Crítica de The Brutalist, una obra magna grabada en hormigón con vocación de perdurar

Crítica de The Brutalist, el monumental drama de Brady Corbet protagonizado por Adrien Brody, Guy Pearce, Felicity Jones, Joe Alwyn y Raffey Cassidy. Estreno el 24 de enero de 2025.
Este fin de semana llega a la cartelera una de las películas más esperadas del mes, puesto que es una de las favoritas en la carrera de los Óscar. Hablamos de The Brutalist, una cinta de 214 minutos de duración (más de tres horas y media) dividida en dos grandes bloques con un intermedio de 15 minutos (es la primera película en recurrir a esta práctica desde Los odiosos ocho en 2015).
El joven Brady Corbet, director y coguionista junto a su esposa Mona Fastvold, se aleja de propuestas previas para establecer un nuevo hito en su carrera. No en vano, la película viene ya con dos importante premios bajo en brazo, como son el León de Plata de Venecia a mejor dirección y el Globo de Oro a mejor director.
La extensión del metraje ya será de por sí un aspecto que distanciará a una buena parte del público de las salas comerciales, pero es que además no es una historia sencilla. Vaya por delante que el ritmo no es uno de sus problemas. Por más que sea un verdadero viaje en el tiempo y a lo largo de años muy convulsos, mantiene el interés a cada instante y se desarrolla a toda máquina, sin concesiones.
La arquitectura como recordatorio de la memoria colectiva
The Brutalist arranca ya de una manera peculiar con una ominosa banda sonora, compuesta por Daniel Blumberg, y unos títulos de crédito que recuerdan a los caracteres de imprenta de las publicaciones de la época.
En este contexto conocemos a László Toth, un arquitecto judío abocado a la indigencia tras haber hecho un peligroso viaje en barco hasta la costa estadounidense, huyendo de una peligrosa postguerra que lo ha puesto en una posición muy vulnerable.
En principio se instala en casa de un primo que lo acoge con los brazos abiertos, pero su particular estilo y sus ideas visionarias están muy lejos de su forma acomodaticia de ver la vida y su encaje en el negocio de decoración que intenta hacer prosperar no es el esperado.
Aunque Toth desea por encima de todo reconstruir su vida y reunirse con su esposa Erzsébet, de la que se vio obligado a separarse y que se encuentra retenida en la frontera austriaca junto a su sobrina, todos sus esfuerzos son en vano.
Solo cuando el adinerado empresario Harrrison Lee Van Buren lo conoce, empiezan a prosperar sus planes. El industrial le propone instalarse en Pensilvania donde recibe el encargo de erigir un gigantesco complejo multifuncional. Encuentra así un reconocimiento a su talento y la ayuda necesaria para conseguir la reunificación familiar, pero el coste personal es inmenso.
Es importante señalar que nuestro protagonista no es un personaje real y que, a pesar de que ciertos pasajes muestren obras arquitectónicas reales y roce en ciertos segmentos el documental, estamos ante una película de ficción. Eso no impide que el libreto esté inspirado en personajes reales, mezclando las biografías y detalles de las carreras de Marcel Breuer, Louis Kahn o Paul Rudolph.
Para a creación del inmigrante húngaro Toth (cuyo nombre se ha tomado del hombre que trató de destruir la Pietá de Miguel Ángel con un martillo en 1972), Brady consultó a Jean Louis Cohen, el historiador de arquitectura autor de libros como Architecture in Uniform: designing and building for the Second World War (2011). En buena parte se inspiró en él.
The Brutalist nos lleva a conocer el desarrollo de los Estados Unidos desde 1947 hasta el siglo XX y el impacto cultural del diseño industrial de la Escuela Bauhaus llevando la historia por dos derroteros diferentes que acaban confluyendo: la tragedia vital de una generación desarraigada y la dimensión metafórica de sus creaciones artísticas.

Ya desde que aparece por primera vez la Estatua de la Libertad, en el mismo comienzo de la película, somos conscientes de que no vamos a estar (solo) frente a la celebración de un legado admirable, sino también ante una obra que denuncia la perversión de una sociedad imbuida del espíritu de los grandes valores del bienestar pero también lastrada por la desigualdad y la corrupción.
Llegados a este punto hay que recalar en otro de los elementos distintivos de esta película: el formato. Es la primera película estadounidense rodada íntegramente en 70 mm en 61 años y la razón no es otra que retrotraer al espectador con facilidad al periodo temporal en el que se desarrolla la mayor parte de la historia, los años 50.
Respecto a las interpretaciones, el trabajo de Brody es impecable pero llama especialmente la atención la solidez de Guy Pearce dando vida a un personaje muy complejo y lleno de aristas.
The Brutalist es, en suma, una propuesta inusual, arriesgada e inquietante, con un primer segmento más digerible y un segundo demoledor en el que quedan claras las ambiciones de su director por trascender y perdurar en el tiempo, como lo hicieran las obras del estilo brutalista a las que nos hace volver los ojos.
Valoración
Nota 78
A pesar de su extensión, el ritmo no es un problema para The Brutalist, una propuesta dramática tan cruda como emocionante que nos guía por la trama a golpe de batuta con una banda sonora tan severa como el argumento.
Lo mejor
Una primera parte articulada con verdadero mimo para deconstruir el sueño americano utilizando la arquitectura como eje central.
Lo peor
Cómo el último tercio de la cinta se vuelve cada vez más explícito y desagradable para llegar a una conclusión extraña salto temporal mediante.
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The Brutalist (2024)
Título original
The Brutalist
Lenguage original
Inglés
Duración
3h 35m
Ingresos en taquilla
5.875.094,00 $
Presupuesto
9.600.000,00 $

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

