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Jingle Jangle
Análisis

Crítica de La Navidad mágica de los Jangle: el hechizo navideño llega a Netflix

Crítica de La Navidad mágica de los Jangle, dirigida y escrita por David E. Talbert para Netflix. La nueva película de la plataforma pretende recuperar el espíritu navideño con Forest Whitaker como protagonista, acompado dee artistas como Keegan-Michael Key, Hugh Bonneville, Ricky Martin, Anika Noni Rose, Phylicia Rashad y Madalen Mills, entre otros. El estreno de La Navidad mágica de los Jangle en Netflix España es el 13 de noviembre de 2020.

Netflix ha empezado su particular campaña navideña en la plataforma para celebrar la festividad invernal de este aciago 2020, que al ritmo al que vamos terminará cruzándose con el solsticio de verano. Hoy analizamos el estreno de La Navidad mágica de los Jangle, la última película original de Netflix dirigida por David E. Talbert y protagonizada por Forest Whitaker (Black Panther) y Keegan-Michael Key (Yo soy Dolemite).

Comenzamos a cargar el espíritu navideño de este año con una historia de juguetes, magia e ilusión infantil. La Navidad mágica de los Jangle narra la historia de Jeronicus (Forest Whitaker), un juguetero e inventor que hace las maravillas de un pequeño pueblo de no se sabe dónde con sus cachivaches repletos de engranajes que se alimentan del combustible más importante: la fe. Los niños, pero también los adultos, deberán revivir ese espíritu que los llevaba a creer en lo imposible, en lo fantástico y excepcional para dar vida a sus sueños.

La juguetería de Jeronicus es un absoluto éxito... hasta que su fiel aprendiz, el joven Gustafson (Keegan-Michael Key), manipulado por Don Juan Diego (Ricky Martin), un muñeco que cobra vida y es la última y más importante creación de su mentor, decide robar su cuaderno de ideas arruinando su negocio y su vida.

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Desde los primeros compases, David E. Talbert no duda en emplear todo el arsenal del género: el libro gordo y antiguo cuya primera página está decorada por un bellísimo lettering de «Érase una vez», la abuelita narrando la historia a sus nietos que están perdiendo la ilusión infantil y una preciosista maqueta animada de un pueblo adornado por las nieves navideñas que utiliza de transición para llevarnos al origen de la historia.

No hará falta que hayamos abierto los primeros polvorones del año para que nos embriague ese espíritu que desea chimenea y manta para dejarnos llevar por su espectáculo de fotografía, escenarios y vestuario, con un sabor a clásico de los 90 verdaderamente apetecible.

Los escenarios sobre los que se construye la historia en la villa de origen de Jeronicus están particularmente mimados, a pesar de que la iluminación, ciertamente irreal, nos saque del embrujo y nos susurre al oído que todo lo que estamos viendo es un escenario preconstruido. La película arranca con una escena de presentación que lanzará su primer y gran rasgo distintivo: la música. La Navidad mágica de los Jangle cuenta con una infinidad de canciones interpretadas que la convierten en musical; no en vano esa dirección viene firmada por Philip Lawrence, Davy Nathan, Michael Diskint y el popular John Legend.

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Hay algo en ese espíritu también musical y en sus coreografías que procura emular a la fantástica El Gran Showman, pero ni tenemos a Hugh Jackman ni su historia o sus personajes activan los resortes necesarios para que saltemos a buscar los temas en los karaokes del barrio. Por mucho rasgo distintivo que la música aporte a la cinta, lo cierto es que los números musicales son excesivos en cantidad, además de poco relevantes narrativamente.

Con su tienda arruinada —que, por cierto, parece recordar en fondo y forma a la de Mr. Magorium y su tienda mágica—, Jeronicus cae en una espiral depresiva que acaba con su creencia en la magia y con el sueño de su vida hasta que su nieta, la inteligente y aventurera Journey (Madalen Mills), consigue despertar la fe que permanecía resiliente en su interior. Ya sabéis cómo va esto: si no crees, no hay Navidad.

En su ópera de nieve y casi steampunk llama la atención el vestuario, plagado de atuendos extremadamente llamativos y definitorios para los personajes que se ven enriquecidos por colores muy vivos, como es el caso de Gustaffson y su pasión por el verde esperanza; esa misma que tenía en su época como aprendiz y que la avaricia terminó corrompiendo. Esos detalles también los podemos apreciar en el diseño de producción y, como decíamos, en esa construcción de escenarios que pierde enteros en las escenas de exterior.

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La historia nos habla de la ilusión, la fe, la tristeza por la pérdida y la magia que perdura en todo aquello que todavía nos rodea. Es una película que apela al corazón, convirtiendo en necesidad el sentirse en estado de gracia para poder apreciar su optimismo con justicia. Es encantadora, en tanto en cuanto seamos capaces de recordar al niño que se sentaba delante de la televisión a disfrutar de una tarde de película con sus padres al amparo de las luces de Navidad.

Es, en definitiva, azúcar y caramelo al servicio de tus expectativas en una temática que está harto explotada y que es casi otro rasgo que define estas fechas. Su gran respuesta narrativa pasa sin pena ni gloria por el metraje, cuando las cualidades físicas con la que lo construyen podrían haber aportado ese punto sentimental tan necesario que nunca termina de llegar. 

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La Navidad mágica de los Jangle apela al espíritu navideño con un repertorio visual exquisito, utilizando las matemáticas como vehículo de expresiones verdaderamente creativas y escapando en la medida de lo posible del exceso de bastón de caramelo y las gamas de color rojizas que la conviertan en una producción más. Las intenciones se dibujan con claridad, pero el resultado no es del todo preciso.

Es una película que los más pequeños de la casa disfrutarán y, en definitva, que cumple su función de reunir a la familia una vez más en torno a la televisión. Definitivamente, podemos hablar de una historia no tan sorprendente con una estructura poco gratificante, pero todo el trabajo puesto en las maquetas, la suficiencia con la que abordan el ritmo narrativo y la puesta en escena son motivos suficientes para que nos ofrezca un buen rato en una de las Navidades más raras de nuestra época.

Valoración

La Navidad mágica de los Jangle tiene ese espíritu de fe y magia que tanto reclama en sus espectadores: uno que despierte la llama de la ilusión en los pequeños y la complicidad de los mayores, aunque sus números musicales, por bien trabajados e interpretados que estén, no terminan de convertirla en el clásico navideño que espera ser.

Hobby

67

Aceptable

Lo mejor

Visualmente es maravillosa, con unos escenarios, vestuarios y maquetas que harán las delicias de los amantes de la Navidad.

Lo peor

Los números musicales son excesivos y no aportan suficiente peso a la historia como para justificarlos.

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