Espada y dron: Hell is Us ofrece muchas horas por un precio de juego indie

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Hell is Us parece un juego muy extraño de primeras, pero si le das una oportunidad encontrarás en él una aventura absolutamente memorable.

A veces uno se cansa de que los videojuegos le lleven de la mano como si no supiéramos cruzar la calle sin mirar. Estamos acostumbrados a mapas plagados de iconos, flechas brillantes y personajes que no dejan de darnos pistas antes de que siquiera hayamos empezado a pensar. Pues bien, Hell is Us llega precisamente para romper con esa dinámica tan aburrida y devolvernos la sensación de ser verdaderos exploradores en un entorno que no perdona ni el más mínimo descuido.

La ambientación de este título es de esas que se te quedan grabadas en la retina durante unos cuantos días. Nos traslada a un país totalmente aislado y roto por una guerra civil donde la humanidad muestra su cara más amarga, pero con un giro sobrenatural que lo cambia todo. No es solo un juego de soldados y trincheras, sino que mezcla esa crudeza bélica con la aparición de unas criaturas extrañas que parecen sacadas de una pesadilla de las buenas.

Si te pica la curiosidad, ahora mismo puedes encontrar esta edición física para PS5 en Amazon por solo 29 euros, un coste que incluye el envío rápido para usuarios Prime. Me parece un movimiento muy inteligente por parte de los creadores lanzar una propuesta tan arriesgada a ese importe, porque permite que mucha gente se lance a probar algo diferente sin que le duela el bolsillo. Es el tipo de compra que agradeces cuando buscas una experiencia física para guardar en la estantería.

Hell is Us

Si te gustan los juegos donde tienes que explorar y pensar dónde ir y qué hacer, Hell is Us aplica esa idea a una aventura memorable.

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* Algún precio puede haber cambiado desde la última versión

El infierno más divertido

Lo que más me ha volado la cabeza es su sistema de exploración, porque aquí no tienes ni brújula ni los típicos marcadores de misión que te dicen exactamente a dónde ir. Tienes que fijarte en los detalles del entorno, escuchar lo que dicen los habitantes y guiarte por puro instinto, como hacíamos antes. Al principio choca un poco verse tan solo ante el peligro, pero luego te das cuenta de que cada descubrimiento que haces se siente mucho más satisfactorio y personal.

Para defenderte de las quimeras que pueblan este mundo hostil, no te sirven las metralletas ni las armas modernas convencionales, lo cual tiene su aquel. Tendrás que tirar de arsenal clásico como hachas, lanzas o espadas forjadas especialmente para este propósito tan concreto. El combate se siente pesado, táctico y requiere que aprendas los patrones de unos monstruos que tienen diseños realmente originales y perturbadores, alejándose de los típicos zombis que vemos en cada esquina.

No caminas solo por estos parajes desolados, ya que cuentas con la ayuda de un dron que resulta ser tu mejor aliado tecnológico en mitad del caos. Este pequeño aparato no está ahí de adorno, sino que es vital para distraer a los enemigos o darnos ese segundo de respiro que necesitamos para asestar el golpe definitivo. Saber combinar el uso de tu tecnología con la fuerza bruta del acero es lo que marca la diferencia entre sobrevivir o acabar siendo otro cadáver más en el barro.

Me recuerda un poco a esa sensación de misterio que tenían los juegos de hace un par de décadas, donde la narrativa no se masticaba tanto. Aquí la historia del pasado de tu protagonista y el origen de la calamidad se van desgranando poco a poco a través de lo que ves y lo que decides investigar por tu cuenta. Es un mundo semiabierto que se siente vivo a su manera, aunque sea una vida oscura, retorcida y llena de secretos que nadie quiere desenterrar.

Visualmente tiene una personalidad muy marcada, logrando que ese contraste entre la arquitectura tradicional de un país en guerra y las formas imposibles de las criaturas sea impactante. Es un juego que entra por los ojos pero que te conquista por la libertad que te otorga a la hora de tomar decisiones sobre el camino a seguir. No hay dos partidas exactamente iguales porque cada jugador interpreta las pistas de una forma distinta, y eso es algo que hoy en día se valora muchísimo.

Si te apetece un reto que respete tu inteligencia y te sumerja en una atmósfera densa de verdad, dale un tiento porque no te va a dejar indiferente. Es una aventura de acción en tercera persona que apuesta por la inmersión total y por el placer de perderse para encontrarse a uno mismo entre tanto monstruo. Al final, lo más peligroso de este viaje no son solo los bichos sobrenaturales, sino recordar que en mitad de la guerra el hombre sigue siendo un lobo para el hombre.

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