Gal Metal World Tour
Análisis

Análisis de Gal Metal, nuevo juego musical exclusivo de Switch

Por Alberto Lloret

Versión comentada: Nintendo Switch

Análisis de Gal Metal, un nuevo juego musical exclusivo de Nintendo Switch que tira por tierra todos los clichés del género para ofrecer una experiencia distinta, fresca... y hasta cierto punto, más parecida a lo que supone tocar un instrumento como la batería, todo sazonado de una loca historia sobre una invasión alienígena y toques de simulador social.

Puede que la fiebre de los juegos musicales haya pasado a la historia, con casi todos los grandes nombres, como Guitar Hero o Rock Band sin nuevas entregas a la vista. Pero eso no quiere decir que el género, como tal, esté muerto. Eso es lo que viene a demostrar Gal Metal en Nintendo Switch, que llega dispuesto a dinamitar y hacer saltar por los aires todas las convenciones del género.

Y eso es algo que hay que agradecerle a sus creadores, el estudio DMM Games, y en concreto a Tak Fuji, el responsable del juego, al que muchos recordaréis por su etapa en Konami y, sobre todo, por el famoso meme del "one million troops", ya que sin ellos, esta propuesta tan distinta a todo lo que hayáis jugado en el género no hubiera sido posible.

¿Y qué es Gal Metal? Pues un juego japonés que salió en febrero en Japón y que ahora llega a Europa. Un juego musical que, como hemos adelantado antes, es distinto a todas luces y por muchos motivos. El más importante, sin ningún tipo de duda, es la jugabilidad.

Olvídate de notas, botones o iconos que bajan por la pantalla y que debes pulsar en el momento justo, porque aquí no hay nada de eso. Como hemos adelantado, esto es más parecido a tocar el instrumento de verdad, y tu ritmo y coordinación son vitales.

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En pantalla no hay ningún tipo de nota que te avise de lo que tienes que hacer. Debes seguir la música, dejarte llevar y "meter baza" donde mejor te pegue. Dicho así, puede sonar demasiado abierto... pero no lo es tanto o al menos, no en todos los sentidos que te puedas imaginar.

Para empezar, prácticamente todo está bloqueado de primeras, y no podrás ni lanzarte a tocar directamente una canción. Debemos empezar por su modo Historia que, en cierto modo, nos ha recordado Ossu Tatakae Ouedan, nuestro Elite Beat Agents. Tanto por su humor, como por su estética en plan cómic/manga, en el que los bocadillos de las viñetas van desarrollando la trama. 

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La trama de fondo es, por decirlo suave, una ida de olla... y no vamos a ahondar mucho, pero no falta una invasión alienígena (a la que derrotamos con el poder del rock), ni "ocupaciones" de cuerpos... ni otras locuras. Es divertida, pero demasiado absurda en algunas situaciones, y con un marcado tono, estética y estilo nipón.

Si eso es precisamente lo que buscas, entonces no te va a chirriar nada... pero si vienes de Guitar Hero, Rock Band y similares, pues es un primer choque. Y no será el último. El juego tiene una estructura fija, que se repite en todos los niveles de la aventura: antes de enfrentarnos a los aliens, tocando una canción, disponemos de tiempo para invertirlo en el componente "social" de juego, gracias al cual estrechamos lazos con los compañeros de nuestra banda, practicamos y mejoramos.

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Este componente social se divide en dos partes. Por un lado está el mapa de actividades: disponemos de una energía limitada, y debemos gastarla en practicar, solos o en grupo, en salir con los amigos, trabajar... Cada cosa que hagamos tiene un coste de energía, y supone una mejoría (o empeoramiento) de alguno de nuestros cinco rasgos.

Estos rasgos se centran en aspectos como nuestra creatividad a la hora de combinar los ritmos y crear combos, si somos creativos a la hora de aporrear los tambores o si somos regulares, precisos, a la hora de seguir el ritmo. 

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En esta pantalla se pueden dar también eventos especiales, "quedadas" con algún miembro del grupo con el que estrechamos lazos y obtenemos algún bonus en los rasgos. La presentación es curiosa, como un teatrillo con recortables de cartón... quizá por seguir con la estética "cute" del juego o aligerar la producción del juego.

La otra parte del componente social son las conversaciones de móvil, en las que, cual grupo de Whatsapp, se plantea un tema, como tomar una bebida, y nos posicionamos, lo que puede permitir que haya eventos especiales.

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¿Se hace muy pesado esto? Pues la verdad es que depende un poco. Por un lado, todos los textos llegan en inglés, lo que puede echar para atrás a unos cuantos. Por otro, las tareas y diálogos en el móvil no son excesivamente largos y se pueden pasar rápido, por lo que puedes agilizarlo.

Lo que sí es importante es que el modo historia es el primer sitio en el que podrás practicar los distintos ritmos que el juego va a ir introduciendo, y que son cerca de 40. Una vez superados los distintos niveles del modo historia, puedes practicarlos en el modo práctica, o ejecutarlos en el modo Free Play, en el que aparecen las canciones que hayamos superado en su marciana historia. 

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Lo que hace realmente único a Gal Metal no es todo el componente social, son sus mecánicas y sistema de control. Como hemos dicho, aquí no hay notas que bajan por la pantalla, sino que la banda empieza a tocar... y nosotros debemos meter baza cuando mejor nos cuadre.

Aquí entra en juego también su sistema de control: podemos jugar con controles táctiles (vemos en pantalla todos los elementos de la batería), con controles físicos (cada botón está asociado a un bombo, platillo u otro elemento de la batería) o con controles por movimiento.

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Los dos primeros funcionan bastante bien, y permiten crear combos fácilmente. Los controles por movimiento, aunque sobre el papel son los más atractivos, traen bajo la manga una buena ración de problemas.

Sin duda, para fliparse y dejarse llevar son la mejor opción: es lo más parecido a tener una baqueta en la mano. Pero, en la realidad, son los más limitados de todos. Jugando con control de movimiento no disponemos de todos los sonidos que ofrece la batería y no sólo eso: la detección falla bastante.

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Se pueden ajustar (hay 20 niveles de sensibilidad), pero incluso en el más alto, perderás alguna nota, por muy bien que los situes (con los botones mirando para arriba) e independientemente del ímpetu con el que golpes al aire. Fallan, incluso independientemente del lag que tenga tu televisor (el propio juego recomienda jugar en modo "tabletop" para comprobar si es ése el problema).

Y es una pena, porque es quizá uno de los mayores atractivos del juego. ¿Se vuelve injugable? Para nada, pero si eres de los locos de los récords y las puntuaciones, perderás más de un combo y dos por culpa de la detección, aunque su original sistema de puntuación (divide la canción en 6 zonas, y todas suman a la puntuación final) ayuda. 

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Por suerte, el juego está configurado de tal modo que podrás terminar el modo historia sin demasiado problema. Las puntuaciones mínimas que exige cada nivel son más que alcanzables por regla general, y a poco que no seas un espantapájaros inmóvil y de dejes llevar y mezcles ritmos, lo conseguirás sin problemas.

Después, vendrá lo bueno del juego: repetir las canciones, encontrar nuevas posibilidades y ritmos, y superarte a ti mismo. La repetición en Gal Metal es fundamental, ya que cada vez podrás probar cosas distintas, e ir notando que mejoras poco a poco, hasta alcanzar combos de 9.999.999 puntos.

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Eso sí: ni siquiera en esto es perfecto. Suponemos que, para ahorrar costes, el juego sólo ofrece versiones rockeras de música clásica, como la Sinfonía del Nuevo Mundo (Antonín Dvorak), siendo una oportunidad perdida para haber metido temas rockeros con licencia, o si nos apuráis, nuevas composiciones creadas para el juego.

Lo peor, ya rizando el rizo, es que el juego sólo cuenta con... 13 canciones. Una cifra realmente baja para este tipo de juegos, que además, lleva implícito que el modo historia no da mucho de sí, y en un par de días puedes haber completado sin demasiados problemas. Otra cosa distinta es conseguirlo todo (hay una especie de parches o insignias por completar acciones específicas, como usar X veces un ritmo o estrechar lazos con personajes concretos).

Aun con todo, la libertad para tocarlas los temas como nos de la gana hacen que sean altamente rejugables y nos piquemos para mejorar... pero siguen siendo pocas, y si no eres muy constante y mejorar te da igual, aquí entonces tendrás poco para hacer.

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Aun con todos estos contras, Gal Metal merece cierto crédito por no conformarse y no hacer lo mismo que han hecho otros antes. Aun con los fallos de detección con el control por movimiento, es lo más parecido a tocar la batería que vas a encontrar en un juego de Nintendo Switch.

Una experiencia que, pese a sus carencias, merece estar entre los mejores juegos musicales simplemente por intentar hacer las cosas de manera distinta. Una experiencia que a poco ritmo y coordinación que tengas, puede fliparte si amas la música y disfrutas con los juegos musicales.

Valoración

Gal Metal es una propuesta tan fresca como interesante dentro del género musical, aunque ciertos aspectos, como contar sólo con música clásica o los fallos en la detección de los Joy-Con, echan por tierra parte de su atractivo. Además, los toques de aventura y juego social también sacan un poco de su núcleo, que es tocar la batería...

Hobby

73

Bueno

Lo mejor

Un juego musical distinto, y más "parecido" a tocar el instrumento en sí. La estética. "Fliparse" y dejarse llevar por el ritmo.

Lo peor

La detección de los Joy-Con no es del todo lo precisa que debería. Sólo 13 temas, y de música clásica. La historia de la aventura.

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