Trine 4
Análisis

Análisis de Trine 4: The Nightmare Prince para PS4, Xbox One, Switch y PC

Por Daniel Quesada

¡La aventura sigue siendo cosa de tres! Acompaña a Pontius, Amadeus y Zoya en su viaje más mágico hasta la fecha. Necesitarás tener en forma tanto el coco como los pies.

Los juegos de plataformas siempre se han visto con un tamiz algo más profundo en la franquicia Trine, la cual nos reta a seguir adelante a base de superar retos con un toque de magia. Trine 4: the Nightmare Prince hace que Amadeus el mago, Pontius el caballero y Zoya la ladrona vuelvan a la carga para cooperar en la búsqueda del desaparecido príncipe Selius.

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Como ya sucedía en juegos previos, la dinámica de la aventura consiste en superar niveles con tramos bloqueados por interruptores, muros, árboles... Por suerte, nuestros héroes tienen unas habilidades muy particulares. Amadeus puede conjurar bloques y mover a distancia muchos objetos del escenario; Pontius usa su espada para destrozar enemigos y objetos frágiles y con su escudo puede deflectar rayos de luz o torrentes de agua; Zoya puede lanzar una cuerda para balancearse desde las argollas o disparar flechas normales, de fuego o congelantes. Ahora, Pontius incorpora la posibilidad de conjurar escudos temporales y Zoya puede usar su cuerda para hacer levitar objetos y enemigos.

Solo podemos usar a uno de los héroes a la vez, pero al pulsar un botón, podemos intercambiarlos. Combinar las diferentes habilidades es fundamental para salir adelante en los puzzles, pero Trine 4 nos insinúa muy bien (primero con puzzles muy simples, que van creciendo en complejidad poco a poco) qué habilidades debemos aprovechar cada vez.

Los héroes disponen de un árbol de movimientos que va aumentando a medida que superamos retos o recolectamos items, lo que nos da nuevos trucos (algunos, fundamentales y otros no) para superar los puzzles, como teleportarnos o conjurar nuevos tipos de objetos. Así, la primera mitad del juego es bastante asequible, pero luego las cosas se ponen algo más peliagudas con zonas que nos obligan a construir puentes difíciles de "prever", congelar plataformas para adelantarnos a un par de movimientos posteriores... También llegan nuevos tipos de puzzles, como los basados en portales de teletransporte y haces de luz. Esos momentos, que irremediablemente recuerdan al clásico Portal, son los más complicados y, en contadísimos momentos, llegan a ser verdaderamente duros, si bien la mayoría del tiempo los retos no llegan a ser desesperantes.

Trine 4

Además de superar estos rompecabezas, el componente de juego de plataformas es importante y tenemos que saltar mucho. A veces, fijarse bien en el escenario es crucial para encontrar rutas secretas que nos den unos cuantos items extra, mientras que en otras ocasiones nos toca enfrentarnos en zonas cerradas con enemigos razonablemente sencillos de superar e incluso con algún que otro gigantesco jefe final. Esa mezcla de dar al coco, explorar en busca de secretos y combatir es realmente atractiva, aunque quizá la faceta peleona se vuelve excesivamente simple en comparación con el resto del juego.

La atmósfera (mágica) lo es todo

No vamos a sorprender a nadie si decimos que Trine 4 es un juego tremendamente bonito, como ya lo eran las entregas previas. El diseño visual, el colorido y los personajes siguen por el buen camino que ya marcó Trine 3, aunque en esta ocasión se han descartado los tramos en 3D, para centrarse en una narrativa y dinámica de juego puramente 2D. Eso no quita que todos los objetos y personajes sean tridimensionales, claro y estén modelados con mucho gusto. Los entornos propios de los cuentos mágicos (bosques llenos de hongos luminiscentes, castillos envueltos en misteriosas brumas...) lucen mejor que nunca y, muchas veces, nos animamos a seguir jugando por el mero hecho de ver más escenarios.

Los personajes tienen un modelado más caricaturesco que nunca (nos ha recordado a las primeras entregas de Fable, por momentos) y, aunque los modelos no son especialmente detallados, verlos en movimiento es muy simpático. A eso también ayudan unos diálogos perfectamente doblados al castellano, más numerosos que en la entrega previa y que, por cierto, hacen unas cuantas alusiones a las aventuras que vivieron los protagonistas anteriormente. No es imprescindible, ni mucho menos, haber jugado a los otros Trine, pero se disfruta más el viaje.

Todo esto sucede en el modo aventura en solitario, pero por supuesto también podemos disfrutar de un cooperativo tanto local como online. Regresa el cooperativo para hasta 3 jugadores, en el que los puzzles cambian ligeramente para adaptarse al número de usuarios, pero esta vez se ha ido más allá y se presenta un modo Ilimitado que admite hasta 4 jugadores a la vez. ¿Significa eso que llega un cuarto personaje al desarrollo? No, en realidad la gracia de este modo consiste en que varios jugadores pueden usar el mismo personaje. Por ejemplo, podemos usar 4 Pontius a la vez, aunque tarde o temprano será necesario cambiar para superar los puzzles.

Sin duda, es el multijugador como más se disfruta y, aunque se agradece esta novedad de los 4 jugadores, quizá el desarrollo se vuelve un pelín caótico de más. El equlibrio ideal está en esos dos o tres jugadores, que además pueden ser una mezcla de cooperativo local y online.

En conjunto, Trine 4: The Nightmare Prince supone un cambio de rumbo para bien en la franquicia, que en realidad vuelve a sus mejores facetas para presentar una aventura larguita (se queda por encima de las 10 horas) y muy, muy agradable. Frozenbyte se ha sacado una buena experiencia de la chistera.

Valoración

Una aventura de lo más agradable que se disfruta especialmente en multijugador. Recupera la senda correcta respecto a la entrega previa.

Hobby

85

Muy bueno

Lo mejor

Las diferentes posibilidades multijugador. Su estética mágica.

Lo peor

Algunos puzzles se vuelven repetitivos. El control al manejar muchos objetos es algo caótico.

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