Crítica de Emily en París 4, parte 1: moda reivindicativa en una temporada menos frívola

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Crítica de la primera parte de la cuarta temporada de la comedia de Darren Star Emily en París, que regresará en septiembre a Netflix para su resolución.
¿Alguien estaba pidiendo algo ligero y fresquito para ver en verano? Netflix ha oído nuestras plegarias y nos ha traído la cuarta temporada de Emily en París, aunque en esta ocasión en lugar de lanzar del tirón sus diez episodios solo nos ofrece los cinco primeros. El resto se estrenará el 12 de septiembre. Y el avance ya nos ha presentado un nuevo personaje que va a dar juego: Mauricio.
Pero parece que Darren Star está dispuesto a sacudirse (un poco) la fama de frivolidad y busca adentrarse en otros terrenos distintos... Sin renunciar al apabullante estilo visual de la serie, que sigue exprimiendo los outfits de sus protagonistas ahora también con una voluntad de reivindicar ciertas ideas y denunciar comportamientos no solo inapropiados sino delictivos en el entorno de trabajo.
¡Que nadie se lleve las manos a la cabeza! Ésta sigue siendo una serie amena y divertida con un puntito picante, lejos de Los Bridgerton (a los que se refiere sin pudor a colación de un carruaje que se cuela en una escena como el que tanto dio que hablar en la tercera entrega en una referencia interna divertida), pero con extra de salseo en las relaciones de Emily, Mindy y Camille...
Razón por la cual hay en mente un crossover que se antoja imposible pero tendría su gracia con los personajes de Sexo en Nueva York. Pero no adelantemos acontecimientos, vamos a centrarnos en la cuarta temporada de Emily en París.
Recapitulando al son de la marsellesa
El explosivo final de la tercera temporada dejó un panorama tremendo. Al comienzo de la cuarta, Netflix tiene la deferencia de hacernos un resumen para recordar en qué punto nos quedamos: la relación de Emily y Alfie se iba al cuerno cuando Camille, ya en el altar y a punto de contraer matrimonio con Gabriel, se negaba a dar el sí quiero porque sabía que él estaba enamorado de Emily.
Estas declaraciones las hacía en público y a la vista de todo el mundo, lo que hace que Alfie quiera meterse debajo de una piedra. Para mayor escarnio, hay toda una campaña publicitaria en torno a su historia de amor, en la que ambos aparecen besándose. Y todo esto va a estallar en pleno Roland Garros. Booom.
Gabriel, además, tiene un problema adicional que puede condicionar su vida para siempre: el embarazo de Camille. No sabe nada sobre la relación más que amistosa que hay entre ella y la artista griega Sofia y tampoco se atreve a ir a por todas con Emily por aquello de ser fiel a una promesa de la que ya nadie se acuerda.
El muchacho es íntegro y quiere centrarse en su preciada estrella Michelín, para lo cual contratará a un genio de la repostería que crea trampantojos culinarios, siguiendo un mal consejo.
Emily se ve "compuesta y sin novio", mientras que la relación de su amiga Mindy pasa por un mal momento: el padre de Nicolas de Léon no la acepta tal cual es y además debe encararse a sus acciones.
Es en este punto en el que entran el colisión los intereses de Sylvie Grateau: ella tiene el poder de delatarlo y echarle a la prensa encima, pero entonces perderá la financiación que su marido necesita para abrir su negocio.
Los secundarios Luc y Julien siguen funcionando de maravilla como alivio cómico y Midy adereza algún episodio con su prodigiosa voz versionando clásicos de todos los tiempos. No tal mal. En fin, estas son las cartas que juega la serie al comienzo... pero ¡todo se irá complicando muy pronto!
Si de algo puede enorgullecerse Emily en París es de mostrar una ciudad idílica y maravillosa. En esta ocasión no solo pasearemos por el Pont Neuf sino que nos sacará de la capital francesa para visitar el jardín de Claude Monet (una gozada auténtica) en Giverny.
Y Lily Collins completará su transformación definitiva en Audrey Hepburn en la segunda tanda de episodios en uno titulado Vacaciones en Roma... pero eso, aún no hemos podido verlo.
Lo que está claro es que la serie remonta metiéndose en otros jardines (y no nos referimos solo al del pintor impresionista), aunque ya deje ver de manera algo predecible la deriva de ciertos personajes. Por lo pronto, consigue sorprender y nos regala mucho la vista. Quedan por cerrar muchos arcos argumentales, pero desprende un encanto particular que la hace irresistible.
Valoración
Nota 68
La cuarta temporada de Emily en París se centra un poco, al menos en su primera tanda de episodios para prestarle atención a asuntos más importantes, lo que se agradece. Sigue siendo un pasatiempo refrescante pero hay algo más que estética y enredos en la serie.
Lo mejor
Las tramas conjugan lo culebronesco con alguna que otra historia más reivindicativa, que se transfiere a los outfits. Buena jugada.
Lo peor
¡Otra vez la manía de dividir las temporadas en dos partes!


