espíritus escondidos, invitándonos a explorar cada callejón.

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