Fahrenheit 11/9
Análisis

Crítica de Fahrenheit 11/9, el nuevo documental de Michael Moore

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Fahrenheit 11/9, el nuevo documental de Michael Moore que critica la administración Trump y alerta sobre el auge de la xenofobia.

Que Michael Moore es una figura controvertida es algo que está muy claro y que su documental Fahrenheit 11/9 tiene una finalidad propagandística, obvio, sobre todo teniendo en cuenta la proximidad a las elecciones de mitad de mandato. La idea era espolear a los contrincantes de Trump, apartándose del núcleo duro de los demócratas y dándole voz a nuevas figuras políticas cuya finalidad última es la de regenerar una democracia dañada por el corporativismo y el capitalismo salvaje.

Y no hay más que ver el resultado de esas elecciones para darse cuenta de que ha sabido poner en dedo en la llaga: la marea azul no ha conseguido arrebatarle el Senado a los republicanos pero sí la Cámara de Representantes y son las elecciones en las que mayor diversidad de género y credo se ha dado hasta la fecha. 

Todos los documentales de Michael Moore

El cineasta a estas alturas tampoco esconde sus intenciones: vehicula de fábula el desencanto político hacia figuras como Obama y la desafección generalizada por un sistema que parece haber dado la espalda a los menos pudientes... aunque sí que hay que señalar una novedad respecto a la fórmula: su vehemencia habitual encuentra algo de autocrítica en esta película, algo más "rendida" a la evidencia de que tiene más en común con su enemigo ideológico de lo que le gustaría. Se pone antes la venda que la herida para aclarar algunas cosas y deja de lado su habitual humor corrosivo para darle un aire mucho más dramático y apocalíptico a este documental... a priori centrado en Trump.

Cuando ves el cartel promocional de Fahrenheit 11/9 en el que se lee "Donald Trump. Tirano. Mentiroso. Racista. Todo en uno" y un fotomontaje en que lo vemos jugando al golf con una granada que estalla en la Casa Blanca deja sus intenciones diáfanas. El presidente de los Estados Unidos tiene una mentalidad caracterizada por el machismo, la xenofobia y la aversión al fracaso que le lleva a adoptar estrategias de comunicación muy manipuladoras: desde vilipendiar a quien le conviene hasta manipular la información o lanzar globos sonda. Cualquier cosa para reescribir la verdad a su antojo.

Pero ya no es el momento de burlarse de él por su relación más que inapropiada con su hija, sus escándalos familiares o la irresponsabilidad que supodría poner a su disposición el botón nuclear: eso la lo hizo Obama y solo consiguió echarle un pulso que perdió. Es más bien el momento de preguntarse hasta dónde más puede llegar este hombre de hábitos capilares excéntricos con sus ideas, que, al margen de que se compartan o no, están erosionando de forma irreparable algunos de los pilares fundamentales de la sociedad y, sobre todo, dividiendo a una población polarizada al máximo. Su valor como símbolo es tan importante como su valor como marca comercial.

Fahrenheit 11/9 plantea varias cuestiones a las que nunca logra dar respuesta: ¿Cómo c***ño ha podido acabar Trump en la Casa Blanca? Plantea que sí, que fueron los rusos quienes le dieron el poder, pero no aporta ninguna documentación o dato para refrendar esta tesis. El balance es mucho más positivo si nos atenemos a la gestión de sus adláteres a la hora de llevar a cabo políticas que claramente dañan a comunidades deprimidas como Flint y a mercadear incluso con sus recursos y su salud. Ésta es la parte más conmovedora y mejor documentada con diferencia de la película y la que removerá las entrañas de la audiencia porque pone de relieve una información escandalosa y hasta infame de la que se han hecho eco ficcional series como House of Cards en su temporada final.

En realidad, el documental deja la sensación de que Moore podría haberlo hecho mejor a la hora de poner en la picota a Trump (y ayudar incluso a fundamentar un futuro impeachment). Cada titular que protagoniza diariamente, cada nuevo tweet, cada nueva decisión, tiene un calado tal calibre que podría haber alimentado una ametralladora dialéctica mucho más contundente y precisa a la hora de hacer añicos su figura política. Y lo peor es que no consigue abstraerse de utilizar exactamente la misma táctica que critica: crear miedo, una especie de estado de emergencia para movilizar al público. Parece que ha surtido efecto en el corto plazo, pero comparar a Trump con Hitler debe ser música para sus oídos y solo le da carnaza fácil por no hablar de que no libra la batalla en el terreno apropiado: la educación. A la película le sobra efectismo y le falta didactismo y ejemplaridad.

Fahrenheit 11/9

La lectura profunda que nos concierne a nosotros es preguntarnos si puede sucedernos lo mismo: si de hecho ya nos está sucediendo. Si hay algo que rescatar de Fahrenheit 11/9 es la capacidad que tiene de hacernos reflexionar muy en serio sobre cómo nos manipulan y qué papel podemos jugar para cambiar las tornas a pesar de la desafección de la gente hacia la política. A lo mejor es hora de pasar a la acción, sugiere Moore abrazando movimientos que os traerán a la cabeza el 15M y que han encontrado en la inmediatez de Internet un aliado. Veremos si tiene razón o no: hay algo de ingenuidad en su predisposición a pensar que esa puede ser una respuesta viable, de eso ya sabemos algo en este país a pesar de tener una democracia mucho más joven.

Al final es como el endurecimiento de las campañas de la DGT: los anuncios de cadáveres en el asfalto solo le quitan el sueño a los buenos conductores...

Valoración

Michael Moore hace algo más que lo que sugiere el cartel de Fahrenheit 11/9: no solo advierte acerca de la toxicidad de un presidente como Trump sino de la escalada de una ideología xenófoba y despótica próxima al fascismo que ahonda en las desigualdad social y se vale de estrategias de comunicación muy manipuladoras.

Hobby

77

Bueno

Lo mejor

Que la película consiga ser un altavoz para quienes están silenciados y que se desenmascaren situaciones bochornosas.

Lo peor

Su aire apocalíptico hace que al salir del cine sientas que está próxima una Tercera Guerra Mundial. Hace lo mismo que critica: sembrar miedo.