Naves espaciales, teorías de Einstein y arañas, muchas arañas: este sorprendente libro abre una saga brutal de ciencia ficción

Hay pocos libros con capacidad de sorprender tanto como Herederos del Tiempo, que le da un giro bastante particular a la ciencia ficción especial de corte clásico en una saga que merece mucho la pena.
La ciencia ficción lleva décadas, muchas décadas ofreciendo libros de muchísimo nivel, algunos de ellos como parte de sagas que han pasado a la historia. Es el caso de Fundación o de Dune, dos de las más conocidas, pero esto no significa que no sigan saliendo más y más lanzamientos que añaden novedades al sector y merecen la pena.
Como fan que soy de la ciencia ficción, siempre ando buscando nuevos y mejores libros, y últimamente hay uno que me ha encantado sobre todos: Herederos del Tiempo, que en sus apenas 500 páginas consigue dar un revolcón a todo lo que había leído hasta ahora en el género.
Es parte de una saga más amplia, el primero de sus libros, e indudablemente lo recomiendo a todos esos lectores ávidos de salir de las guerras interespaciales habituales en otras sagas. Eso sí, a quien no se lo recomiendo es a las personas que tengan miedo a las arañas.
Por desgracia, a pesar de que la saga ha sido ganadora del Premio Hugo, su distribución en España y en español parece ser bastante limitada, al menos en tiendas online.
Puedes comprarlo en formato físico, en tapa blanda, en Amazon, mientras que FNAC lo distribuye desde un vendedor externo dentro de su tienda, pero a un precio algo mayor.
Si tienes el suficiente nivel de inglés, sí que lo puedes comprar en formato digital para el Kindle mucho más barato, desde solo 5 euros, un precio ridículo para un libro tan divertido e intrigante como este.
Así comienza todo, y sin spoilers
En un futuro lejano, la humanidad ha llegado a las estrellas y desarrollado tecnología para terraformar planetas. La doctora Avrana Kern, una brillante científica, lidera un experimento revolucionario: sembrar un virus que acelerará la evolución de primates en un planeta terraformado, creando así una nueva civilización a imagen y semejanza de la humanidad, pero sin sus errores.
Sin embargo, como suele ocurrir en las grandes epopeyas espaciales, algo sale terriblemente mal. Un sabotaje en la estación espacial desde donde se dirige el experimento provoca una catástrofe. El paquete con los primates nunca llega a la superficie del planeta, pero el virus evolucionario sí. Y encuentre otros huéspedes inesperados: arañas.
Mientras tanto, milenios después, los últimos supervivientes de una Tierra moribunda viajan en una nave arca buscando desesperadamente un nuevo hogar. Sus sistemas de hibernación les permiten atravesar el vacío interestelar respetando las implacables leyes de la relatividad, lo que significa que aunque para ellos pasan apenas unos meses, en el universo exterior transcurren siglos o milenios.
Dos líneas temporales, dos especies
Lo verdaderamente asombroso de Herederos del tiempo es cómo Tchaikovsky desarrolla, en paralelo, dos historias separadas por miles de años pero destinadas a converger.
Por un lado, seguimos la travesía de los últimos humanos, lidiando con las limitaciones, los conflictos políticos internos y la agobiante realidad de ser, posiblemente, los últimos representantes de su especie. Su viaje está limitado por las leyes de la física: no pueden viajar más rápido que la luz, por lo que cada salto hiperespacial significa que el universo que conocían envejece siglos mientras ellos apenas perciben el paso del tiempo en hibernación.
Por otro lado, asistimos a la sorprendente evolución de una civilización de arañas en el planeta terraformado. Gracias al virus evolucionario, estos arácnidos desarrollan inteligencia, sociedad, cultura y tecnología a un ritmo acelerado. Lo fascinante es cómo Tchaikovsky logra recrear una sociedad aracnófoba completamente creíble, con sus propios valores, desafíos y visión del mundo, muy distintas a las humanas, pero igualmente complejas.
Mucha filosofía por debajo de la ficción
Aunque Herederos del tiempo ofrece todos los elementos que los aficionados a la ciencia ficción dura aprecian, trasciende las convenciones del género para plantearnos profundas reflexiones sobre la naturaleza de la inteligencia, la civilización, la comunicación entre especies y el lugar de la humanidad en un cosmos indiferente.
¿Cómo sería una sociedad inteligente no humana? ¿Qué significa realmente ser una especie "avanzada"? ¿Es inevitable que toda civilización tecnológica acabe destruyéndose a sí misma? Son preguntas que la narrativa aborda sin caer en simplificaciones o respuestas fáciles.
