En Windows XP le eché muchas horas, y está de vuelta: a ver quién construye el parque más loco

Uno de los juegos de PC más queridos de los 2000 ha vuelto, pero adaptado a consolas como Switch.
Todavía recuerdo como si fuera ayer esas tardes interminables de principios de los 2000, sentado frente a un monitor de tubo que ocupaba la mitad de mi escritorio, con el zumbido constante de un PC "patata" corriendo Windows XP como banda sonora. En aquella época no necesitábamos gráficos en 4K ni ray tracing para ser felices; nos bastaba con la magia de crear, gestionar y, admitámoslo, a veces destruir pequeños mundos.
Y entre todos los juegos que pasaron por ese disco duro, hubo uno que me robó el corazón y cientos de horas de sueño: RollerCoaster Tycoon. Fue un amor a primera vista, una obsesión pixelada que me convirtió en un magnate de los parques de atracciones en pijama. Míticas partidas eché diseñando la montaña rusa perfecta –o la más letal–, ajustando el precio de las hamburguesas y contratando a esos pobres bedeles que se pasaban la vida limpiando vómitos.
Pues bien, la nostalgia ha llamado a mi puerta de la mejor manera posible, porque este clásico imperecedero ha vuelto, adaptado a la perfección para Nintendo Switch, y lo ha hecho a un precio que me parece más que decente: 25 euros en formato físico. Tener esta joya en un cartucho que puedes llevarte a cualquier parte es, sencillamente, un sueño adolescente hecho realidad.

RollerCoaster Tycoon Classic
Este juego de gestión te permite diseñar tu parque de atracciones perfecto, o el más mortal, lo que prefieras.
24,99 euros para SwitchAdaptado a modo portátil con pantalla táctil
Lo primero que hay que decir es que RollerCoaster Tycoon Classic en Switch no es un "remake" moderno que traiciona el espíritu original; es una recopilación fiel que une lo mejor de las dos primeras entregas de la saga.
Y aunque estemos hablando de un juego cuya base tecnológica tiene más de dos décadas, os aseguro que aguanta el tipo de una forma sorprendente. De hecho, me atrevería a decir que su estilo gráfico isométrico, con esos "sprites" detallados y coloridos, tiene un encanto atemporal que muchos juegos "indie" actuales intentan imitar sin éxito.
Era, y sigue siendo, increíblemente detallado. Puedes ver las expresiones de los visitantes, cómo reaccionan al subirse a una atracción, cómo se agobian si el parque está sucio o cómo disfrutan comiéndose un helado. Esos pequeños detalles de vida simulada son los que hacen que, tanto si lo jugaste en su día como si eres un recién llegado a la franquicia, te quedes enganchado mirando la pantalla, gestionando tu pequeño imperio del ocio.
La premisa es sencilla pero profunda: te dan un terreno, un presupuesto y el objetivo de construir el parque temático más exitoso del mundo. Pero la gracia está en la libertad absoluta que tienes para conseguirlo. Puedes ser un gestor benevolente que crea jardines preciosos y atracciones suaves para toda la familia, o un arquitecto loco que diseña montañas rusas que desafían las leyes de la física y la resistencia estomacal de los clientes.
El editor de montañas rusas sigue siendo la joya de la corona. Es una herramienta potente que te permite construir pieza a pieza, ajustando peraltes, loopings, caídas y frenos, y luego probarla para ver si los niveles de emoción, intensidad y náusea están equilibrados. Conseguir una atracción con una calificación de emoción "Ultra-Extrema" sin que nadie salga volando es un arte que requiere paciencia y experimentación, y hacerlo ahora con los controles de la Switch o la pantalla táctil en modo portátil se siente genial.
Pero no todo es diversión y adrenalina; la parte de gestión económica es igual de adictiva. Tienes que estar pendiente de todo: desde el precio de la entrada al parque hasta el coste de los globos en las tiendas de souvenirs. Tienes que diseñar los caminos de forma eficiente para que la gente no se pierda, colocar suficientes baños y papeleras, y gestionar al personal.
Contratar mecánicos para reparar las atracciones averiadas —ese sonido de avería sigue provocándome estrés—, animadores para mantener la moral alta y guardias de seguridad para evitar el vandalismo.
Es un juego de equilibrio constante donde cada decisión impacta en tu cuenta bancaria y en la felicidad de los visitantes. Y lo mejor es que el juego incluye decenas de escenarios con objetivos distintos, desde rescatar parques en bancarrota hasta construir en terrenos imposibles, lo que te garantiza una rejugabilidad casi infinita.
Jugarlo en Switch tiene ese plus de comodidad que le sienta de maravilla a los juegos de gestión. Puedes echar una partida rápida en el autobús para ajustar unos precios o diseñar una nueva zona, y luego ponerla en el dock para ver tu creación en la tele grande y disfrutar del bullicio de tu parque a todo volumen.
La adaptación de los controles, que siempre es el miedo al pasar de ratón y teclado a mando, está bastante bien resuelta, aunque reconozco que usar la pantalla táctil en modo portátil es mi forma favorita de jugar, ya que recupera esa inmediatez del "clic" original.
