Nightflyers en Netflix
Análisis

Crítica de Nightflyers, la serie basada en la novela de George R. R. Martin

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de Nightflyers, la serie basada en la novela homónima de George R.R. Martin (creador de Juego de tronos) y estrenada en Netflix España el 1 de febrero de 2019.

Desde el 1 de febrero está disponible en Nefflix una de sus nuevas series: Nightflyers. Se basa en la novela del mismo título de George R. R. Martin (el autor de la saga "Canción de hielo y fuego" que sirvió de base para el desarrollo de Juego de tronos y que nos tiene desesperados esperando la publicación de "Vientos de invierno", por cierto) y ha sido desarrollada por el canal norteamericano SyFy, contando con Netflix como coproductora.

El contrato de exclusividad de Martin con HBO ha hecho inviable que pudiera trabajar en los guiones, de modo que esta tarea ha recaído en Jeff Buhler quien, por cierto, se ha encargado de las historias de dos sonadísimas películas de terror que se estrenarán este mismo año: The Prodigy y Cementerio de animales.

A grandes rasgos, el gran reto al que se ha enfrentado con la serie Nightflyers es actualizar y hacer creíble un relato escrito hace cuarenta años, aproximadamente, con el increíble vuelco tecnológico que han dado nuestras vidas en este tiempo. La ficción nos traslada a un futuro lejano que se desarrolla en el año 2093. Los recursos de la Tierra se agotan y el ser humano se ve obligado a emigrar a colonias cada vez más lejanas.

En este contexto, un grupo de especialistas se embarca en la nave espacial Nightflyer, cuya misión es la de establecer contacto con lo que creen que puede ser una base móvil alienígena. Dentro de la tripulación se encuentra un telépata que tiene la capacidad de leer la mente de los humanos, una psicóloga, un xenobiólogo, y una serie de científicos especializados además de fuerzas de contención y seguridad.

La inmensa astronave planea introducirse en el espacio exterior y pasar lejos de la Tierra al menos dos años, durante los cuales la tripulación trata desesperadamente de establecer comunicación con "la volcryn", al considerar que los secretos de una especie superior podrían ser el último recurso de los humanos para salir adelante.

Estamos en 2019 y las preguntas que nos plantea Nightflyers no resultan ya tan originales. Son muchos los relatos que se han planteado que la humanidad es el principal cáncer de nuestro planeta por su apisonadora huella en la biodiversidad, las condiciones climáticas y su brutal impacto ambiental. Tampoco es, ni mucho menos, la primera narración audiovisual que nos presenta como factible la hibridación máquina-humano o que se interna en los recovecos de la ciencia-ficción salpicada de elementos que buscan despertar el terror en la audiencia.

A nivel de producción, poco se puede reprochar a la serie. Es ambiciosa en su puesta en escena y se aleja de la plasmación de las naves espaciales como lugares claustrofóbicos, mostrando enormes espacios abiertos, inmensas cúpulas pobladas de vida en la cual se cultivan alimentos, a semejanza de películas recientes como Passengers. Pero lo que podría ser una virtud termina convirtiéndose en un punto en contra, habida cuenta de que resulta en muchas ocasiones muy poco creíble (hay escenarios que se corresponderían más con los de una mansión, por ejemplo, resultando muy chocantes). 

En lo que al argumento de esta serie de ciencia ficcion se refiere, el punto de partida es bastante similar al de Insterstellar: la Nightflyer es una nave colonizadora en busca de respuestas para un planeta que se apaga y sus protagonistas consideran que las pueden encontrar entablando contacto con una inteligencia superior que, a priori, no ha contestado a ninguno de sus llamamientos, pero cuya trayectoria interpretan como alentadora en este sentido.

Pero si los valores de producción son de gran calidad, las interpretaciones del reparto de la serie son buenas y está plagada de referencias al cine de género más reciente, ¿qué falla en Nightflyers? La historia, que es el corazón. El ritmo de esta serie de Netflix es bastante lento (resulta aburrida en más de una ocasión) y el argumento está muy disgregado. A todas luces no se justifican episodios tan largos ni intrincados para lo que se quiere contar.

Lo que resulta de capital importancia en los primeros episodios pasa a un tercer plano al final de la serie, las amenazas van cambiando y los giros de guión llegan tarde, cuando ya has tenido tiempo, como espectador, de anticiparte a ellos. No consigue resultar aterradora cuando lo pretende, ni tan reflexiva como debería en sus momentos más filosóficos, de modo que da la sensación de que sobra buena parte de lo que te ha contado, que, por decirlo de alguna manera, "no te lleva a ninguna parte".

Es cierto que George R.R. Martin es un gran constructor de universos, pero puede que el de Nightflyers se prestara más a una versión en película como la que ya se hizo en 1987 y que fue dirigida por Robert Collector. Si puedes contar algo en hora y media, ¿para qué estirarlo a lo largo de diez episodios de entre 45 y 55 minutos? Si lo haces, tienes que tener muy claro que lo que vas a contar merece la pena y agrega información relevante a la trama principal, en caso contrario es fácil que el espectador se sienta frustrado y decepcionado.

Aunque esta nueva serie nos haya dejado cierta sensación de decepción, 2019 viene cargado de adaptaciones literarias que van a ir colonizando la cartelera española, las pantallas de televisión y las plataformas digitales. Con ellas os dejamos:

Valoración

La nueva adaptación de una obra de Martin (el creador de la saga "Canción de hielo y fuego" en la que se basa Juego de tronos) cuenta con un magnífico diseño de producción, pero no consigue enganchar por su originalidad. Dista de ser adictiva.

Hobby

65

Aceptable

Lo mejor

La ambición de la serie en cuanto a la puesta en escena y al elenco, que realiza una buena labor interpretativa a pesar de los disparates del guión.

Lo peor

Episodios demasiado largos, giros de guión desubicados y un puñado de ideas interesantes desperdiciadas en una narración sin pulso.