Ojalá me equivoque, pero El juego del calamar ha presentado su spin-off occidental con una metedura de pata

Basado en interpretaciones y juicios del autor sobre hechos, datos y eventos.
El final de El juego del calamar establece el futuro de este cruel universo de un modo estelar, pero hay un detalle que no tengo nada claro que sea bueno.
ATENCIÓN: este artículo incluye spoilers del final de El juego del calamar.
Bueno, El juego del calamar ya ha tenido su final y, desde luego, pedí que fuera concluyente y así ha sido. Otra cosa es que me haya gustado, y ya te digo que, de haber podido ver el episodio final antes de hacer la crítica, la serie habría cerrado con menos nota. Pero así es la vida y en Netflix sabían que el final iba a ser muy divisivo.
Del final, precisamente, vamos a hablar hoy, porque Hwang Dong-hyuk pone muchas cosas en marcha, aunque él diga que no, para que Netflix siga tirando del chicle de El juego del calamar, cuenten con él o no.
Recordemos que el creador de la serie afirmó en su día que no habría más de una temporada, pues así fue cómo la concibió. Dos temporadas después, o una en dos partes, si usas el sentido común, aquí estamos.
Ahora, Hwang Dong-hyuk afirma que no ha tratado de sembrar el spin-off estadounidense de El juego del calamar con ese cameo final que vimos en el último episodio. Vamos, que tiene la serie ya confirmada por Netflix, con David Fincher como showrunner, y ese final ha sido "porque le parecía impactante".
El juego del calamar planta su futuro en una escena estelar
Hwang Dong-hyuk quiere que compremos que han puesto como reclutadora a Cate Blanchett, ganadora de dos Óscar, porque quedaba guay.
Por hacer un repaso: el Líder (Lee Byung-hun) viaja a Estados Unidos tras el final de los juegos y la destrucción de las instalaciones de la isla. Su objetivo es entregar a la hija de Seong Gi-hun (Lee Jung-jae) el dinero restante del premio que le correspondía y que, con motivo de su sacrificio, no podrá disfrutar.
Cuando se dispone a volver al aeropuerto, observa una escena familiar en un callejón: un hombre y una mujer aparecen jugando al Ttakji (Ddakji), el juego de habilidad con el que el Reclutador (Gong Yoo) captaba a los nuevos jugadores en Corea del Sur.
La Reclutadora, en este caso, no es otra que Cate Blanchett, pero el modus operandi es exactamente el mismo: si el aspirante pierde, se pone la cara del revés de un guantazo. Si gana, el aspirante tiene opción de devolvérsela o de coger una cantidad de dinero.
En la escena, la Reclutadora y el Líder intercambian miradas, reconociéndose entre sí —porque lo de la máscara que lleva el líder siempre delante de otros debe ser para nada—. Sin embargo, ese no es el error que comete El juego del calamar.
El juego del calamar necesita localizar las pruebas de sus versiones internacionales
A pesar de lo que ha declarado Hwang Dong-hyuk, la escena es toda una declaración de intenciones y no entiendo bien por qué trata de esquivar esa bala.
El tema está en que la presentación de esa versión estadounidense de El juego del calamar empieza mal si el juego que usan en Estados Unidos es exactamente el mismo que se usa en Corea del Sur. Y parto de la base de que, aunque gracias a la serie de Netflix se ha popularizado, el Ddakji es un juego regional de Corea.
Es cierto que sus reglas son sencillitas y que hay versiones similares en otras regiones, como en Cataluña, donde tienen el Patacón, que evolucionó en los Tazos.
Hay chorrocientos juegos de destreza y/o azar que podrían haber usado para que el reclutamiento de jugadores en Norteamérica no pareciese raro.
Lo que me lleva al siguiente punto: si no son capaces de modificar una cosa tan sencilla, sea con un cara o cruz, unas cartas o yo qué sé, qué podemos esperar de la variedad en la propia serie spin-off cuando coja forma.

El juego del calamar ya ha acusado falta de variedad en sus temporadas 2 y 3. Si seguimos tomando juegos coreanos o de inspiración coreana para que los jugadores participen, además de inverosímil, será aburrido para los espectadores.
Y, ojo, viendo la mala conclusión de la serie original, tengo mis dudas de que haga falta un spin-off con la mera excusa de ser en otro país. El juego del calamar debe innovar bastante o, en su defecto, dejar paso a otras series que puedan dar la campanada en Netflix. No todo tiene por qué convertirse en una franquicia.
