Crítica de Las maldiciones, una miniserie concisa narrada en tres actos y protagonizada por Leonardo Sbaraglia

Netflix
Crítica
Añádenos en Google

Elígenos como tu fuente preferida en Google.

Crítica de Las maldiciones, adaptación de la novela homónima de Claudia Piñeiro con Leonardo Sbaraglia, Gustavo Bassani y Alejandra Flechner. Estreno en Netflix el 12 de septiembre.

Tan solo tres episodios componen Las maldiciones, la nueva miniserie de Netflix en la que se adapta la novela homónima de la escritora argentina Claudia Piñeiro en tres actos. Se trata de un intenso thriller político con trazas de drama familiar que aborda tanto la faceta pública como la íntima de un gobernador que trata de amañar la votación de una ley entre bambalinas.

La finalidad es poner de manifiesto las contradicciones de la élite de la "nueva política" así como sus intereses espurios y de paso ver también el coste de sus decisiones estratégicas en el largo plazo.

Se beneficia de la pertinencia del relato en la medida en que la trama se basa en aspectos ligados íntimamente a la realidad: la explotación de los recursos naturales a costa del bienestar de la población, el cinismo de unos pocos privilegiados que consideran que "la plata es lo más barato de las transacciones políticas" y de una estética que veces linda con el western y otras con el cine negro.

Medrar el política en el siglo XXI

El punto de partida de Las maldiciones es un secuestro. Zoe despierta en la parte de atrás de un coche conducido por Román, la mano derecha de su padre Fernando. Al principio, la adolescente no desconfía, pero pronto se da cuenta de que no se dirigen a la finca familiar, sino que han tomado un camino que ella desconoce y trata de huir.

Entre tanto, Fernando se encuentra contra la cuerdas. En el transcurso de los próximos días, va a someterse a votación una ley que él apoya en público pero pretende tumbar en secreto añadiendo adeptos a su causa in extremis.

Cuando descubre que su hija ha sido raptada, no le cabe duda alguna de que Román trata de dar un volantazo a la situación consiguiendo que sea aprobada y evitando así darle alas a una explotación de litio que podría acabar con las reservas de agua dulce 

Román tiene tantos motivos personales como ideológicos para plantarle cara a las artimañas políticas de Fernando, que no deja de ser un títere en manos de su madre.

Así lo descubriremos a medida que saltemos hacia atrás en el tiempo para ver el progreso de su relación y cómo los intereses de uno y otro se desarrollan en direcciones opuestas. Fernando, temeroso del escrutinio público y de que se aireen sus asuntos privados, se verá contra las cuerdas y tendrá que tomar decisiones salomónicas a lo largo de un fin de semana muy revuelto.

Las maldiciones es una serie bastante clásica en lo que se refiere a la dirección, a cargo de su creador, Daniel Burman y Martín Hodara. Le sienta muy bien ser concisa, ir al grano y prescindir de paja innecesaria.

Nadie echará de menos los diálogos misteriosos, los contraluces, los planos nocturnos contrastados y, en general, una ambientación que rema a favor de que el espectador esté pendiente del televisor hasta el último minuto.

La apuesta estética, así como la elección de temas musicales archiconocidos (Qué será será o Like a Motherless Child) versionados, es uno de los puntos fuertes de una miniserie que dice tanto con las imágenes como con su banda sonora.

También funcionan como un tiro las interpretaciones, empezando por un Leonardo Sbaraglia que últimamente se prodiga mucho más por la pequeña pantalla que por los cines con series como Medem, Las azules o Todos mienten. La sensación que da es que le están llegando papeles más complejos y divertidos para televisión.

Aunque hay que destacar también, por méritos propios, a Alejandra Flechner que supo conmovernos en Argentina, 1985 y en Puan, y aquí firma un papel de villana de manual apareciendo convertida en una madre castradora y manipuladora que poco tiene que envidiarle a la Angela Channing de Falcon Crest.

Las maldiciones es, por tanto, una miniserie que merece la pena ver (probablemente echando mano de los subtítulos si no se está familiarizado con el acento y las expresiones argentinas para no perderse nada) y que no es difícil trasladar a la actualidad más candente  No es en absoluto exigente puesto que su trama es sencilla y la narración aunque salte de plano temporal, es de lo más asequible.

Valoración

Nota 75

Corrupción política, intereses cruzados, maniobras de última hora... Las maldiciones va al grano para contar una historia demoledoramente realista sobre el cinismo a la hora de manejar los recursos naturales y las vidas de las personas desde las esferas del poder.

Lo mejor

Cómo está plasmada la dinámica del poder, con personajes esclavos de sus secretos y una guerra de egos en la que lo de menos es el interés general.

Lo peor

No es una serie trepidante, puede decepcionar a quienes busquen un ritmo imparable. Se toma su tiempo.

Otros artículos interesantes:

Más información sobre: