Análisis

Crítica de El condón asesino. ¿La peor película de la historia?

Por Rafa Domínguez

Reseña de El condón asesino, dirigida por Martin Walz y basada en el cómic de Ralf König. La historia de unos condones asesinos que amenazan los genitales de media Nueva York... y nuestra propia integridad mental. ¿Es la peor película de la historia? ¡Lo analizamos!

¿Qué podría salir mal? Los usuarios votarán la peor película que pase por sus ingeniosas (y malvadas) mentes y tendremos que analizarla. Será divertido, decían. "Será divertido", se sumaba un servidor tirando de entusiasmo. Y entonces conocimos el veredicto en Hobby Consolas: la elegida es la crítica de El condón asesino. Una palmadita en la espalda y que suenen las cornetas. Salve, lectores, el que va a morir os saluda.

Cuando te adentras en lo más profundo de las cloacas fílmicas y te encuentras con otros compañeros que tuvieron que sobrevivir al ataque de joyas como Birdemic: Shock and Terror, empiezas a paladear ese regusto a serie Z que está a puntito de perturbar tu felicidad. Todos partimos, visto lo visto, de esa misma conclusión anticipada: "Ah, no, si las películas malas, pero malas de verdad, son divertidas". Ese análisis que, oh inocentes de nosotros, podríamos resumir en que existen producciones tan, tan malas que son buenas. Sharknado sale pronto a escena para defender la teoría, pero cuando un condón dentado te salta a la cara... eres expulsado inmediatamente de los mundos de Yupi. Expectativas bajas, una bocanada de aire y a entrar en materia profiláctica. ¿Estamos ante la peor película de la historia?

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El condón asesino, estrenada en 1994, está dirigida por Martin Walz y co-escrita por el propio Ralf König, autor del cómic en el que se inspira y toda una celebridad alemana en los tebeos de temática gay. Al frente de este esperpento tenemos como protagonista a Udo Samel, que hace las veces de Luigi Mackeroni; un siciliano homosexual, fumador y policía que se podría ahogar entre las impenetrables (guiño, guiño) nubes de humo que lo rodearán desde su presentación. Éste tendrá que resolver un conflicto tan grotesco como el propio título de la película nos indica y que se resume, en palabras del propio comisario, con: "hay pililas cortadas por todas partes".

Kondom des Grauens

Después de unos títulos de crédito iniciales en los que parece que vamos a ver un capítulo de Seinfeld comienza la fiesta. Nos trasladan a la sede de la decadencia humana; un hotel de mala muerte donde se reparten condones como picaduras de mosquito en época estival. El título deja poco lugar a la imaginación, así que en unos minutos empezaremos a disfrutar de un festival de sangre y genitales amputados, a la par que tratan de colarnos algo de crítica social sacando a escena las repugnantes prácticas a las que puede llegar el hombre. Detrás de cajas y cajas de gomas (otro de los infinitos sinónimos que nos vendrán a saludar en la cinta) abiertas se esconde una conspiración que... Será mejor que dejemos lo peor para el final.

El inspector Mackeroni dirige la evolución de la trama a través de la investigación y nos deleitará con monólogos interiores a la luz de las farolas en su pervertida e inmunda visión de Nueva York y su sociedad. Sé que no me creeréis cuando lo leáis (y con toda seguridad tendré que lavarme las manos después de escribirlo), pero su director buscó impregnarle cierto tono de cine negro a la cinta aprovechando las cualidades de la historia original. Ya sabéis, lo del protagonista atormentado perseguido inagotablemente por su propia sombra en una iluminación de clave baja y grandes contrastes. En este caso, y por ponernos metafóricos, imaginad un palacio cuya argamasa esté formada por saliva y excrementos. No sólo se tambaleará por su debilidad, sino que da hasta un poco de grimita. Eliminamos lo de "palacio" y por ahí van los tiros.

La ambigüedad con la que tratan su incapacidad técnica y narrativa es exasperante. Por momentos parece ser autoconsciente y sabe que estamos ante un auténtico insulto fílmico; en otros, por contra, podríamos decir que se vanagloria de ideas que harían llorar a la Troma... si no fuese porque se encargaron de su distribución en Estados Unidos. Sí, amigos, y todavía tendremos que aguantar un homenaje al genio de Hitchcock y su famosa escena de Psicosis. Hay que tenerlos bien puestos.

Seguro que a estas alturas, os estaréis preguntando con nosotros si esta es la peor película de la Historia. Sopesando la cinta con cierta perspectiva, los dos primeros actos pueden tener hasta su gracia. ¿Alguien ha dicho Síndrome de Estocolmo?  El fruto del original permite que el personaje de Mackeroni y su particular personalidad tenga cierto gancho. El resto de personajes, histriónicos y extralimitados, logran levantar algunas carcajadas —mínimas— con diálogos que jamás optarían a mejor destino. Todo esto es posible... porque su último tercio es infumable. Una estupidez tan salvaje que es capaz de hacer del resto de la película algo soportable, y eso que necesité hasta cuatro intentos para poder llegar a esta última media hora; por poner en contexto las limitaciones de su humor.

Kondom des Grauens

No contenta con lo vivido ofrece un gran colofón final: una enseñanza en forma de discurso por la libertad que, estoy seguro, resucitaría al mismísimo William Wallace... para después ensartar a su protagonista como una picota. La sátira social original de Ralf König, que tanto éxito le cosechó en su época, queda diluida en un escaparate grotesco que recuerda más a una burla infantil que a una propuesta en firme. No vale con plasmar ideas en un monólogo disparado a quemarropa para levantar una resolución tan atroz que incluso desmerece a las pobres gomitas hambrientas. ¡Eh, que incluso hacen soniditos con los que no podría competir ni Gizmo!

Como ya puso de manifiesto el éxito de Torrente en el recuerdo de las caspas vigentes en la sociedad española, El condón asesino pretende recuperar esa crítica feroz que siempre han realizado los autores del Viejo al llamado Nuevo Mundo; la visión crítica del que mira con distancia los sacos de basura sin recoger del vecino. Adjudicarle ese valor a la adaptación cinematográfica sería demasiado atrevido, pero le concederemos el intento por aquello de ser condescendientes.

¡Pero tranquilos! Todavía quedan oportunidades para acabar con la redacción de Hobby Consolas a fuerza de pelis malas y, como habéis podido ver en el vídeo que encabeza este texto, el testigo le llega a nuestro Daniel Quesada, que tendrá que enfrentarse a las más recónditas y tenebrosas producciones que se os pasen por la cabeza. Es la hora de la venganza: ¡no me decepcionéis!

Valoración

Algunos chistes con gracia en un esperpento que ridiculiza sus propios intentos de elaborar crítica social. Su último tramo es para cambiar el colirio por ácido sulfúrico.

Hobby

20

Malo

Lo mejor

La rocambolesca figura de Mackeroni, a cuentagotas, algún que otro gag bien medido y los intentos de hacer crítica social en serie B.

Lo peor

Los últimos treinta minutos son absolutamente soporíferos.

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