Mortal Engines
Análisis

Crítica de Mortal Engines, la adaptación de Máquinas mortales

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Mortal Engines, la adaptación de la novela steampunk Máquinas mortales, primer volumen de la tetralogía "The Mortal Engines Quartet" de Philip Reeve. La película ha sido dirigida por Christian Rivers y protagonizada por Hugo Weaving, Hera Hilmar, Robert Sheehan y Jihae. En cines desde el 14 de diciembre de 2018.

La película Mortal Engines ha llegado ya a la cartelera, aunque a juzgar por su desembarco, por la puerta de atrás, sin pases previos para prensa y con una exigua campaña promocional, no gozaba de mucha fe por parte de la distribuidora. Es algo harto curioso cuando nos hallamos en plena campaña navideña y estamos, obviamente, ante una cinta destinada a un público juvenil que suele ser más propenso a ir al cine en este impás vacacional.

Descubre el libro en el que se basa la película

A la vista del resultado (que hemos tenido que descubrir a posteriori, entre lectores de las novelas que no paraban de comentar la película y resoplar ante la falta de músculo de la narración) hasta puede llegar a comprenderse la estrategia de guardarse los recursos, más aún viendo los títulos con los que le va a tocar competir en carteleras. O a lo mejor, habría merecido la pena tratar de enganchar al fan steampunk, a quien da un universo visual increíblemente espectacular y rico. Pero eso ya no lo podremos saber.

El argumento de Mortal Engines nos cuenta que en el mundo postapocalíptico posterior a la guerra de los 60 minutos, en la cual el uso de armas cuánticas sumió a la humanidad en la catástrofe más absoluta, a los supervivientes no les queda más remedio que adaptarse y evolucionar.

Ahora, las ciudades se han motorizado y deambulan por la Tierra. Las más grandes fagocitan a los pequeños pueblos de tracción para arrebatarles sus recursos. La fugitiva y solitaria Hester Shaw tratará de cobrarse su propia venganza, intentando acabar con la vida de Thaddeus Valentine, un historiador londinense cuya máxima aspiración pasa por recolectar antigua tecno para reconstruir las armas que desencadenaron el Apocalipsis. Será entonces cuando su camino se cruce con el de Tom Natsworthy, un huérfano que aspiraba a ser piloto y que se convertirá a la larga en su mejor aliado.

Mortal Engines es una coproducción entre Nueva Zelanda y Estados Unidos y cuenta, como decíamos, con un apartado visual muy potente: el director Christian Rivers  se alzó con el Oscar en 2005 por su trabajo en King Kong y ha trabajado en el departamento artístico de todas las películas de El señor de los anillos y El hobbit, de modo que ha sido un colaborador habitual de Peter Jackson, que aquí ejerce de productor y guionista junto a Fran Walsh y Philippa Boyens.

Así que en el plano técnico, en realidad, no hay mucho que objetar, más allá de algún plano en el que canta alguna pantalla verde, algo muy comprensible teniendo en cuenta la envergadura de la empresa y su ambición estética.

Los problemas vienen derivados principalmente del casting y del guión. La actriz islandesa Hera Hilmar no es el fichaje más potente del mundo para dar vida a la carismática Hester Shaw y es probable que su aspecto físico defraude a quienes han leído la novela: en ella había perdido casi toda la nariz y un ojo mientras que en la cinta esto se reduce a una cicatriz en el rostro. Y no es algo baladí, no es una mera cuestión estética, puesto que representa aquello que la ha marcado e incluso su punto de conexión con Shrike, el personaje más apasionante y enternecedor de la película (una suerte de cruce de Frankenstein y Terminator de ojos verdes de cuya captura de movimientos se ha encargado Stephen Lang).

Tampoco el irlandés Robert Sheehan, que le da la réplica, tiene excesiva química con ella. Puede que el integrante del reparto más reseñable sea Hugo Weaving, asiduo al género fantástico y un gran actor, pero encasillado desde siempre en el rol de malvado que hace que sea inevitable que el espectador que viene limpio a la sala, sin referencias literarias, se adelante a lo que va a ver en pantalla.

Al comienzo, Mortal Engines es farragosa y, a pesar de que deja claro su posicionamiento maniqueo (los malos son muy malos y los buenos no se salen del guión ni medio milímetro), no consigue presentarnos este universo con suficiente claridad como para picarnos para saber más del pasado y de los planes de cada cual. En este sentido, remontar le cuesta bastante y solo lo consigue en momentos puntuales, cuando el espectador consigue abstraerse de lo formulario de la propuesta.

El propio título de la novela y la película hace referencia al "Otelo" de Shakespeare donde se hacía referencia a las ciudades como "motores mortales" que se agotarían en algún momento pero aquí no hay rastro de esa tragedia que el dramaturgo sabía esgrimir con maestría y, cuando aparece, ligada al pasado de Hester, resulta tan tópica que no se atisba un solo rasgo de originalidad o verosimilitud con el que poder enganchar emocionalmente.

De Mortal Engines se puede disfrutar porque ofrece momentos que a nivel visual son una verdadera gozada pero, por desgracia, la historia no está bien narrada ni está calibrado el balance de diálogos (muy planos) y acción (en bastantes momentos aparatosa sin un razón que lo justifique, como en el larguísimo y átono clímax final). Quienes esperaran un punto de partida brillante para una nueva distopía futurista juvenil van a quedarse con las ganas... Eso sí, tendrán ocasión de ver la pequeña patada que Universal ha dado en la cara a Disney, sustituyendo a los ídolos del pasado Mickey y Pluto por los Minions (¡bananas!) y seguramente también viendo a la actriz y cantante Jihae gustándose en su rol de líder de los antitraccionistas.

Valoración

La adaptación de la primera de las novelas fantásticas que forman la tetralogía "The Mortal Engines Quartet" de Philip Reeve es anodina e insulsa, aunque cuenta con un deslumbrante apartado visual.

Hobby

58

Regular

Lo mejor

El diseño de producción es apabullante y el personaje de Shrike quizás el único con un poco de enjundia con la capacidad de emocionar al espectador.

Lo peor

Es bastante aburrida: a pesar de que la acción no cesa, los protagonistas carecen de carisma y de química entre ellos, de modo que cuesta empatizar.

Y además