Crítica de Queer: Daniel Craig se desmarca de Bond en una tórrida película sobre el deseo sexual

Crítica de Queer, la nueva película de Luca Guadagnino basada en la novela homónima de William Burroughs de 1985 con Daniel Craig y Drew Starkey como protagonistas.
Sería fácil comenzar la crítica de Queer estableciendo paralelismos respecto a Call Me by Your Name por el simple hecho de haber sido dirigidas ambas por Luca Guadagnino y estar centradas en relaciones homosexuales. Pero es que hasta ahí llegan los aspectos que tienen en común ambas películas, el resto es pura divergencia.
Y la razón es obvia: el punto de partida nada tiene que ver. Si tras la primera estaba la novela de André Aciman, tras ésta está la autobiográfica de William Burroughs que recala en toda una serie de temas completamente distintos en una suerte de continuación de su trabajo anterior, Yonqui.
Hay una exploración de la soledad y el deseo homosexual masculino mucho menos idílico y resplandeciente, más visceral, explícito y con un punto de perversión asociado a las relaciones asimétricas de poder.
Se habla sobre la adicción física y la dependencia emocional además de la restricción de ciertas libertades y la dificultad que añade a personajes perdidos literal y figuradamente.
Uno de los principales problemas de la película es la ambientación en sí y el planteamiento de Lee, nuestro protagonista, con el que cuesta horrores empatizar. Nos acerca a una suerte de decadencia moral y física en un reverso oscuro de laberínticas pasiones saciadas de manera intermitente y siempre insatisfactoria... pura generación beat.
El por qué de la caracterización y el desarrollo de Jason Schwartzman, escapan al entendimiento de cualquier mortal sobre la faz de la tierra. Es uno de los muchos añadidos que clamaban por salir del montaje final con un buen tijeretazo.
Porque, a grandes rasgos, la incontinencia es el principal problema de Queer: a la presentación le sobra muchísimo metraje y el peso específico de la heroína en la trama tarda mucho tiempo en aparecer. Cuando la cinta se entona e incluso empieza a jugar tanto con los elementos estéticos como con los narrativos, el espectador ya está exhausto.
En busca de la telepatía
Queer nos desplaza a la Ciudad de Mexico en la década de los años 50. William Lee es ya un hombre maduro, un estadounidense expatriado que pasa sus días solo, alcoholizado y buscando algún tipo de encuentro sexual esporádico dentro de la diminuta comunidad de compatriotas y afines que se relacionan con ellos.
Eugene Allerton, un misterioso joven que aparece un día frente a él es como una revelación y se convierte en su obsesión.
Lee considera que es al fin la persona a la que lleva tanto tiempo esperando y con la que podría establecer un vínculo real e íntimo que ansía pero ni siquiera tiene claro su interés hacia él.
A pesar de sus dudas, le propone que sea su acompañante durante un viaje al corazón de la selva para investigar acerca de una poderosa sustancia que, según las revistas científicas, podría permitir la comunicación telepática. El problema es que la salud de Lee está muy deteriorada debido al consumo habitual de heroína, que le lleva a padecer un persistente síndrome de abstinencia.
Queer es un relato descompensado en su distribución, aunque con un buen reparto. Sin embargo, la dirección de actores dista de ser perfecta. Aunque Daniel Craig ha demostrado su talento en numerosas ocasiones, así como su capacidad para adaptarse a nuevos roles, en esta película da la sensación de estar desatado rozando a veces un histrionismo que obra en contra del personaje.
Lo mismo sucede con una caracterizadísima Leslie Manville que no encaja en absoluto con el personaje que le toca defender.
Dejando de lado las decisiones controvertidas de casting, el encanto de Queer reside en un tercio final surrealista donde cuajan muchas de las ideas que el director ha ido sembrando a lo largo del abultado metraje.
Es también la parte más onírica y trascendental, donde por fin tocamos el lado más humano del protagonista aunque sea por medio de las secuencias menos convencionales y discursivos. Donde ¡por fin! se abre paso el lenguaje cinematográfico.
Hay una magnífica película dentro de Queer pero para ello habría que podar muchas conversaciones superfluas y excesos que no ayudan a que sintamos como nuestra la desesperación de Lee por conectar con un hombre que, a fin de cuentas, nunca sabemos si estuvo en la misma sintonía que él.
Valoración
Nota 45
Lejos de su vocación transgesora, Queer tiene más elementos escabrosos que escandalosos y cuenta con un metraje excesivamente alargado que no le hace ningún favor a la historia. Sus momentos álgidos llegan cuando el espectador ya está agotado.
Lo mejor
El compromiso del reparto (aunque algunas interpretaciones estén pasadas de rosca) y los momentos más surrealistas del metraje.
Lo peor
El montaje. Es una película que se alarga hasta los 135 minutos de duración de forma casi agónica y cuenta con diálogos que no van a ninguna parte.
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Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.
