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Los Mitchell contra las máquinas
Análisis

Crítica de Los Mitchell contra las máquinas, muy pronto en Netflix

Crítica de Los Mitchell contra las máquinas (The Mitchells vs. the Machines), la película de animación de Michael Rianda (Gravity Falls) y Jeff Rowe ((Des)encanto). Estreno en Netflix el 30 de abril de 2021.

Vimos los primeros adelantos de Los Mitchell contra las máquinas (The Mitchells vs. the Machines) antes de la pandemia de coronavirus que provocó su retraso, así que no os vamos a engañar: le teníamos muchas ganas a esta película de Sony Pictures Animation escrita y dirigida por Michael Rianda (Gravity Falls) y Jeff Rowe ((Des)encanto) y producida, entre otros, por Phil Lord y Chris Miller que nos trajeron hace ya tres años la exitosísima y rompedora Spider-Man: un nuevo universo.

Con estos mimbres ya se puede deducir que estamos ante una película de animación atípica, original y de ritmo implacable pero además tenemos grandes noticias: tiene todo el potencial para atrapar tanto a los más pequeños como a los mayores.

La razón es que habla el mismo idioma que los nativos digitales: la cultura de los memes, la velocidad de los gags y la obsesión del milenio de contar lo que sucede a tiempo real están reflejadas en un guión que desborda buen rollo y sensibilidad a partes iguales: da para desternillarse de risa pero, cuando quiere, también te toca el corazón al defender a capa y espada valores como el de la familia, alejándose de tradicionalismos, pero con una gran fuerza. Da igual cómo sean tus padres, tus hermanos o tú mismo, lo importante es que unidos sois una roca.

Los Mitchell contra las máquinas arranca in media res, con los protagonistas huyendo a toda pastilla de androides que quieren capturarlos para catapultarlos al espacio profundo: ¡menudo arranque, ya a tope de risas!

Poco después nos desplazamos al pasado para conocer mejor la relación de Katie, una incipiente y creativa cineasta que ha alumbrado a personajes como Poli Perro con su familia. Su padre, negado para la tecnología, vive obsesionado con el fin del mundo; su madre es una profesora de infantil que se desvive por resaltar las mejores cualidades de cuantos la rodean y su hermano pequeño es un gran fan de los dinosaurios.

En la víspera de su marcha a la universidad, Katie y su padre discuten, lo que propicia que tomen una decisión de última hora: cancelan el vuelo de Katie y deciden llevarla en coche para pasar más tiempo juntos. Durante el trayecto, el gurú de la compañía PAL anuncia PAL Max, una nueva generación de robots que suplantarán a los teléfonos móviles como fieles esclavos de los humanos... Pero éstos han sido reprogramados para llevar a los humanos a la extinción y, sin comerlo ni beberlo Katie y los suyos serán los últimos en luchar para evitarlo.

No hay moralinas innecesarias acerca del abuso de la tecnología: a pesar de lo que pueda parecer en una película cuya trama gira alrededor de la idea de que una IA crea un ejército de robots que desencadenan el apocalipsis no hay un discurso baboso sobre la importancia de aparcar las pantallas sino una integración de ellas en nuestra vida corriente, tal y como se da en la realidad. El discurso va más en la línea de verlas como lo que son: herramientas que nos pueden llevar a crear cosas maravillosas o a convertirnos en caciques caprichosos y vagos ególatras. No depende tanto de ellas como de nosotros, así que no hay un descargo de culpabilidad en la tecnología ni se la tilda de ser necesariamente perniciosa.

Si te ríes cuando la cinta se mofa de la ansiedad que nos provoca no tener Wifi o de las envidias que genera Instagram, si te provoca carcajadas ver al líder de PAL como un jovencito millonario que lo tiene todo y quiere más, es por su proximidad a lo cotidiano: porque quiere algo tan sano como que nos riamos de nosotros mismos y nuestros comportamientos.

Además, hay también algo tan saludable en el corazón de la película como la unión entre distintas generaciones: no se puede pedir a alguien que no se ha manejado nunca entre arrobas y nubes que se ponga al día de forma inmediata de la misma forma en que es imposible relacionarse con alguien más joven si no se habla su mismo idioma, lo que conlleva un esfuerzo por ambas partes para conseguir un equilibrio. 

Los Mitchell contra las máquinas

En Los Mitchell contra las máquinas hay una comunión entre el qué y el cómo: la historia funciona como un tiro con grandes momentos de diversión y también valles emotivos que tienen calado, pero lo que hace que sea tan genuina es que recurra a ciertas herramientas como la de mostrar los sentimientos de los personajes como lo haría cualquier niño: dibujando a su alrededor corazones, arco-iris, nubes o estrellitas, recurriendo a gifs, filtros o memes.

A veces vemos meros trazos, dibujos casi sin terminar o caricaturas que recuerdan al estilo manga intercalados con animación mucho más pulida y realista y la mezcla funciona de maravilla.

El trabajo de edición de Greg Levitan también es digno de elogio: la película no se detiene un solo instante y, si es tan divertida, es gracias precisamente a un montaje ágil y sustancioso que sabe incorporar elementos de todo tipo para enriquecer la trama.

Los Mitchell contra las máquinas consigue a la vez realizar un autohomenaje, dándole a los creadores puros su espacio para respirar y realizar un alegato precioso de la unión familiar (reto: no llorar con los créditos finales).

Es por todo ello que Los Mitchell contra las máquinas es una de las películas más sólidas de cuantas han entrado en el catálogo de la plataforma en lo que va de año... adquirirla en el mes de enero ha supuesto que varíe su título, que en castellano iba a ser Conectados. Modo familia y que no podamos verla en pantalla grande. Una verdadera pena dado que está llena de detalles, guiños y homenajes a vídeos virales, personajes como Doug the Pug y otras estrellas de la cultura pop que están ya en nuestro imaginario colectivo del siglo XXI grabados a fuego.

En cualquier caso, es cita obligatoria dado que es una locura muy recomendable y disfrutable: toda una montaña rusa de emociones llena de color e ideas que inspira, divierte y emociona. El cóctel ideal para una tarde en familia.

Valoración

Los Mitchell contra las máquinas es una película de animación excelente por diversos motivos: habla el lenguaje de los nativos digitales, avanza a un ritmo descomunal y tiene tiempo de ser tan divertida y ágil como emocionante y cautivadora al portar un mensaje de gran sensibilidad hacia las familias.

Hobby

88

Muy bueno

Lo mejor

Su ritmo, originalidad y la capacidad de ser una carta de amor a la creatividad de quienes hacen cine y a la familia, por imperfecta que sea.

Lo peor

Es una película intensísima: cuando es divertida, resulta desternillante; cuando es emotiva es también muy poderosa. Te deja exhausto.

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