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Disomnia
Análisis

Crítica de Disomnia, el thriller postapocalíptico en el que la Humanidad pierde la capacidad de dormir

Crítica de Disomnia, el thriller postapocalíptico en el que la Humanidad pierde la capacidad de dormir, de estreno en Netflix el 9 de junio de 2021.

Tradicionalmente, el cine ha visto en la necesidad humana de dormir un increíble handicap: una brecha de tiempo durante la cual somos más vulnerables que nunca dado que no somos dueños de nuestro cuerpo y nuestro cerebro necesita procesar y ordenar una ingente cantidad de información. Esa idea se explotó en películas como La invasión de los ladrones de cuerpos y su remake, La invasión de los ultracuerpos (ambas muy recomendables), por no hablar de la clásica saga de terror inaugurada por Pesadilla en Elm Street en el que Freddy Krueger podía colarse en los sueños de sus víctimas e incluso acabar con ellas. 

Disomnia, titulada en su versión original Awake (Despierto/a) se centra en un evento global que hace que las personas, sin embargo, no puedan dormir y como bien hemos aprendido de los experimentos derivados de la privación de sueño y de las torturas y atrocidades cometidas contra nuestros semejantes utilizando esta terrible técnica no dormir puede llevar a la muerte, pero después de "freír" el cerebro, lo que conlleva pasar por estados psicóticos, paranoides, sufrir alucinaciones, disociaciones y toda clase de trastornos poco o nada placenteros. 

"Disomnia" es, de hecho, el término general por el que se conocen distintos desórdenes relacionados con el sueño que van desde la dificultad para conciliarlo hasta sentir una excesiva somnolencia que puede llegar a ser incapacitante.

La película, dirigida por Mark Raso, cuyo guión co-escribe junto a Gregory Poirier y Joseph Raso en una historia creada por el propio Poirier es una distopía que arranca presentándonos una familia que tendrá que enfrentarse a una dura situación: tras un apagón global, las personas pierden la capacidad de dormir.

Es cuestión de tiempo que la gente comience a perder la cabeza al estar tanto tiempo despierta, pero la clave de la cura podría residir en la hija de Jill, una exsoldado con un pasado problemático dado que la pequeña es una de las pocas personas que aún pueden conciliar el sueño. En una base secreta se está experimentando con estos excepcionales sujetos y Jill, a regañadientes, conduce hasta allí a su familia con la esperanza de encontrar un remedio antes de la que sociedad se vaya al garete.

Uno de los mayores problemas a los que se enfrenta Disomnia es al hecho de que los personajes no son atractivos ni se logra vincular emocionalmente a los espectadores con ellos. Tampoco hay grandes alardes de medios: la cinta pedía jugar con los límites de la consciencia, pero es bastante plana a la hora de afrontar los problemas de los insomnes ciudadanos con los que se topan Jill y compañía.

Aunque la tensión es constante y no paran de suceder cosas, los giros de guión no son brillantes y hay una excesiva falta de ambición para hacer crecer la historia, muy contenida en un grupo pequeño de personajes.

En resumidas cuentas, Disomnia daba para muchísimo más: ni da miedo, ni consigue desarrollar de forma fructífera todas las ideas que podrían derivarse de la premisa principal y es bastante torpe a la hora de esbozar su crítica hacia la forma en la que explotamos a los animales para experimentar en ellos o lo particularmente endeble que es nuestra sociedad. De hecho, los seres humanos dependemos de tantas pequeñas cosas que resulta casi milagroso que no nos hayamos extinguido ya.

Y ahora, de propina, vamos a contestaros todas las preguntas que os van a surgir viendo la película y que no logra contestar. El tiempo máximo documentado que ha pasado una persona sin dormir son 264 horas, que equivalen a 11 días y 12 horas. Lo consiguió Randy Gardner, un estudiante de California en 1964. 

Sin embargo, ya dentro de las primeras 12 a 24 horas sin dormir empiezan a darse una de síntomas leves o blandos de carácter subjetivo como irritabilidad, malestar, desánimo y alteraciones de la concentración y la memoria. Entre 48 y 72 horas sin descanso aparecen problemas de reflejos y en los tiempos de reacción frente a los estímulos, movimientos involuntarios de los ojos y una acentuación de todos los síntomas previos además de una potente somnolencia y más allá de las 72 horas el cuerpo "se rebela" con grandes alteraciones metabólicas que van desde el sistema hormonal hasta el inmune y se acompañan de hipotermia. ¿No es obvio que una cuenta atrás hacia el abismo de la desesperación habría contribuido a meterle un extra de adrenalina a la historia?

Alucinaciones severas, delirios y cuadros psicóticos se acaban convirtiendo en una agonía final que puede terminar en la muerte del sujeto. Y ya si nos ponemos a indagar en los límites éticos que habría que traspasar para investigar más allá de estas fronteras, entonces sí que perderíamos el sueño. Disomnia se queda lejos de este objetivo proponiendo una constante huida hacia delante y un final bastante simplón. ¡Qué oportunidad desperdiciada para crear una película espeluznante o al menos para recordarnos los frágiles que somos! ¡Y qué poco se explota el talento de actrices como Jennifer Jason Leigh de la que hemos disfrutado recientemente en La historia de Lisey!

Valoración

Lenta y poco profunda, esta película daba más bien para un cortometraje resultón. De todos los aspectos sobre la privación del sueño sobre los que podría profundizar, elige quizás el menos interesante, centrándose en una huida por momentos desesperante.

Hobby

55

Regular

Lo mejor

La estimulante premisa inicial, que supone una curiosa vuelta de tuerca en el género.

Lo peor

Lo desaprovechada que está Jennifer Jason Leigh y la simplona resolución de la trama. Se hace bastante pesada.

Y además