Crítica de A Real Pain, un drama en el que brillan las interpretaciones

Crítica de A Real Pain, la película escrita, dirigida y protagonizada por Jesse Eisenberg que le ha valido al actor Kieran Culkin el Globo de Oro.

Puede que A Real Pain haya pasado por debajo de vuestro radar y no es extraño. Es una película que llega a la cartelera con una exigua promoción. Ha sido el Globo de Oro otorgado a Kieran Culkin (sí, el ganador del Emmy por su rol en Succession que le vaciló a Pedro Pascal en la gala de entrega los Emmy) el que le ha puesto el foco encima.

Se trata de un drama con pinceladas de comedia (algo amarga) liderado por Jesse Eisenberg, quien asimismo se ha encargado del guión y la dirección del proyecto. Y es, ante todo, un estudio de personajes de ahí que sea más que esencial que el elenco se ajuste a la perfección al libreto.

En este sentido, hay que decir que el acierto es total: todos se mimetizan a las mil maravillas con sus papeles pero es ante todo el pulso entre Eisenberg y un volcánico e impredecible Culkin lo que mantiene el interés de la narración de principio a fin. De hecho el clímax emocional de la película es la explosión de uno de ellos, cuando descarga todo lo que siente.

David y Benji son familia, aunque no estén muy unidos: son primos y quedan en el aeropuerto para realizar un tour por Polonia, la tierra natal de su abuela, una superviviente al Holocausto que acaba de fallecer. Sus vidas son diametralmente opuestas: David tiene un trabajo estable, esposa y una hija mientras que Benji vive a su aire, sin ataduras ni cortapisas, aunque en completa soledad.

Una vez en destino se unen a un guía junto a otros participantes en las distintas excursiones con las que recorrerán algunos de los lugares por los que sus antepasados pasaron en algún momento, incluyendo un escalofriante campo de concentración.

Mientras se reencuentran, surgen entre ellos muchas fricciones: rencillas del pasado, sus personalidades antitéticas, formas de desenvolverse con poco en común y maneras muy distintas de enfrentarse al luto.

Benji y su abuela eran uña y carne y se siente trastornado en lo más profundo de su ser por la pérdida mientras que David no puede evitar sentirse responsable de su primo acompañándolo, protegiéndolo y responsabilizándose de sus excentricidades.

Una cuestión de sensibilidad

La recepción de la película va a variar muchísimo en función del espectador. Es inevitable sentirse más próximo a uno de los dos polos que representan Benji y David y por ende será más o menos fácil meterse en la piel de uno de ellos y juzgar con mayor severidad al otro.

En cualquier caso, acompañarlos en una aventura en la que se ponen a prueba para tratar de sobrellevar un duelo y una aflicción profundas, saliendo de su área de confort, recorriendo Polonia y algunos de los enclaves más señalados del Holocausto es casi un ejercicio de exploración de nosotros mismos y nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno.

Eso depende en gran medida de la estabilidad emocional de cada cual: el círculo en el que se mueve, lo colmadas o insatisfechas que están sus expectativas, su capacidad para emocionarse y también la facilidad o ineptitud para expresarse. 

En el plano de la realización, no hay grandes estridencias ni virguerías. En verdad llegamos a sentirnos como turistas recorriendo una historia desgarradora y a plantearnos también, quizás, qué buscamos cuando viajamos en peregrinaje a un determinado lugar. Por qué necesitamos hacerlo, en qué medida nos enriquece o reconforta.

A Real Pain no es una película fácil. Benji es un agente del caos, pero también un elemento dinamizador y disruptor que nos sacude a cada instante. Capaz de lo mejor y lo peor: de dar en la diana y mover montañas a su antojo pero también de resultar excesivo, manipulador y arrogante hasta la náusea.

Más merecido ese Globo de Oro no puede estar porque no deja sin tocar una sola totalidad del amplio arco de las emociones humanas. Eso sí, quien esté familiarizado con su Roman Roy, no se sorprenderá de su capacidad camaleónica y para desconcertar con su comportamiento.

Valoración

Nota 70

Extraña pero con una cualidad inusual de calar hasta el tuétano a las personas y su manera de conducirse por el mundo, A Real Pain hace que el espectador nunca descanse cómodo en la butaca, pendiente de qué pasará al instante siguiente.

Lo mejor

La tensión que genera la relación de los dos personajes principales, antitéticos pero esenciales el uno para el otro.

Lo peor

Si no entras en la dinámica dialéctica entre ellos, es fácil aburrirse.

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Raquel Hernández Luján

Redactora

Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

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