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Mank
Análisis

Crítica de Mank, la película de David Fincher que retrata al guionista de Ciudadano Kane

Crítica de Mank, la película de David Fincher que retrata a Herman Mankiewicz, el guionista de Ciudadano Kane, considerada como la obra maestra de Orson Welles.

Con Mank tenemos mucha tela que cortar. Unas pinceladas previas antes de entrar en materia: la película se estrena hoy 20 de noviembre en cines, mientras que su estreno en la plataforma Netflix está previsto para el 4 de diciembre de 2020.

Algo similar a lo sucedido con películas anteriores como Roma, Los dos papas, El irlandés o Historia de un matrimonio que también estuvieron en carteleras antes que en streaming.

Comenzaremos señalando que es una experiencia cinematográfica que merece disfrutarse en una buena sala de cine, en pantalla grande, para poder exprimirle el jugo a una producción de diseño inmejorable, que nos lleva a finales de los años 30, una época históricamente convulsa en la que también la industria del cine se venía preparando para muchos cambios y a los meses que durante 1940 permaneció en un rancho californiano escribiendo... y bebiendo.

Mank no tiene una única lectura, sino que funciona a muchos niveles distintos: es una disección del momento que atravesaban los estudios, un retrato amargo de que lo supuso la implementación de técnicas de manipulación propagandísticas poniendo los recursos y el lenguaje cinematográfico al servicio de intereses electorales y también una explicación del cómo y el por qué se gestó Ciudadano Kane, lanzando una bala al magnate William Randolph Hearst, poseedor de un imperio mediático y experto en la instrumentalización de todos los medios a su alcance para alcanzar sus fines, además de promotor de la prensa amarilla.

Esto significa que la película se desarrolla, al menos y como poco, a tres niveles distintos: es una biografía de Herman Mankiewicz en un periodo muy concreto de su vida, es un retrato del cinismo y el mercantilismo de la pujante industria del mundo del cine y a su vez dialoga constantemente con la actualidad, demostrando que las tan cacareadas fake news, es decir, las patrañas, los embustes y la filfa, dicho en lenguaje coloquial, que parece que nos hubiéramos inventado hace tres días, han sido muy comunes para nuestra desgracia. Algo en lo que también ha expuesto recientemente el documental Palabras para un fin del mundo, para quienes tengan interés en indagar en este tipo de manipulaciones.

La cinta hace un paralelismo muy claro entre Mankiewicz y el propio Kane de su película (basta ver la distante relación que mantiene con su esposa o la forma en la que se consume en sus propias contradicciones, amén de los planos calcados de la película en los que podríamos sustituir a uno por otro). También se vale de recursos estilísticos para mimetizarse con el cine de la época como las marcas de cambio de rollo o la apurada fotografía en blanco y negro, con grandes contrastes y momentos de puro resplandor de Erik Messerschmidt (Raised by Wolves). Incluso el montaje sigue el mismo camino, con secuencias muy diferenciadas a las que se da paso entre negros.

Pero no duda tampoco en establecer semejanzas que dan escalofríos como la crisis del cine derivada de la Gran Depresión, que hizo que los estudios se devanaran los sesos para atraer de nuevo a los espectadores a las salas y que no deja de ser una de las grandes preocupaciones de hoy, con el mundo enfrentándose a una pandemia que está dejando en cueros al mundo del espectáculo.

A favor de Mank obra el hecho de que mueva el foco del "niño prodigio" Orson Welles (interpretado magistralmente por un Tom Burke que tiene rol pequeño y discreto en la película) y del proceso en sí de desarrollo de la película; en su contra su gélida construcción emocional y que profundice poco en la relación que hubo entre ellos, en sus desavenencias a cuenta de la autoría del guión y sus encontronazos. 

Mank

Más allá de estas cuestiones, que están en el meollo de la película, Mank es además un proyecto muy personal para David Fincher dado que el guión corrió a cargo de su padre, el periodista Jack Fincher, antes de su fallecimiento en 2003. En él es tan importante la secuenciación de los hechos (ya veréis cómo incluso se encabezan como se haría en un guión profesional) como los flashbacks que nos llevan a comprender el desengaño de Mankiewicz respecto de las élites y su capacidad corruptora más allá de la amarga relación que de por sí tenía con Louis B. Mayer e Irving Thalberg o la de ternura que le ligaba a la infravalorada Marion Davies, amante leal a Hearst hasta el final de sus días. 

A pesar de los esfuerzos de recrear la era dorada de Hollywood y de hacer trizas los estereotipos en los que se asentaba su star system poniéndolo todo en boca de un cínico y autodestructivo Mankiewicz de diálogos rápidos y afilados, cuesta tomarle el pulso a la película, que no consigue ser emocionante y elevar el listón a la excelencia tocándole el corazón al espectador. Eso sí, Mank también nos sirve de pretexto para recomendaros el visionado de RKO 281 en la que también se explora la relación entre Welles y Mankiewicz (Lieb Schreiber y John Malkovich respectivamente).

No estamos ante una carta de amor a una persona en sí, sino ante un homenaje a la figura del guionista. Recordemos que el egocentrismo de Welles (de su talento no hay duda, de sus formas para alcanzar sus objetivos sí hay unas cuantas), le llevó en distintas ocasiones a menospreciar a sus colaboradores y atribuirse méritos ajenos. Hasta qué punto Fincher consigue resarcir al hombre detrás de las palabras mostrándonos sus motivos para escribirlas, no lo sabemos bien, pero que la película es toda una experiencia y pone en valor su trabajo, es incuestionable.

Valoración

A pesar de todos los factores que tiene a su favor, Mank no consigue ser emocionante, es el handicap de una película rodada con esmero y con un elenco sensacional, en la que el retrato del Mankiewicz que escribió Ciudadano Kane resulta amargo y desalentador.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

La fotografía, los diálogos y el reparto, en estado de gracia. Es una película para cinéfilos que agradecerán el empeño reconstructivo de Fincher.

Lo peor

Es una película bastante amarga en el tono y distante a nivel emocional, se antoja bastante fría y no profundiza más que en aspectos puntuales.

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