El niño que domó el viento
Análisis

Crítica de El niño que domó el viento, ya en Netflix

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de El niño que domó el viento (The Boy Who Harnessed the Wind), debut como director de Chiwetel Ejiofor, basado en el libro del mismo título. En Netflix a partir del 1 de marzo.

El niño que domó el viento es una película honesta, bien narrada y nada efectista que se toma su tiempo para hablar del modo de vida de los agricultores de Malaui a comienzos del siglo XXI. Las familias que dependen de las cosechas y el campo viven pendientes del cielo y de sus radiotransistores, a través de los cuales se informan de la situación del medio ambiente, que puede arrasar o beneficiar sus cultivos.

Pero los Kamkwamba tienen la fortuna de estar en posición de tener a dos hijos con posibilidad de desarrollar unos estudios: la joven Annie aspira a asistir a la universidad y su hermano menor, William, está a punto de comenzar a ir a la escuela.

Trywell y Agnes, sus padres, se esmeran para sacar adelante a su familia vendiendo su maíz y trabajando de sol a sol, pero se unen varios factores en su contra. En primer lugar, muchos miembros de la comunidad deciden vender a una tabacalera sus árboles para obtener dinero rápido, desprotegiendo así el terreno ante posibles inundaciones y riadas y a esto se le suma la inestabilidad política derivada del derribo de las Torres Gemelas en Estados Unidos que se salda con el cierre de fronteras comerciales que agrava aún más la de por sí desesperada situación de los campos tras una inmensa sequía, que amenaza con una hambruna letal.

Descubre el libro en el que se basa la película

En medio de semejante panorama, El niño que domó el viento plantea una última esperanza: dejarlo todo de lado (la insuficiente ayuda exterior, los métodos conocidos) para aplicar la educación y el ingenio. William, ayudado por su hermana y por otros miembros de su comunidad, idea un molino de viento que, gracias a una dinamo conectada a una batería, le permite reparar una bomba de agua con la que extraer este preciado recurso y poder regar en cualquier época del año, independientemente de la estación o de la prolongación de los periodos de sequía.

Decir que El niño que domó el viento carece de discurso político sería faltar a la verdad, pero sí es cierto que es una historia narrada desde un punto de vista muy limpio, en el que no se buscan culpables ni se señala a nadie con el dedo... acaso al poder y quienes lo detentan, cuya finalidad última no es otra que la de perpetuarse en él. Y este mensaje es tan aplicable a cualquier coordenada espacio-temporal que es imposible que ofenda a nadie.

Muy potente en el plano emocional, esta película de Netflix rehuye buscar la lágrima fácil y consigue tocar el corazón del espectador desde algo tan genuino como mostrar una realidad.

Respecto a la puesta en escena, es muy sobria, pero introduce ciertos leit motiv folklóricos como los ritos para despedir a los muertos o la propia banda sonora, que contribuyen en buena medida a que tenga más pegada e incluso se introduzca algún resquicio de fantasía en medio de una realidad desoladora.

El niño que domó el viento

Como director, Chiwetel Ejiofor (lo has visto en 12 años de esclavitud, Marte, Doctor Strange y María Magdalena previamente) resuelve la película con gran solvencia (ni que decir tiene que su interpretación es precisa y ajustada a lo que pide su rol) e incluso nos regala unos cuantos planos espectaculares: varias escenas multitudinarias que resultan especialmente duras, un plano circular de nuestro joven protagonista y grandes panorámicas del campo que viene a ser a fin de cuentas, no solo un personaje más de la película sino, más bien, el eje central que articula toda la historia.

El niño que domó el viento es una película muy recomendable, incluso para ver en familia con niños de cierta edad con la capacidad de comprender y valorar el mundo en el que vivimos y cómo afectan los cambios en una parte del globo al resto en un sistema interconectado por tantas vías.

La duración de dos horas es un tanto excesiva y hay algunos pasajes que resultan algo reiterativos en este drama de Netflix, pero el final es tan satisfactorio y convincente, que merece la pena el viaje. Eso sí, recomendamos un visionado con la mente despejada y abierta. De lo contrario, a pesar de que evita los efectismos y no se recrea ni en la miseria ni en lo turbio, puede resultar muy dura. Es algo más que una inspiradora historia de superación: es un alegato en favor de la propagación del conocimiento y en la necesidad de madurar para sostenerse por uno mismo. 

Valoración

Chiwetel Ejifor debuta como director con una película inspirada en hechos reales emocionante que disecciona el éxito del ingenio por encima de la ambición y la desesperanza.

Hobby

80

Muy bueno

Lo mejor

Como poco, es una película que te permite valorar lo que tienes y "te pone los pies sobre la tierra". Además tiene muchas capas y momentos álgidos.

Lo peor

Es probable que no necesite dos horas para desarrollarse: en determinados puntos de la película te hace sentir verdadera asfixia.