Doctor Strange en el multiverso de la locura

"Una acción mal hecha no se puede justificar, pero se puede comprender".

Corría el año 2012. Era octubre, lo recuerdo perfectamente porque se celebraban las Fiestas del Pilar en Zaragoza. El aire olía a longaniza a la brasa, algodón de azúcar y alcohol fermentado. El sonido de las ferias se entremezclaba con el de las voces de los miles de personas que usábamos a nuestra Virgen como excusa para gritarle al mundo que estábamos vivos.

Tenía 20 años recién cumplidos y estaba seguro de que nada podía hacerme daño. Pero, al entrar en el pabellón de conciertos, sentí un pinchazo en el antebrazo izquierdo. Torcí el gesto, extrañado. No me había dado ningún golpe ni tampoco había ninguna marca allí. El dolor no remitió. Era por dentro, cada vez mayor. Comencé a asustarme y recordé algo que había sucedido cuatro años antes.

Mi padre sufrió una angina de pecho. Trabaja en un hospital como celador e identificó rápidamente que algo no iba bien en su cuerpo, así que pudo captarlo a tiempo y el susto quedó en eso, en un susto. Cuando hablé con él sobre eso, me explicó cuáles eran los síntomas, por si algún día me pasaba. Eran exactamente los mismos síntomas que yo sufrí aquella noche por primera vez.

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Mi cabeza explotó en minúsculos fragmentos. El dolor del antebrazo izquierdo pasó al hombro del mismo brazo y, de ahí, al pecho. Es como tener una mano dentro del cuerpo, hurgándote, removiéndote, buscando tu corazón y apretándolo como una fruta madura. Me mareé y sentí que desfallecía. Comencé a sudar. Tenía ganas de llorar.

No sabía qué estaba pasando, pero sentí que era lo mismo que mi padre. Sin embargo, algo en mi fuero interno me hizo sentir vergüenza y le dije a mis amigos y mi pareja que me iba a ir a casa, que no me encontraba bien, que me había sentado mal la bebida y que ya nos veríamos mañana. Ninguno se preocupó, más allá de intentar hacer que me quedara, que no me fuera. Tampoco ninguno lo consiguió.

Después de aquella noche, he sufrido tantos ataques de ansiedad que ya he perdido la cuenta. Algunos de ellos fueron tan fuertes, tan agresivos, me hicieron perder el juicio de una manera tan desproporcionada, que llegué a subir a urgencias creyendo que moría, suplicando ayuda, con las lágrimas bañando mis ojos y los dientes marcados en mis labios de tanto apretar.

Me diagnosticaron un trastorno de ansiedad. Me dijeron que tendría que aprender a vivir con esta enfermedad de salud mental, pero yo me negué. Busqué más ayudas. Me hundí en un mar de lorazepam hasta que, poco a poco, dejé de enfrentarme a la ansiedad. Claudiqué. Tiré la toalla. Me rendí. Y en esa rendición encontré el hallazgo que me hizo salir del abismo.

Al aceptar la derrota, vencí. Comprendí cuáles eran los mecanismos de esta enfermedad, asumí su acompañamiento durante toda mi vida y traté de hacerme su amigo. De vez en cuando, me juega alguna mala pasada. Seguirá haciéndolo, con ese rostro invisible que destruye todo a su paso, como el tiempo. Pero ya no es lo mismo que antes, aunque siga doliendo de la misma forma.

Durante todos estos años, he dejado de hacer muchas cosas por culpa de la ansiedad, aunque he tratado de evitarlo. Aparté amigos y tuve malos gestos con gente a la que quería. Me cabreé con el mundo, con todo y con todos, por no querer entenderme, decía yo; porque realmente no quería hacerme entender, era la verdad.

En estos diez años, me he destruido tantas veces como me he recompuesto. He muerto y he resucitado en cada uno de los ataques. Tengo los antebrazos y otras partes del cuerpo pintados con moratones. Me pellizco cuando sufro un ataque. Me hago daño. Descubrí que, si traslado el dolor de una parte a otra, los ataques duran menos tiempo. No es una herramienta limpia, pero es eficaz.

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Dudas que nos deja Doctor Strange en el multivero de la locura, ¿y ahora qué?

Pero, os estaréis preguntando, ¿qué tiene todo esto que ver con Bruja Escarlata y Doctor Strange en el Multiverso de la Locura? ¿Qué tiene que ver mi testimonio sobre la ansiedad, uno entre un millón, con la última película de Marvel Studios que está reventando la taquilla internacional?

Bien, cuando hablamos de películas, series, libros, cómics y demás, lo hacemos realmente en términos simbólicos, nunca en absolutos. En este caso, más allá de todo lo que hace y cómo lo hace, de la ficción y la fantasía, he encontrado un retrato cercano a la ansiedad en la figura de Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen).

En la serie de Bruja Escarlata y la Visión, Marvel Studios hizo una antología sobre la depresión, la pérdida y la autoaceptación personal. De aquellos barros, precisamente, estos lodos. No en vano, la depresión y la ansiedad, aunque son afecciones diferentes, suelen manifestarse simultáneamente con mucha frecuencia.

Muchos profesionales sostienen que la ansiedad puede presentarse como un síntoma de la depresión clínica. También sirve a la inversa. Un trastorno de ansiedad, como es mi caso, desencadena frecuentemente episodios de depresión. A mí, que siempre me ha gustado escribir y ponerles nombre a las cosas, me dio por llamarlo «la resaca». Me parecía más humano.

Wanda Maximoff se ha topado con esa resaca de WandaVision en Doctor Strange en el Multiverso de la Locura. El proceso psicológico tan abrupto, trágico y dramático que vivió en la serie de televisión la ha conducido de la depresión a la ansiedad, con un elemento catalizador de por medio que ha multiplicado la embestida de las olas y la furia de los mares.

El elemento del que hablo es el Darkhold. Insisto en que hablamos en términos simbólicos, no absolutos. El Darkhold es ese cigarro que te ofrecen en una terraza, con una jarra de cerveza al sol, cuando llevas unos días sin fumar y tienes un mono de la leche. Es como ponerle el whisky en los labios a un alcohólico que lleva sin beber varios meses.

Wanda Maximoff tiene una enfermedad de salud mental. Está enferma. La gente todavía tiende a pensar que esto es una exageración, incluso una excusa para determinados comportamientos. Pero ni tener depresión es estar triste, ni tener ansiedad es estar nervioso. El problema es mucho más profundo. Su solución, por tanto, también lo es.

Para colmo, Wanda no sólo está enferma, también está sola. Se ha quedado sola a golpe de tragedia. Ha perdido a Visión más veces de las que nadie puede perder a un amante. Perdió a sus padres y hermanos. Perdió a su nueva familia, Los Vengadores. Y perdió su mundo, su ciudad, su país, su vida, su infancia, sus recuerdos. Lo ha perdido todo.

Lidiar con la pérdida, con una profunda depresión, con una furiosa ansiedad, mientras al mismo tiempo estás soñando con una vida que el Darkhold te ha mostrado que existe, una vida en la que eres genuinamente feliz, en la que tienes unos hijos maravillosos y donde el miedo, la pena y el dolor parecen haber encontrado descanso.

¿Cuántos de nosotros no nos perderíamos por el camino si extrapoláramos la ficción de Bruja Escarlata a nuestra vida? ¿Cuántos de nosotros no caeríamos en la autodestrucción o la destrucción de todo lo que conocemos si tuviéramos que enfrentarnos a un paralelismo narrativo como el suyo? ¿Quién podría seguir en pie, con el orgullo y el honor intactos, si se viera en una como esa?

Con esto no estoy realizando ningún tipo de justificación de la violencia, la muerte o el asesinato. Insisto por tercera vez que hablo en términos simbólicos, no en términos absolutos. Una cosa es la ficción y otra muy distinta la vida. Pero el trasfondo de Wanda Maximoff es éste y, en mi caso, es inevitable empatizar con algo tan evidentemente personal.

Una acción mal hecha no se puede justificar, pero se puede comprender. Existen muchos matices a la hora de juzgar, el Bien y el Mal son dos conceptos que sólo le competen a Dios. ¿Ha actuado correctamente Bruja Escarlata en Doctor Strange en el Multiverso de la Locura? Por supuesto que no.

Wanda tendrá que lidiar con las consecuencias de sus actos, si es que hay un nuevo episodio para ella en el Universo Marvel. Pero también necesita ayuda. Necesita que alguien la entienda, la comprenda, la valore y la ayude a salir de ese miserable pozo de oscuridad en el que está metida. Ninguno salimos de ahí por nuestro propio pie. Todos necesitamos a los demás para ser mejores personas.

Pagará por sus pecados, como todos. Quizás no haya perdón o redención para ella, después de lo sucedido en Doctor Strange en el Multiverso de la Locura. Pero si hablamos en términos simbólicos, no en absolutos, a Wanda deberían tenderle la mano. No sólo para beneficiar su salud mental, sino también para evitar futuras crisis, dado su nivel de poder.

A fin de cuentas, si la Bruja Escarlata no es capaz de ser feliz, ya saben lo que dicen: «Mátalos a todos, Wanda. Mátalos a todos».

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