Crítica de La sustancia, el brutal grito de hartazgo de Coralie Fargeat

Crítica de La sustancia (The Substance), película de body horror extremo dirigida por Coralie Fargeat con Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid.
Hacía tiempo que no recibíamos un título tan sólido en pantalla grande: La sustancia es un golpe en la mesa, una denuncia dolorosa, envuelta en la túnica del horror corporal que viene a poner el foco en una realidad que clama al cielo.
La directora y guionista francesa Coralie Fargeat (Revenge) muestra su absoluta indignación hacia el trato que reciben las mujeres en la industria del entretenimiento. Está harta de la objetivación de sus cuerpos y de que sean como cromos intercambiables con un único horizonte común: ser eternamente jóvenes, bellas, deseables y poco conflictivas.
Aunque el discurso de La sustancia no podría ser más pertinente, no es lo único a reivindicar en esta película, cuajada de referencias hacia otras obras maestras del género ya sea de la literatura (El retrato de Dorial Gray) o del propio cine (El hombre elefante), incluso con sorna aludiendo en su banda sonora a Vértigo.
El viaje que nos propone el guión es abrumador y nos arrastra desde el comienzo con una puesta en escena pulcrísima y cuidada al detalle hasta un paulatino deterioro que nos catapulta a un frenesí final que podemos calificar como un exabrupto desaforado y grotesco. Y es algo arriesgadísimo que sacará a muchos de la historia, pero que está más que justificado por lo que quiere expresar: rabia.
Una versión mejor de ti misma
Los días de gloria de la actriz Elisabeth Sparkle han llegado a su fin. Atrás quedaron las alfombras rojas, los grandes papeles y los photocalls atestados de fotógrafos ávidos por inmortalizar su sonrisa.
Su estrella en el paseo de la fama se va deteriorando poco a poco mientras que la audiencia de su programa televisivo de step se viene abajo. Así que no tardan en darle la patada en el culo: quieren a alguien joven para dar una renovada imagen del canal.
En plena crisis de identidad, recibe una promesa clandestina para disfrutar de una vida distinta: un revolucionario producto de división celular es capaz de crear un alter ego mejor, más joven, bello y perfecto de uno mismo.
Siguiendo las instrucciones estrictas del producto, alumbra a Sue, una preciosa y sexy joven que pronto que convierte en toda una estrella. Sin embargo, tienen que intercambiarse cada siete días, o las consecuencias serán nefastas para ambas.
La sustancia retoma uno de los temas clásicos de la ciencia ficción como es el del doppelganger, pero lo hace sin perder nunca el foco del argumento inicialmente descrito. Es un medio para alcanzar su objetivo y lo hace a la perfección con sarcasmo, cargando las tintas al máximo en una narración singularmente salvaje.
Que sea precisamente Demi Moore quien vehicule el mensaje es en especial interesante porque es una de esas actrices sobre las que se ha vertido más tinta hablando de su aspecto físico y de sus operaciones de cirugía estética que de su trabajo, en detrimento de su talento interpretativo.
Es muy generosa entregándose en cuerpo y alma al papel y exponiéndose más que nunca pero es que además es una voz legitimada para señalar con el dedo cómo la industria desprecia a quienes están dispuestos a desfigurarse para entrar en el canon ideal y terminan convertidos en parias.
Fargeat es despiadada con los responsables de este statu quo y con los espectadores y mantiene sus señas de identidad: no es una película apta para personas con estómagos delicados, con aversión a las agujas o a la sangre.

Se vale de la cámara como bisturí, optando por primerísimos primeros planos que laceran el cuerpo de Elisabeth y de Sue repasando una y otra vez los labios jugosos, los ojos brillantes, la piel satinada, la melena sedosa... Pero también las manchas, las ojeras, las arrugas e imperfecciones que se acentúan con cada ruptura de las normas.
Si decíamos que Demi Moore era perfecta para el papel, pocas pegas se le pueden poner al fichaje de la incipiente Margaret Qualley, que tiene aquí oportunidad de utilizar su privilegiado físico para unirse al vehemente discurso de la película. Y Dennis Quaid se entrega al exceso caricaturizando al machismo con un personaje deleznable en todo momento.
En suma La sustancia es una de esas películas que no se guarda nada y que lanza un guión de los que pone en órbita a los espectadores. Es sobrecogedora y bestial, solo lastrada por su excesiva duración, porque se estira de más hasta los 141 minutos de metraje. Una película fiera, descarnada y apabullante de la que seguiremos hablando en los próximos años, a buen seguro.
Valoración
Nota 87
La sustancia es más una demostración de fuerza que un relato de ciencia-ficción: Fargeat carga a matar contra una industria obsesionada con la cosificación del cuerpo de la mujer y cualidad de reemplazable. No deja títere con cabeza y no tiene piedad alguna: brutal en todos los sentidos.
Lo mejor
El mensaje de la película y la forma que le da Fargeat yendo de la puesta en escena más pulcra al baño en hemoglobina.
Lo peor
Si te horripilan las agujas y/o eres delicado/a de estómago, esta película no es para ti. Sencillamente es burrísima.
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Título original
The Substance
Lenguage original
Inglés
Duración
2h 21m
Ingresos en taquilla
76.506.196,00 $
Presupuesto
17.500.000,00 $

Raquel Hernández Luján
Redactora
Raquel Hernández es redactora y crítica de HobbyCine desde 2010. Está especializada en cine, series y literatura así como familiarizada con las tendencias culturales de actualidad.

