Crítica de La mercancía más preciosa, una película de animación conmovedora

BTeam Pictures

Crítica de La mercancía más preciosa (La plus précieuse des marchandises), la adaptación de la novela homónima de Jean-Claude Grumberg de 2019. Estreno el 11 de julio.

Hacía mucho tiempo que una película de animación no nos atizaba un golpe emocional tan fuerte como el de La mercancía más preciosa (La plus précieuse des marchandises), la adaptación de una obra de arte sin lugar a dudas: la novela del mismo título de Jean-Claude Grumberg de 2019, que ha tenido una gran repercusión internacional.

Grumberg se desempeña como guionista, mientras que la dirección recae en Michel Hazanavicius (ganador del Óscar por The Artist). La película, de apenas 81 minutos de duración, fue seleccionada para competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, convirtiéndose en el primer largometraje de animación que se proyectó en la competición principal desdeVals con Bashir en 2008. 

Se trata de una película de animación difícil y compleja que cuenta demás con una preciosa banda sonora compuesta por Alexander Desplat que hace honor a la belleza y el horror que muestran las imágenes.

Oda al amor y la resiliencia

La mercancía más preciosa adopta el tono de una fábula para narrarnos cómo dos leñadores acostumbrados a la miseria, el frío y la soledad se enfrentan a la crudeza del día a día en un bosque que es atravesado periódicamente por los trenes de la muerte en plena Segunda Guerra Mundial.

Como personas sin formación, a menudo se dejan llevar por la creencias aceptadas en su entorno y no se plantean su veracidad. Sin embargo, cuando de uno de esos trenes cae un bebé, sus vidas cambian para siempre.

A pesar de la reticencia inicial del leñador, que teme a la criatura por considerarla poco menos que un diablo sin corazón, llegará un momento en el que se dará cuenta de que es un ser inocente que necesita su protección. Su esposa se hará cargo entre tanto, procurándole la leche de una cabra y tejiéndole nuevas prendas de abrigo hasta pasar lo peor del invierno.

Más adelante conoceremos la historia de la pareja judía que viajaba en aquel tren y seguiremos al padre que, en un arrebato de desesperación, arrojó a una de sus hijas gemelas por la ventana, dándole la oportunidad de sobrevivir. Ni en sus peores pesadillas habría podido prever el infierno que le esperaba.

La mercancía más preciosa es una película que une dos historias muy distintas entre sí, como hiciera en su día La zona de interés. Por un lado tenemos la vida de una pareja completamente ajena a los horrores de Auschwitz y por otra, cómo se desarrolla el periplo de un superviviente desde que llega al campo de concentración y hasta que consigue salir de él.

La convergencia de ambas es desgarradora y emotiva, de manera que se te queda grabada en la retina. Uno de los puntos fuertes de la película es la ambientación y el tempo interno de la narración, muy inmersiva y cruda, pero también profundamente conmovedora.

El estilo de la animación es muy peculiar: trazos gruesos, rostros muy expresivos y entornos realistas que nos lleva a maravillarnos de la belleza de un acto puro como es volcar un amor incondicional en un bebé, una semilla de paz, y a horrorizarnos de lo que el ser humano es capaz de hacerles a sus semejantes, relegándolos a ser mano de obra esclava, carcasas vacías exterminadas por odio.

El discurso de la película no puede ser más relevante a día de hoy, poniendo en valor la empatía, la importancia de hacerse preguntas, de darse a los demás para que la vida siga adelante, a pesar de todo. El trasfondo es humanista a más no poder y a la par un ejercicio de estilo para tratar de contarlo todo de manera didáctica y sincera sin resultar empalagosa.

Pero su gran valor es la universalidad de su mensaje: se desarrolla en unas determinadas coordenadas espacio-temporales, muy particulares y con referencias claras como El grito de Munch, que expresa la misma angustia existencial que la del personaje encerrado, pero quiere reivindicar la memoria y los veracidad de los hechos del Holocausto, y por ende las intrahistorias de cualquier guerra.

En resumidas cuentas, esta producción franco-belga es de obligatorio visionado y, de paso, un reclamo formidable para leer la novela en que se basa y darle una pensada al mundo en que vivimos y de dónde venimos. Por aquello de dejar de tropezar en la misma piedra.

Valoración

Nota 88

Estamos ante una de las mejores películas de animación del año: la historia, el diseño de los personajes, la atmósfera... todo rema a favor de una historia dura pero resonante que deja huella en el espectador.

Lo mejor

La expresividad de los personajes a pesar de la sencillez del trazo. La potencia emocional del relato.

Lo peor

Es una historia de una enorme crudeza desde el comienzo, pero el tercio final es especialmente desgarrador.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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