Crítica de Reinas, un drama familiar con la crisis de Perú como trasforno

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Crítica de Reinas, el drama escrito y dirigido por la suizo-peruana Klaudia Reynicke ambientado a comienzos de los 90, en plena crisis económica y social en Perú. Estreno el 6 de septiembre.
No hace falta ningún master en economía para comprender la situación de un país en la ruina más absoluta: tras la llamada "década perdida en Perú" llegaría una inflación y una recesión de campeonato.
Reinas no está interesada en explicar el por qué, sino las consecuencias para las personas que se enfrentan, de un día para otro, a la escasez y los precios desorbitados de bienes de primera necesidad.
Es una película que tiene además el valor de ponernos en la piel de personajes muy distintos: una mujer con un trabajo estable y contactos con los que poder conseguir permisos de viaje, pero también un hombre que sobrevive a base de trapicheos, trueques y sospechosos viajes a la selva.
Recordemos que son los tiempos del terrorismo de Sendero luminoso en la llamada fase de crisis extrema del país. Pero Reinas no tiene voluntad de aleccionar, ni siquiera de explicar demasiado todo ese conflicto latente, sino más bien de mostrar a personajes inocentes en un entorno hostil una vez encuentran dificultades para abandonarlo, además de presentar resistencia a hacerlo.
Salir por patas
Con los precios disparados, toques de queda diarios y el ejército controlando las calles, la atmósfera en Lima se vuelve irrespirable. Elena se hace cargo de sus dos hijas como puede después de que su exmarido Carlos desaparezca, echando mano de su madre, que las acoge en su casa mientras ella gestiona sus permisos para abandonar el país para siempre.
Su trabajo en una agencia de viajes y su posición privilegiada (su madre tiene incluso servicio) le permitirán programar un viaje a Canadá, donde establecerse gracias a una oportunidad laborar única, a la espera de que sus hijas encuentren una estabilidad que se antoja imposible en Perú.
Sin embargo, no puede irse con ellas del país sin la autorización paterna. Para Aurora y Lucía, reencontrarse con su padre, hasta ese momento ausente de sus vidas, va a ser un verdadero shock: despertará en ellas el deseo de permanecer en Lima y también de disfrutar de los placeres sencillos como ir a la playa, comer juntos o recorrer las dunas en un viejo jeep prestado.
Elena tiene el corazón roto, pero también ha tomado la firme y difícil decisión de proteger a sus hijas a costa de emprender una aventura casi obligatoria.
Complicará mucho que ellas comprendan esta necesidad cuando su padre tensione la relación de la familia y cuestione la autoridad materna. De hecho, surge entre ambas una complicidad muy especial, que se convertirá en camaradería en una situación que perciben como verdaderamente amenazadora.
Reinas habla de desarraigo, de familias rotas, de un futuro esperanzador y un presente desalentador. Que sean una niña y una adolescente las protagonistas, en fases de sus vidas muy diferentes y con necesidades distintas, viene a poner de relieve sus puntos de vista y, de alguna manera, una ingenuidad que hace que sea aún más devastadora la situación.
Pero estamos además ante una película que se esfuerza mucho en insinuar, que no en mostrar en cámara. De hecho, no hace falta que remate demasiado las secuencias para dejar claro lo que está sucediendo. Una despedida en comisaría de un miembro de la política que queda retenido, es bastante para saber que está sentenciado, por ejemplo.
En este sentido Reinas es una película elegante que rehúye los subrayados innecesarios y las grandes tragedias. El espectador tiene que completar el puzle, pero tiene todas las piezas para hacerlo.
Las actrices debutantes Luana Vega y Abril Gjurinovic realizan un gran trabajo mostrando sus respectivas perspectivas mientras que en los papeles adultos, destacan la dos veces ganadora del Goya Susi Sánchez (Cinco lobitos), Gonzalo Molina y una excepcional Jimena Lindo (Las mejores familias).
Reinas fue la ganadora del Gran Premio a la Mejor Película en la sección Generation KPlus del Festival de Cine de Berlin y tras su exitoso paso por el Festival de Sundance llega a la cartelera española, con mucho de relato en primera persona.
La directora y coescritora del guión Klaudia Reynicke firma un trabajo que tiene mucho de autorretrato y en el que, desde luego, hay elementos que se nota que han nacido de la experiencia propia. Es especialmente reseñable el trabajo de recreación de una época cercana en el tiempo, que siempre es más difícil de mostrar de forma creíble.
A lo largo de los 104 minutos de metraje se experimenta una verdadera montaña rusa de emociones y todo ello manteniendo siempre una cierta distancia. Se nota cuando un relato nace de las entrañas y los recuerdos.
Valoración
Nota 67
Dura pero luminosa, esta película dramática nos lleva a revivir una época convulva y a comprender cómo la decisión de emigrar, una opción solo apta para privilegiados, es a veces la única vía para asegurarse un futuro.
Lo mejor
La perspectiva inocente de una niña y una adolescente, ambas con una visión muy naif de una situación peligrosa.
Lo peor
Hay personajes que son muy odiables, por más que la película no se cebe con ellos.

