Cine de superhéroes
El cine de superhéroes ha llegado a una cota de hartazgo, que ya cansa hasta a los más devotos. O al menos eso dicen sus críticos. ¿Estamos hartos de este cine? En el siguiente blog hablamos de la cuestión, con sus pros y sus contras.

Con la proximidad del estreno de Vengadores: Infinity War, los jefes me han encargado escribir un artículo de opinión acerca de si estamos hartos del cine de superhéroes o no. Vamos, que si cinco, o más, películas por año basadas en personajes de cómic americano ya comienza a ser cansino. 

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TV Spot Vengadores: Infinity War en Wakanda

Si me preguntan a mí, yo diría que no. ¡Que viva la fiesta del calzoncillo por fuera, los pijamas y las capas! Nunca hemos estado en un momento en el que ir a ver películas de superhéroes al cine es algo tan normal como ir a ver una de vaqueros, un biopic o un dramón del cine español, de esos de los de cortarse las venas con un cortaúñas.

Ahora bien, esta idea merece también una aproximación más cautelosa y un desarrollo de la misma. Sobre todo porque, como leeréis más adelante, la defensa que hago del género también tiene sus peros y sus contras. No todo van a ser alabanzas y celebraciones. 

Echemos la vista atrás

Cuando las primeras películas de superhéroes se dejaron ver en los cines, allá por los años 40, lo hicieron en forma de seriales de poca duración, episódicos, que eran poco menos que mediometrajes para niños y adolescentes. Eran poco reconocidos como producto cultural, y también contaban con presupuestos irrisorios y guiones que no daban para mucho. Esto hizo que, durante mucho tiempo y salvo excepciones como Batman y Superman, los héroes no aparecieran mucho por la gran pantalla, y que sus posibles apariciones en televisión fueran también muy contadas y de una calidad cuestionable.

El Superman de Richard Donner fue un cambio de paradigma, presentando una buena película de superhéroes, en un equilibrio perfecto entre lo que era una producción seria y un título basado en una lectura juvenil. Demostró que era posible hacer una buena película de superhéroes, taquillera, que emocionara a públicos de distintas edades y que pudiera ser valorada como producto cinematográfico. 

Sin embargo, como sabemos, este momento de gloria fue efímero. Tanto Superman II como el resto de la serie y el spin-off de Supergirl fueron películas que no se recuerdan muy bien, salvo dentro de ciertos círculos. Harían falta diez años para que el Batman de Tim Burton, temporalmente, volviera a presentar una película de superhéroes que tanto fans de los cómics como espectadores en general pudieran ver con buenos ojos.

Nuevamente, esto no sería sino un oasis en medio de la travesía por el desierto. Las películas de Joel Schumacher, algunas producciones no muy acertadas y el malogrado Superman Lives de Burton lograron que el género de las películas de superhéroes cayeran en un pozo destinado a producciones menores, si no de serie B. Sin embargo, a principios de los 2000, hubo un renacer.

Bryan Singer presentó sus X-men, que se consolidaron como la primera película de superhéroes con una estética que buscaba un enfoque mayor en el realismo. Singer bebió enormemente de postulados de Blade, una película de vampiros basada en cómics Marvel, para presentar un universo de seres poderosos SIN DISFRAZ o con un uniforme. Este enfoque volvería a reconciliar al público que había salido rebotado de las salas de cine en durante los 90 con el género de superhéroes. También sería la fórmula que adoptaría Christopher Nolan para su trilogía de El Caballero Oscuro. De ahí que se consagraría como la línea prestigiosa del género.

En tanto y de manera paralela, en 2002, Sam Raimi realizaría Spider-man, que sería la heredera de una forma de entender el cine superhéroes más bien ligera, películas más luminosas y cercanas al cómic. Cierto es que esta escuela sería de la que saldrían horrores como Elektra o Catwoman, pero también sería la base para el UCM y la película que lo cambió todo en 2008: Iron Man.

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Frente al modelo de realismo de presentación en alza, encabezado por El Caballero Oscuro, Iron Man fue un punto de ruptura que daría alas al modelo fantástico y luminoso. Si bien no conseguía ser una película tan completa como la primera, la cinta del Vengador Dorado ofrecía algo parecido a las dos primeras entregas del Spidey de Raimi, algo que no tenía el Batman de Nolan: Diversión y color, frente al dramatismo y la tragedia del murciélago.

Esta divergencia de discursos hizo que en en el año 2012 ambas formas de entender este tipo de cine se enfrentaran en taquilla. Por un lado, El Caballero Oscuro: La leyenda renace; por otro, Los Vengadores. La última película de Batman cerró el periodo de preponderancia de películas de superhéroes "serias" frente a la de Marvel, que inició el reinado de películas más ligeras.

Desde 2012, y envalentonados con el éxito de sus Vengadores, Marvel inundó el mercado, a razón de dos o tres películas de superhéroes por año. Pero, ¿y la competencia? Fox y Sony no se quedaron atrás. Cada una intentó colar anualmente una película, al menos. DC, por su parte, hizo lo propio y se preparó para contraatacar en unos términos similares a los de Marvel, pero buscando un discurso propio. Incluso Paramount y Universal también lo han intentado con otras franquicias.

Esto nos lleva a 2016, un año en el que tuvimos la friolera de siete películas de superhéroes. 2017 tampoco se quedó atrás. Nueve películas de superhéroes tuvimos, con una variedad impresionante, demostrando que había sitio para todo tipo de paladines: desde dramas como Logan, hasta gamberradas como los de Thor: Ragnarok y épicas solemnes como Wonder Woman. Y, ojo, porque 2018, parece que ha echado un poco el freno, pero al menos contamos con cuatro o cinco estrenos para este año. Y todo esto, sin contar con las series televisivas o las películas de animación que Warner estreno anualmente.

La actualidad

Podríamos decir que esta eclosión del género se debe a que buena parte de los cineastas de moda son unos frikazos (con perdón). Hace treinta años, salvo Steven Spielberg, pocos directores y productores de cine admitían abiertamente leer cómics o disfrutar con juguetes. A día de hoy, en cambio, son legión. Los niños de los ochenta son los adultos de hoy y tienen poder en la industria. Esto les facilita llevar a cabo las producciones que querrían haber visto cuando eran pequeños, cumpliendo sus fantasías infatiles. Pero, ¿acaso no ha sido ese el camino hacia el empacho de superhéroes en el cine?

Por mi parte, no sabría deciros si es un problema de saturación, como señalan sus críticos. Desde mi punto de vista creo que es más bien una falta de familiaridad con el género. Desde mi punto de vista, si lo más normal del mundo es tener al año cinco o seis biopics, tres películas bélicas o cuatro de animación digital, ¿por qué no tener entonces también tres o cuatro de superhéroes? 

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Quizá el problema de percepción radique en que los superhéroes siguen siendo, desde un punto de apreciación social, un producto menor, considerado por muchos como un tipo de lectura limitada a niños y a deficientes emocionales (en palabras de Alan Moore).

A diferencia del cine de animación, que ha logrado abrirse paso y ser considerado un género por derecho propio, a los superhéroes aún les falta ganarse ese respeto. Sobre todo, con críticos rancios (y bastante ignorantes del material original) torpedeando producciones que ni entienden ni quieren entender. 

Por supuesto, llegará un momento en el que la gente pierda interés. Pero hoy no es ese momento. Black Panther ha sido una película tan rentable que ya se acerca peligrosamente a formar parte del ranking de las 10 películas más taquilleras de todos los tiempos. Y Vengadores: Infinity War amenaza con hacer compañía a las dos películas anteriores de Vengadores en dicho top ten. 

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No obstante, también hay una crítica este tipo de producciones: no todas son películas de calidad. En general, aunque existe una media positiva respecto a las películas este género, ya se detecta cierta relajación en el producto. Los estudios, sabedores de que si una de sus dos películas para el año es un desastre, la otra lo arreglará en taquilla, parecen haber descuidado un poco lo que sacan, volviéndose complacientes. El ejemplo más claro: el doloroso maltrato de la franquicia 4 Fantásticos. Por eso no me preocupa en sí que haya demasiadas películas de superhéroes o el mastodóntico proyecto del Universo Cinematográfico de Marvel, sino más bien que la calidad que se había conseguido y el "saber hacer" de las producciones se devalúen.

Es excepcional que actores como Robert Redford, Glenn Close o Michael Douglas se presten a este tipo de películas, cuando hace no mucho aparecer en ellas era porque "había que comer". Ahora, la tendencia es aparecer en una película de superhéroes. ¿Pero cuánto tardará en ser una lacra, de nuevo?

Lo que me temo es que. o se comienza a vigilar el producto, o el género podría volver a caer en una nueva edad oscura en la que los críticos y el público vuelvan a desdeñar las películas de superhéroes como "cine para idiotas y frikis". Si en las altas esferas de Hollywood han aprendido la lección (que no lo tengo tan claro), tratarán de mantener el listón, en lugar de limitarse cumplir unos mínimos. Si no, si retrocedemos a lo que se hizo en los noventa, entonces sí que podremos decir que, efectivamente, estaremos hartos de tanta película de superhéroes.

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