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El rey del barrio
Análisis

Crítica de El rey del barrio, dirigida y coescrita por Judd Apatow

Crítica de la comedia dramática El rey del barrio, dirigida y coescrita por Judd Apatow y protagonizada por Pete Davidson, Marisa Tomei y Bel Powley, entre otros. Estreno el 9 de octubre de 2020.

Hay sentimientos y fases en la vida que son difíciles de llevar a la gran pantalla. El rey del barrio trata de mostrar lo que puede suponer para el desarrollo psicoafectivo y social de un niño sobrellevar la muerte de su padre y las dificultades añadidas que se suman a la de por sí complicada etapa de la adolescencia y la juventud. 

El protagonista de esta historia es lo que llamaríamos un "nini": Scott es un tío hecho y derecho de 23 años que ni estudia, ni trabaja y dedica todo su tiempo a fumar marihuana y soñar con montar su propio negocio: un restaurante de tatuajes.

A pesar de estar integrado en un grupo de amigos similares a él, hasta ellos parecen tener un futuro algo más claro. Aparte de ir dando tumbos y de rozar la delincuencia en varias ocasiones, no parece que sus perspectivas sean demasiado halagüeñas.

Diecisiete años después de la muerte de su padre, bombero de profesión, en acto de servicio, su hermana se muda para ingresar en la Universidad y su madre decide rehacer su vida sentimental saliendo con otro hombre que, casualmente, también es bombero. Así aflora el trauma dormido en el inconsciente de Scott. Consumido por el miedo y el egoísmo, intenta forzar la ruptura de la pareja boicoteando la relación.

Solo con el paso del tiempo comprende que tiene que pasar página, aprender a comprometerse, respetar a los demás y realizar sacrificios para alcanzar sus metas. Y el proceso para encontrar esa motivación para salir adelante y desear prosperar será duro.

Como queda patente, estamos ante una película sobre la madurez y el aprendizaje (un coming of age, si os van los anglicismos) y lo que representa y ese es el punto clave para desarrollar una comedia dramática que de ningún modo necesitaba tamaña extensión para lanzar este mensaje.

El rey del barrio desarrolla además la historia en Staten Island, el llamado "distrito olvidado" de Nueva York, que sirve asimismo de metáfora a un nivel más extenso de lo que el propio Scott representa con su ostracismo y su carencia de un enfoque vital (recordemos que casi el 12% de su numerosa población vive por debajo del umbral de la pobreza).

Cierto es que las interpretaciones son buenas, con Pete Davidson (The Suicide Squad) dando vida a este "niño grande" con el que tan difícil es generar un vínculo emocional (más allá de desear patearle el culo para que espabile), Marisa Tomei interpretando el rol de una mujer que retoma las riendas de su vida poniendo en su sitio a su despistado vástago y el comediante Bill Burr en un rol algo más serio.

Hasta Steve Buscemi tiene un pequeño papel, que se le queda bastante pequeño. Pero el talón de Aquiles de El rey del barrio es que el guión es muy flojo y tiene poco que ofrecer. Solo hay puntuales diálogos con algo de chispa, pero la película carece de una estructura que les dé sentido.

El humor es otro de sus problemas clave: la película frivoliza sobre asuntos bastante serios como el consumo de drogas, la comisión de delitos menores, el trapicheo o los límites del libre albedrío y tiende a echarse en brazos de una escatología ramplona que amarga especialmente el visionado.

En espíritu pretende ser un retrato tierno y complejo de los lazos familiares, aunque se pongan a prueba, pero la realidad es que resulta excesiva y convencional en el peor de los sentidos. Te han contado esta historia mucho mejor en otras ocasiones sin incomodarte tanto. Así, las dos horas y veinte minutos de metraje se antojan eternos y El rey del barrio resulta soporífera.

Valoración

Judd Apatow se sitúa entre la comedia y el drama en una película innecesariamente larga que pretende utilizar el paso a la madurez de forma divertida... El tiro le sale por la culata en buena parte del metraje.

Hobby

60

Aceptable

Lo mejor

Algunos diálogos puntuales tienen enjundia e ingenio. El personaje de Marisa Tomei es el mejor: su humor funciona, es original y luminosa.

Lo peor

Le sobra una hora de metraje larga en la que no cuenta nada, más allá de coleccionar chistes escatológicos sobre anos y drogas.

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