The Bear se ha empachado de sí misma en la temporada 3, pero aún puede darnos un buen postre

Disney | FX
Opinión

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.

ATENCIÓN: este artículo incluye spoilers de la temporada 3 de The Bear.

La tercera temporada de The Bear ha arrojado la sombra de la duda sobre si los ingredientes que conforman la serie han pasado su fecha de caducidad.

¿Alguna vez has ido a comer tu plato favorito, sea el que sea, y al probar el primer bocado te has dado cuenta de que algo no anda bien? Esa es, en esencia, la sensación que nos ha dejado a muchos la temporada 3 de The Bear.

Christopher Storer regresaba a Hulu —Disney+ por estos lares— este verano después de tocar el cielo con dos temporadas sensacionales que conquistaron a los críticos y, más importante aún, al público. Poner ambos bandos de acuerdo no es nada sencillo.

Con la premisa de episodios como Peces, aquella bestial y caótica cena familiar de los Berzatto; Melón verde, ese viaje de autodescubrimiento de Marcus en Copenhague, o Tenedores, con la evolución de Richie al aprender lejos de Carmen, la cosa pintaba bien.

Habría que estar loco para no relamerse a medida que la temporada 3 de The Bear se cocinaba. Ya olíamos sus episodios en el horno y se nos hacía la boca agua ante la perspectiva de ver los 10 episodios del tirón. Hasta que se estrenó…

Mucho gourmet es demasiado gourmet

En España hemos dispuesto de un margen de mes y medio que, aunque de entrada parecía una mala noticia, nos ha permitido conocer de antemano que algo no andaba bien en la temporada 3 de The Bear.

Cuando la serie de FX finalmente empezó a servir raciones en Disney+, no tardamos en encontrar los motivos de tanto alboroto al otro lado del charco.

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The Bear presente los mismos ingredientes de calidad que recordamos, pero por algún motivo ha perdido la maestría para combinarlos como es debido y algunos episodios, especialmente el primero, que personalmente me parece una broma de mal gusto como arranque de temporada, carece de esa magia que te mantenía pegado a la pantalla.

Entiendo lo que Christopher Storer pretende hacer, pero ha demostrado anteriormente que The Bear puede estar mucho más equilibrada y funcionar de maravilla.

Querer dar profundidad a absolutamente todo, hace que uno solo quiera ver alguna bronca absurda o a los Fak aterrados por las maldiciones de John Cena. Desarrollar a personajes secundarios es bueno, pero no a costa de detener de sopetón a Carmy en un trauma eterno que nunca se resuelve.

Al centrarse tanto en los personajes secundarios, la trama central, que es ganar una Estrella Michelin y sobrevivir a la reseña que les están haciendo, pasa a un plano tan vago que solo te acuerdas cuando se menciona y dices: "ah, es verdad, que iba sobre esto".

Da la sensación de que Christopher Storer se ha venido arriba tras la recepción de los episodios más peculiares de la temporada 2 deThe Bear y ha querido estirar la fórmula, pero lo que ha logrado es diluirla y hacerla disfuncional. Lo poco gusta y lo mucho cansa.

No me atrevería a decir que la tercera temporada de The Bear es una basura, porque no lo es, pero es igual que cuando te ponen una comida que no te entusiasme y te pones a escarbar en ella, cogiendo esos pedazos que sabes que sí vas a disfrutar.

Todavía se puede arreglar

La buena noticia es que la temporada 3 de The Bear sigue dando destellos de ese regustillo que nos hizo amar la serie. El episodio Servilletas, el de Tina, es una joyita que bien podía encajar en las primeras temporadas.

Esa conversación con Michael (Jon Bernthal) es una absoluta maravilla que te hace sonreír en el siguiente episodio, cuando Tina se queda mirando el viejo servilletero.

El episodio del parto de Sugar, Cubitos de hielo, es otra de esas demostraciones de algo que a estas alturas ya deberías saber: Jamie Lee Curtis es una bestia interpretando. Es cierto que, narrativamente, el episodio se puede hacer pesado y es un corte de ritmo, pero lo compensa con las interpretaciones de Curtis y Abby Elliott.

The Bear mantiene la esencia, lo que hace más frustrante que se haya perdido en sí misma en una temporada entera. Los ingredientes están ahí, solo necesitan las instrucciones para que se mezclen bien y ofrezcan una cuarta temporada que te puede hacer reflexionar sobre la vida, pero sin matarte de aburrimiento en el proceso.

La comedia dramática es un género muy espinoso a la hora de encontrar el equilibrio, pero Christopher Storer lo ha hecho en el pasado. Esta temporada 3 de The Bear ya es historia, toca lavarse las manos, cambiar de delantal y empezar a cocinar la cuarta, esta vez con menos aderezo experimental, por favor.

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