Las chicas del cable Temporada 2
Análisis

Crítica de Las chicas del cable temporada 2, ya en Netflix

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de la temporada 2 de Las chicas del cable, disponible en Netflix desde el pasado 25 de diciembre. Prtagonizada por Blanca Suárez, Maggie Civantos, Ana Fernández, Nadia de Santiago, Ana Polvorosa, Yon González, Martiño Rivas, Concha Velasco y Ernesto Alterio.

Lo prometido es deuda: desde el 25 de diciembre de 2017 está disponible en Netflix la segunda temporada de Las chicas del cable y después de ofreceros nuestras primeras impresiones del arranque de la serie, ya estamos en disposición de hacer un análisis completo.

La plataforma de VOD lanzó los 8 nuevos episodios en plenas navidades apostando una vez más por la primera serie de producción española original de Netflix después de que, todo sea dicho de paso, haya cosechado un notable éxito entre la audiencia. Esto confirma que no se equivocaron a la hora de detectar que había un nicho de mercado por cubrir.

"La elección", "El pacto", "Los celos", "La culpa", "Los secretos", "La soledad", "Las oportunidades" y "La inocencia" son los títulos de dichos episodios a lo largo de los cuales vemos la evolución de las protagonistas principales de la serie.

Esta nueva temporada de Las chicas del cable nos sitúa al término del año 1929. Nuestras cuatro protagonistas Lidia, Carlota, Ángeles y Marga, siguen tratando de vivir libres de ataduras tratando de ser "las dueñas de su propio destino", como tantas veces nos comenta la voz en off de Lidia, que sigue siendo la narradora de esta historia.

¿Las chicas del cable es una serie feminista?

La trama principal girará en esta ocasión en torno al secreto que las cuatro se verán obligadas a guardar: un suceso funesto que pudimos ver en el tráiler y que desencadenará una nueva forma de actuar y de relacionarse con los demás, afectadas por el shock, el miedo y la desconfianza. A raíz de este problema habrá una investigación policial que vendrá a sumarse a sus problemas familiares, sentimentales y profesionales en los que todo esto aterrizará como un verdadero tsunami.

¿Mejora o empeora la serie?

A nuestro modo de ver, claramente empeora y esto hay que decirlo sin ambages, porque es muy obvio a partir del tercer episodio. La gran virtud de esta segunda temporada de Las chicas del cable es la de convertirse en un culebrón a la inversa. La fórmula del género es la de estirar las tramas como un chicle durante una infinidad de episodios mientras que aquí lo que sucede es todo lo contrario: se condensan mil eventos en 45 minutos. El problema es que a pesar de su brevedad (recordemos que han sido dos temporadas de ocho episodios, es decir, dieciséis en total) hay constantes giros de guión que deslegitiman a los personajes. Eso, por no hablar la importancia que adquieren las tramas sentimental(oid)es.

Si nos chocaba en la primera temporada de Las chicas del cable la poco afinada visión de la sociedad de finales de los años 20, ahora que ya nos hemos acostumbrado a una banda sonora ajena a la acción y hemos aceptado las muchas licencias históricas, tenemos que enfrentarnos a otros problemas de verosimilitud y de continuidad: desde una visión torticera del supuesto feminismo que enarbola criminalizando primero a los personajes masculinos y redimiéndolos después a golpe de varita mágica, hasta el constante "donde dije digo, digo Diego".

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Lo importante no es la evolución del negocio de la telefonía, ni siquiera la emancipación femenina o la lucha por los derechos igualitarios: lo importante es con quién se acuesta Lidia/Alba. Esto es la antítesis del feminismo, porque termina siendo una mujer-objeto, a pesar de pretender convertirse justo en lo contrario. El sexo no puede estar más metido con calzador y con menos elegancia en tramas insustanciales y las interpretaciones están muy pero que muy lejos de la excelencia. Y no creo que sea por falta de talento del elenco (con actrices como Blanca Suárez en la palestra), sino más bien porque tienen poco a lo que agarrarse.

Con lo más importante, la historia, a la deriva, hay que ser justos y apuntar que sí que hay un plano en el que se percibe una gran mejora: en el técnico. Hay mejores encuadres, una voluntad de buscar iluminaciones diferentes y, en suma, una foto más cuidada. Lástima que no sirva de base a un desarrollo narrativo interesante. 

No deja de ser frustrante que la temporada 2 de Las chicas del cable evolucione a peor: cuesta mucho defenderla, la verdad, porque son muchas las veces que se desliza hasta bordear ridículo, como cuando trata de visibilizar al colectivo LGTBI o el de las personas que no se identifican con su sexo biológico. Hacer reivindicaciones actuales fuera de época es muy complicado pero si encima se hace mal y sin darle espacio a la trama a respirar, hasta mosquea.

Para más INRI se ven demasiado los cortes de la producción: hasta se nota cuando se han cortado el pelo las protagonistas. Y si tienes tiempo de pensar en semejante memez cuando te están metiendo tanta información en cada episodio es que las cosas no andan muy bien...

Tendremos que esperar a ver la tercera temporada de esta serie de Netflix, pero mucho tienen que cambiar las cosas para que se enderece, más allá de lo estrictamente visual.

Valoración

La segunda temporada de Las chicas del cable reincide en todos los problemas de la primera y ahonda aún más en ellos: el culebrón gana la partida desplazando cualquier viso de verosimilitud.

Hobby

50

Regular

Lo mejor

Las pestañas postizas XXL de Blanca Suárez. Bromas aparte, se percibe una mejora técnica: la foto y los tiros de cámara están más cuidados.

Lo peor

Las incoherencias y los vaivenes del guión... Las relaciones sentimentales lo definen todo y la reivindicación femenina que se apuntaba queda en nada.

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