Crítica de Mickey 17, una sátira mucho menos divertida de lo que pretende ser

Warner Bros.

Crítica de Mickey 17, la adaptación cinematográfica de la novela Mickey 7, de Edward Ashton, escrita, dirigida y coproducida por Bong Joon-ho y protagonizada por Robert Pattinson. Estreno el 7 de marzo de 2025.

Mickey 17 es uno de los títulos de ciencia ficción más esperados del año por distintos motivos. El primer lugar, el talento implicado en la adaptación cinematográfica, con el oscarizado Bong Joon-ho (Parásitos) ejerciendo de escritor del libreto, director y coproductor. Por su parte, Robert Patinson se entrega a la tarea de interpretar a los múltiples personajes que protagonizan la cinta.

En segundo lugar, tenemos el material de referencia, la reciente novela de Edward Ashton de 2022, como punto de partida para la historia. Servida además a modo de sátira social, que le va como anillo al dedo al director, y con un particularísimo sentido del humor.

¿Qué tal le ha salido al director su propia versión? Pues regulinchi, la verdad porque aunque ha hecho suya la premisa principal, a partir de un determinado punto se desliga de la novela y no consigue profundizar en muchos de los nuevos temas que introduce.

Late de fondo, por supuesto, la reflexión filosófica acerca de la unicidad del alma humana y de las connotaciones y consecuencias éticas derivadas de la "impresión" de personas a modo de clones. El debate lleva con nosotros más de veinte años, desde los tiempos de la oveja Dolly, pero aquí se lleva al extremo con aplicaciones prácticas estremecedoras.

Mickey 17 arranca presentándonos a la versión 17 de Mickey Barnes, abandonada a una muerte segura tras caer a una sima helada del planeta Nilfheim. Forma parte de una expedición colonizadora en calidad de Prescindible, es decir, que es un individuo que se puede volver a crear y cuya conciencia se almacena semanalmente para que conserve sus recuerdos.

Para su sorpresa, la comunidad nativa del planeta, al que llaman "gusanos" y consideran hostiles no solo no acaba con él sino que lo libera. De regreso a la colonia descubre que el comité científico ha autorizado una nueva impresión, algo que está prohibidísimo porque los convierte en "múltiples" y por tanto en una amenaza impredecible.

Sin embargo, el mayor riesgo para el grupo procede de la élite: el líder de la expedición y su esposa demuestran un nulo interés en salvaguardar un mínimo de humanidad y viven muy por encima de sus posibilidades, enfrascados en sus maniobras propagandísticas y sus técnicas de manipulación de masas.

La identidad como punto de interés, pero con el humor fuera de foco

Que Mickey 17 se desligue de la novela que le sirve de punto de partida no tiene por qué se ser algo necesariamente negativo. Más versiones del protagonista nos permiten comprender muy bien el nivel de crueldad del comité científico que lo explota en pro del beneficio colectivo y abre un frente interesante, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar en aras del progreso? 

Sin embargo, la propuesta trata de revertirse en todo momento de un tono jocoso que el libro enarbola con naturalidad y sencillez mientras que en la película, sencillamente, no funciona.

Es la intención de las interpretaciones histriónicas entre las que chirría especialmente la de un sobreactuado Mark Ruffalo, la voz en off del personaje principal (un tipo tirado pero de buen corazón a fin de cuentas), el humor de trazo grueso en el que se linda con lo estomagante y una buena palada de situaciones pasadas de rosca.

A lo largo del metraje, innecesariamente largo, que se estira hasta los 137 minutos de duración, hay momentos en los que se pierde el rumbo por completo, dando la sensación de que no está nada claro a dónde quiere llegar la narración.

Por supuesto hay una crítica desaforada hacia el autoritarismo y hacia la falta de escrúpulos que se muestra en privado con la "cobaya humana" pero también hacia los fanatismos ya sean religiosos o políticos (no tiene pinta de que sea baladí la elección de gorras rojas entre los adoradores de Kenneth Marshall, el Trump de turno, por ejemplo).

Se echan en falta, no obstante muchos aspectos que sí estaban en la novela, como el destino trágico de otras misiones espaciales colonizadoras con las que el Mickey literario solía entretenerse (y asustarse). Y sobre todo, el humor. Porque era fácil empatizar con nuestro perdedor de aciago destino viendo su nihilista estoicismo.

En el lado de los "pros" están los solventes efectos especiales, sobre todo en todo lo relativo a la creación de los gusanos de Nilfheim. Su aspecto, a medio camino entre cochinillas gigantes y bisontes gigantescos, se adecúa a la imagen mental que se hace uno leyendo la novela y está bien integrados con las imágenes reales.

También hay personajes secundarios bien construidos como la primera dama a la que interpreta una divertida Toni Colette o la intensa y fiel Nasha, de cuyo retrato se encarga Naomi Ackie (Parpadea dos veces). Menos ocasiones tiene de lucirse el caradura Timo, en manos de Steven Yeun.

En suma, Mickey 17 daba para más: las líneas generales de la historia están aquí contempladas, pero con muchos cambios que no siempre aportan la comicidad prevista ni elevan la trama más allá de lo que era en su punto de partida. Un tanto decepcionante.

Valoración

Nota 60

Caótica y falta de humor, esta adaptación dista mucho de otras obras más sólidas del director: toma el punto de partida de la novela y a partir de cierto punto de inflexión desarrolla la historia de manera completamente diferente.

Lo mejor

El arranque de la película, con un entregado Robert Pattinson en el papel de perdedor definitivo. Y los muy dignos efectos especiales.

Lo peor

Mark Ruffalo, muy sobreactuado y una trama que no encuentra el tono: se entiende que buca la comedia negra, pero no es en absoluto hilarante.

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Título original

Mickey 17

Lenguage original

Inglés

Duración

2h 17m

Presupuesto

118.000.000,00 $

Hobby60Aceptable

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