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Guapis
Análisis

Crítica de Guapis (Cuties), la polémica película que llega al catálogo de Netflix

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Guapis (Mignonnes), la polémica película francesa de Maïmouna Doucouré que la plataforma de streaming Netflix estrenará el próximo 9 de septiembre de 2020.

En algunas ocasiones, el mundo parece girar al revés, solo así puede entenderse toda la polémica generada alrededor de Guapis, titulada Cuties en versión anglosajona y Mignonnes en versión original.

Como bien sabréis ya muchos de vosotros, cuando apareció el cartel promocional en Netflix, Twitter se echó encima de la plataforma por considerar que incitaba a la pedofilia al mostrar a un grupo de preadolescentes de once años sobre un escenario en actitud provocativa.

De hecho, la película trata sobre una joven musulmana que conoce a dicho grupo de cinco chicas con aspiraciones artísticas que no dudan en utilizar su cuerpo para provocar a los demás. Mientras que su madre lidia con sentimientos encontrados al recibir la noticia de que su marido ha contraído matrimonio con una segunda esposa con la que tendrá que convivir, Amy encuentra en el baile una especie de refugio y de evasión mientras que pasa de la niñez a la adolescencia.

La cuestión es que, más allá de que el cartel de Netflix distara mucho de asemejarse al original (y haya forzado una disculpa pública incluso), el que encendió los airados comentarios es un fotograma de la película. Porque lo que denuncia es precisamente lo que se muestra en esa imagen. Dicho de otro modo, la repercusión mediática de Guapis ha sido provocada por una malinterpretación completa de sus intenciones fruto de la descontextualización.

Buscando aprobación social... en Internet

Mignonnes representa a la perfección un periodo inestable e inseguro como ese tránsito del que hablábamos y que tan bien refleja la película española Las niñas, aunque en un contexto social muy distinto al actual. Si en los años 80 y 90 aún imperaba cierta esquizofrenia heredada de la represión sexual que se dinamitaba en televisión en horarios de máxima audiencia, aquí tenemos otro contexto represivo como es el de un determinado culto religioso que oprime a la mujer y la somete a los deseos del marido mientras que los medios de comunicación nos venden la imagen hipersexualizada no solo de las mujeres adultas sino también de las jóvenes y hasta de las preadolescentes que encuentran una supuesta liberalización sexual en exhibir poses insinuantes imitando los estereotipos de género mainstream. ¿Dónde está el límite de lo socialmente aceptable?

Nuestra protagonista busca una válvula de escape y la encuentra sondeando su incipiente feminidad junto con un grupo de niñas de su edad que se planchan el pelo, bailan de forma sugerente y transgresora y utilizan unas minifaldas que parecen diademas. Es evidente que lo que llama su atención es la explosión de color, pero también la insinuación y por encima de todo, la necesidad de encajar y de gustar. Cuando el mundo se traduce en likes anónimos, ¿qué se puede ofrecer para alcanzar la mayor popularidad posible?

El problema está, como es lógico, en que no dejan de ser niñas que piensan que por tocar un preservativo van a contraer el SIDA y que van a matar "los virus" limpiándose con jabón y que tienen como pasatiempo favorito comer gominolas a puñados, aunque también les llame la atención el mundo adulto al que tarde o temprano ingresarán y que se traduce para ellas en lencería, ropa ajustada y más dudas que certezas sobre anatomía masculina.

La ópera prima de Maïmouna Doucouré cuenta con un reparto de niñas debutantes pero excepcionales y hunde el bisturí hasta el fondo para mostrar hasta qué punto puede una persona llegar a perderse en esa voluntad acérrima de gustar a todo mundo y con la que llega a traspasar demasiados límites. Y esto nos lleva a los momentos más escabrosos de Guapis, cuando lo que era una pueril insinuación corre el riesgo de convertirse en una situación de vulnerabilidad extrema delante de un adulto que podría aprovecharse de su ingenuidad o cuando en su cabeza hay tal lío que es incapaz de comprender cuál es el límite de su privacidad o llega a agredir a una compañera para hacer realidad un sueño que se transforma en pesadilla.

En suma, no es una película fácil ni agradable: ver a niñas arrastrándose por el suelo, a punto de desencajarse la pelvis haciendo twerking o adoptando poses de pin-ups que reproducen estereotipos machistas llega a resultar tan vomitivo como la forma en la que la cámara persigue y fragmenta sus cuerpos concentrando la atención en los movimientos de sus culos... Nada que no estemos hastiados de ver en videoclips, anuncios y toda clase de productos. Pero para nuestra desgracia es a lo que podemos seguir aspirando de continuar ofreciéndoles una paupérrima formación emocional, sexual y psicoafectiva a las niñas que recurren a los medios a su alcance para rellenar esos huecos y que terminan relacionándose de una forma completamente tóxica entre ellas, con sus intereses amorosos y, por desgracia, con sus propios cuerpos (ahí quedan esbozados también trastornos alimenticios y de conducta). ¡Qué forma tan trágica de abrirse al mundo!

Valoración

Incómoda, desagradable y... certera a la hora de denunciar la hipersexualización en los medios y los problemas de un grupo de jóvenes en edad de tránsito para desarrollarse de una forma saludable y apacible. Da mucho en lo que pensar.

Hobby

70

Bueno

Lo mejor

Afronta la polémica de frente mostrando secuencias desagradables pero necesarias para comprender las consecuencias de la sexualización de la mujer.

Lo peor

Te despierta la víscera y te llega a indignar que una persona que está comenzando a descubrir el mundo tenga modelos tan tóxicos a los que aferrarse.

Y además