Crítica de Una función inesperada (Ezra), una visión desromantizada del autismo

Crítica de Una función inesperada (Ezra), dirigida por Tony Goldwyn y protagonizada por William Fitzgerald, Bobby Cannavale, Robert de Niro, Rose Byrne y Vera Farmiga.
Probablemente el gran valor de Una función inesperada sea extracinematográfico. Profundizo en la idea para hacerla inteligible: estamos ante un drama familiar con una clara tendencia al telefilm desde el primer momento, que rezuma ideas de fórmula y busca conmover al espectador, la mayor parte de las veces sin demasiado recato. Vale. Pero tiene sustancia.
Es además una película que cuenta con el presupuesto necesario como para juntar a un repartazo de altura en el que destacan Bobby Cannavale, Robert de Niro, Rose Byrne y Vera Farmiga (en un rol en las antípodas de la inminente Expediente Warren: El último rito), a los que se une el joven William Fitzgerald en el rol protagonista.
Así que con medios e ideas, raro sería que no fuera capaz de articular una pieza interesante alrededor de la temática que aborda: el autismo. Y es ahí, por su capacidad para abrir debates y poner sobre la mesa problemas reales de las familias que tienen que afrontar la crianza de un niño con autismo en un mundo que les resulta particularmente hostil, donde brilla de verdad.
Max y Jenna están separados, pero siguen unidos porque adoran a su hijo Ezra, de 11 años, que tiene autismo. Sin embargo, no están de acuerdo en la manera de ayudarlo a integrarse. Max es partidario de que estudie en una escuela pública en la que adquiera las habilidades para relacionarse pero Jenna estima que necesita una escuela específica para niños con necesidades especiales.
Ezra es víctima de bullying en la escuela y tiende a alborotar la clase con sus ideas revolucionarias, así que reciben un ultimátum por parte de la escuela.
De manera adicional, Max tiene una vida bastante desarticulada: ha arriesgado su carrera por el sueño de convertirse en un prestigioso cómico de stand-up comedy y no le queda más remedio que convivir con su padre Stan, un excéntrico chef que ha colgado el mandil para trabajar como portero.
Cuando empieza a ser medicado hasta quedarse grogui y es obligado a ingresar en una nueva escuela, Max toma una arriesgada decisión: llevarse a su hijo en plena noche para llevarlo a recorrer el país en un viaje sin destino fijo. Será un viaje en el que Max aprenderá mucho de Ezra y de sí mismo.
Una función inesperada consigue aportar una mirada bastante limpia hacia el autismo en el sentido de que no lo trata, como en otras ocasiones, como un hecho asociado a las altas capacidades o a perfiles brillantes de niños prodigio como la reciente Wolfgang.
Se habla de aspectos tan directos y cotidianos como no soportar el contacto ni siquiera de las personas a las que quieres, las manías o los problemas de integración asociados a no comprender la ironía, las segundas intenciones o el subtexto de las conversaciones.
Y se habla también de posiciones distintas a la hora de gestionar todo esto con toda naturalidad. Spoiler: no hay una varita mágica ni una opción enteramente satisfactoria que sirva para todos los perfiles porque no hay dos niños iguales.
La película también trata de hacer gala de un sentido del humor perenne, que unas veces funciona per se y otras nos lleva a un perfil que roza el patetismo, que es el que adopta Bobby Cannavale como eterno aspirante a comediante al que la realidad se le atraganta en los monólogos. Un payaso triste pero que trata de ingeniárselas para reírse de lo que le ha tocado vivir... cuando puede.
La segunda mitad de la cinta se decanta por una estructura de road movie que supone una especie de viaje iniciático para padre e hijo. El primero para darse cuenta de hasta qué punto es preciso que cambie su perspectiva y empiece a colaborar con su ex, el segundo para dejar de lado las limitaciones autoimpuestas y experimentar nuevas sensaciones como ser aceptado y dejarse llevar.
En resumidas cuentas, es una película que se mete en un jardín complicado, pero deja claros muchos puntos de vista divergentes que, por pura necesidad, tienen que llegar a un punto de equilibrio.
En el apartado técnico hay que señalar forzosamente la mala calidad del audio de algunas secuencias exteriores de Una función inesperada, que contrasta con los medios puestos a disposición de la película en otras partidas. No es habitual encontrar una falla tan evidente y notoria en una industria que suele estar muy engrasada incluso cuando no se trata de superproducciones.
Valoración
Nota 70
Una película con sentido del humor y el corazón en su sitio a la hora de denunciar las fallas del sistema a la hora de abordar cómo ayudar a las familias que tienen niños con autismo y distintas concepciones respecto a su crianza.
Lo mejor
Que muestre las dificultades reales que los padres encuentran para relacionarse con los niños diagnosticados con TEA.
Lo peor
El tono se precipita en ciertos aspectos al precipicio del telefilm y la interpretación de Cannavale no ayuda a aliviar esa sensación.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

