Crítica de Cien años de soledad: hasta Gabriel García Márquez tendría que rendirse ante la adaptación imposible de su novela en Netflix

Análisis y crítica de Cien años de soledad, la obra magna de Gabriel García Márquez que se ha convertido en uno de los mayores triunfos culturales del cine latino en Netflix.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Todos conocemos el inicio de El Quijote, y todos deberíamos hacer lo propio con la obra maestra de la literatura latinoamericana que es Cien años de soledad.

Netflix ha conseguido lo más difícil: convertir la historia de la familia Buendía en una serie para su plataforma. Y el resultado es tan bello, tan conmovedor y respetuoso que hasta García Márquez tendría que rendirse ante esta producción colombiana.

Porque el escritor nunca quiso llevarla al cine. Era la obra de su vida, una novela imposible. ¿Cómo plasmar la historia de varias generaciones de los Buendía? Era un proyecto inabarcable, una empresa extremadamente arriesgada que temía no haría honor a su trabajo más reconocido. Esa era su opinión; no la de sus hijos.

Rodrigo y Gonzalo García vendieron los derechos para que Netflix construyese la adaptación imposible de filmar. Hoy nosotros recogemos la recompensa. Mucho ha cambiado en la producción cinematográfica desde el fallecimiento de Gabriel García Márquez en 2014 y esa es la razón fundamental que lo ha permitido: en 2024 se pueden cumplir las reglas de la familia García.

Cien años de soledad es una serie colombiana, con actores latinoamericanos y grabada en español. Una utopía entonces; una realidad hoy. Es un triunfo cultural que abre las puertas para que nuevas generaciones descubran la obra inmortal de Gabo, revitalizando su legado.

Dirigida por Laura Mora (Los reyes del mundo, El robo del siglo) y Álex García (Star Wars: The Acolyte, The Witcher), Netflix va a cerrar el año con una monumental serie que, con sus diferencias, resucita la huella indeleble de un clásico eterno de la literatura universal.

La epopeya onírica de los Buendía

Dividida en dos partes de ocho episodios a razón de 60 minutos cada uno, el estreno de Netflix narra la vida de siete generaciones de la familia Buendía en la eterna y ficticia Macondo, capital del realismo mágico que de forma tan orgánica enlaza la serie con el original.

Como toda historia familiar, los Buendía y sus generaciones vivirán la soledad y el amor, el olvido y la ambición, pero será el tiempo el protagonista que guiará sus destinos por un tejido bordado entre el pasado, el presente y el futuro, haciendo de cada etapa un embriagador viaje onírico.

Todo empieza con José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán, dos primos enamorados en el fervor de su juventud sobre los que planeará la sombra de una maldición fruto del incesto: la malformación de su linaje. Condenados por la culpa, se embarcarán en un viaje para encontrar un nuevo hogar que surgirá de la desesperación: Macondo, un pueblo nacido de la tierra, el agua y la esperanza.

José Arcadio es un soñador. Ensimismado por el futuro, la ciencia y el descubrimiento, se vuelve incorregible después de conocer a Melquiades, un gitano que lo introduce en la alquimia y la navegación astronómica. Pero la autoridad de la casa es Úrsula.

Administradora de la herencia de su padre, son su tenacidad y su fortaleza las que permiten que las raíces de la familia sean recias y longevas, a pesar de los desvaríos de su primo y amante.

José Arcadio Buendía y Úrsual Iguarán
José Arcadio Buendía y Úrsual Iguarán

Y ahora que te he llevado hasta las ramas más altas del árbol genealógico de los Buendía, si no conoces la historia original puede que con un puntito de curiosidad y otra pizca de escepticismo te preguntes: ¿De qué va realmente?

Cien años de soledad es un libro con una estructura narrativa compleja a la que cuesta llevar el ritmo, pero entre sus relecturas se esconde algo mucho más interesante que una historia costumbrista de entretenimiento. No es de lo que se trata, sino de lo que quiere contar.

Ahí es donde la serie hace un trabajo de orfebrería desentrañando la complejidad del original: es una historia sobre la soledad inherente a la condición humana, el peso de la memoria, la fragilidad del poder y, sobre todo, los ciclos inevitables de la vida. Su fortaleza son sus personajes y su contexto; son una invitación a reflexionar sobre la naturaleza del tiempo y la búsqueda del sentido.

Netflix se inclina ante García Márquez

Pedían los hijos de Gabo que novela y serie se vivieran como experiencias independientes. Decía su directora que no aspiraba a que la serie superara al libro. No sé a cuál darle más el título de imposible, pero lo que tengo claro es que, más allá de las diferencias, Netflix ha conseguido trasladar la magia literaria y su profundidad evocadora a la televisión de mi casa.

Una de las decisiones que más puedo aplaudir de esta adaptación es la voz en off que sirve de hilo conductor durante toda la serie narrando pasajes literales de la novela, consiguiendo con una técnica sencilla vincular emocionalmente al lector y respetar, al mismo tiempo, el trabajo original.

Es difícil, de hecho, imaginar a otros intérpretes dando vida a la familia Buendía cuando has visto la temporada. Desde Marleyda Soto como Úrsula en su vejez, en una combinación poderosísima de fortaleza y pragmatismo; Claudio Cataño y la difícil melancolía de Aureliano o el vigor y la ambición del propio José Arcadio de Marco González.

Además del farragoso trabajo narrativo que supone plasmar la vida de siete generaciones con un material original plagado de descripciones extensísimas en una estructura no lineal, la gran preocupación de García Márquez es que el cine, de forma inevitable, pone caras a sus personajes.

Ese es el punto mágico y romántico de la radio y, en este caso, de la literatura. Su poder evocador e imaginativo es un elemento imprescindible de la novela que ayuda a integrar de manera natural lo fantástico en la realidad cotidiana. Así que levanta el ala de tu bombín, porque hay que hacer una reverencia a la fotografía de Paulo Pérez y María Sarasvati.

Sólo tienes que ver el cartel de la serie; cada fotograma podría convertirse en un cuadro que represente su espíritu de ensueño. De verdad, tiene tanto volumen que casi puedes atrapar su magia con las manos. Un trabajo impecable que se nutre del maquillaje, el vestuario y los escenarios para hacer posible lo imposible.

Sí, sé que muchos te van a decir que tiene una evolución lenta, que algunos diálogos pueden parecer toscos o incluso que no captura la vitalidad y complejidad de la obra original. Puedes darles la razón a todos; la tienen. Pero yo no estoy sentado esperando a Michael Bay, sólo quiero sumergirme en la magia costumbrista tan poética de ese microcosmos de América Latina que es Macondo. Y eso es justo lo que ofrece.

Entre tonos colombianos el mercado de Macondo cobra vida. Los gitanos y las festividades se convierten en un fascinante redescubrimiento visual de la novela con un enfoque pintoresco. Es, simple y llanamente, un lugar en el que quiero estar, que quiero seguir redescubriendo y en el que quiero sumergirme.

Es necesaria la pausa para la reflexión, más si lo que buscan sus creadores es la fidelidad al material original. Hay mucho de filosofía y simbolismo en la recompensa de Cien años de soledad que sólo pueden llegar con ese ritmo que, aunque denso, es imprescindible.

No voy a negar la mayor; hay puntos en los que se rompe ese idilio y puede carecer de la sutileza y la sensibilidad del texto de García Márquez. Resultados inevitables de romper con la imaginación que mencionaba hace un momento. Y no seré yo quien rompa el deseo de los hijos de Gabo.

Cien años de soledad no podría tener una mejor adaptación. Es un hito a celebrar para cualquier espectador que quiera abrir las puertas a una de las historias más fascinantes de la literatura, y creo, de hecho, que es un ejercicio de respeto y pasión que se transmiten en cada episodio.

Nos guste más o nos guste menos, las novelas clásicas son difíciles de gestionar para llegar al gran público; la serie puede ser la catalizadora de, al menos, un intento más fructuoso que la obligación que llega de las aulas para los más jóvenes.

El legado de Gabriel García Márquez nunca había estado tan vivo. Lo paradójico es que lo consiga, precisamente, aquello que nunca imaginó ver: su mayor obra reinventada en la pantalla de millones de hogares por todo el mundo. Hay tiempo para la lectura en la espera para la segunda parte.

Valoración

Nota 90

Cien años de soledad no podría tener mejor adaptación: Combinando respeto por la obra original, visuales deslumbrantes y un elenco sobresaliente, aún con vaivenes en el ritmo y la precisión, la serie es un triunfo cultural que revitaliza el legado de García Márquez.

Lo mejor

La fotografía es un espectáculo mágico que rinde homenaje al texto original y las interpretaciones hacen de ella una adaptación conmovedora.

Lo peor

La misma conclusión de García Márquez: la inevitable pérdida de imaginación literaria es su mayor caballo de batalla.

Cien años de soledad (Serie TV)

Cien años de soledad (Serie TV)

Compañía

Netflix

Hobby90Excelente

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