Crítica de Trece vidas: el rescate de los niños de Tailandia vuelve a estrujarnos el corazón

Trece vidas

Crítica de Trece vidas (Thirteen Lives), dirigida por Ron Howard y escrita por William Nicholson con historia de Don MacPherson. La trama sobre el rescate submarino en una cueva de Tailandia está protagonizada por Colin Farrell, Viggo Mortensen y Joel Edgerton, entre otros. Ya en Prime Video España.

Ron Howard regresa al drama cinematográfico con Trece vidas (Thirteen Lives), una historia basada en la epopeya real en la que unos buzos voluntarios se enfrentaron al rescate de doce niños y un adulto en la cueva tailandesa de Tham Luang.

La tragedia recorrió el mundo allá por 2018, cuando llegó la noticia de que un equipo de fútbol infantil y su entrenador habían desaparecido en el interior de la cueva en una intensa tormenta premonitoria del monzón tailandés.

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Tráiler de Trece Vidas, lo nuevo de Ron Howard

Amazon se sumerge de lleno en la etiqueta del «basado en hechos reales» y lo hace con un reparto liderado por Viggo Mortensen y Colin Farrell acompañados de Joel Edgerton, Tom Batema y Lewis Fitzgerald, entre otros.

Howard sigue apostando por esa filia que ha desarrollado en los últimos años: las historias reales. Las que tienen corazón porque nos lo tocaron a todos. Lo vimos con Rush, pero también con su reciente implicación en documentales como Alimentando al mundo.

La claustrofóbica realidad bajo el agua

La misión de rescate de Tham Luang comenzó el 23 de junio de 2018 después de que el equipo local de los Jabalíes Salvajes, formado por chavales entre los 11 y los 16 años de edad, se perdiese explorando su interior junto a su entrenador de 25 años.

El temporal comenzó a inundar la cueva parcialmente, lo que los dejó atrapados a varios kilómetros de la entrada. 

Con el paso de los días, hasta 5000 voluntarios de todo el mundo se desplazaron allí para colaborar tras llegar la noticia a los medios de comunicación, destacando el nombre de nuestros grandes protagonistas: Rick Stanton (Viggo Mortensen), John Volanthen (Colin Farrell) y Harry Harris (Joel Edgerton).

La pareja de Stanton y Volanthen llevaba más de 30 años recorriendo cuevas sumergidas, por lo que superaban en creces en experiencia a cualquier autoridad del lugar. Y eso es lo que demuestra la química entre Mortensen y Farrell en Trece vidas.

Su trabajo es esencial para poner en valor el formato biopic con el que Ron Howard demuestra que vuelve a estar en forma en la dirección. Un relato que depende de las emociones; esas que sus personajes representan en bondad y cercanía con la inteligencia interpretativa de ambos.

Viggo Mortensen en Trece vidas

Trece vidas acierta con casi todo: los escenarios han seguido al dedillo la documentación gráfica de la historia real, la dirección consigue transmitirnos tanto la angustia de los padres como la de sus rescatadores, y, probablemente, será motivo suficiente como para que nos apetezca poco meternos en sitios estrechos en las semanas posteriores a su visionado.

La historia avanza como lo haría un documental, de hecho. Ritmo lento, cociendo la desesperación en los silencios y midiendo cada diálogo con gusto de orfebre

Su acción depende de la claustrofobia, del descubrimiento de un nuevo rincón opacado por la oscuridad. Y consigue ser absolutamente fascinante, haciendo que escuchemos los latidos del corazón de nuestros personajes con cada bajada de ritmo.

 

La película mantiene un aura de misticismo sorprendente para sus más de 140 minutos de metraje, convirtiendo el clima monzónico, la cueva y el oxígeno en personajes por sí mismos.

Igual ocurre con la religión. Hay un acercamiento tímido en minutos, pero fiel en respeto para con la fe en el budismo en Tailandia y su significado para las familias de la historia original.

En ese sentido, hay pequeñas escenas que respiran — cójase con cariño — como Silencio (Martin Scorsese, 2016) cuando la religión y la meditación son el resquicio en el que encontrar la calma para la tormenta.

El reparto da el resto para que toda esa conjunción de buenas prácticas convierta la tensión dramática en un pulso constante, al margen de que puedas saber o no el resultado final del rescate. Así, la crudeza más pragmática de Viggo Mortensen baila al mismo tempo que la compasión inocente de Colin Farrell.

Pulmón y corazón

Ron Howard le ha tomado el pulso a este tipo de historias. Sin abusar de la banda sonora para exagerar la claustrofobia de bucear entre un bosque de estalagmitas, consigue hacernos sufrir en cada internada con los buzos.

Y no lo hará ni una, ni dos, ni tres veces. Con nuevos miedos y nuevos protagonistas, consigue que cada viaje por el infierno bajo el agua se convierta en un salto al vacío.

La oscuridad y el oxígeno juegan un papel fundamental que nos hace ser más que conscientes del inminente horror que aguarda a cualquiera que ose lanzarse a la travesía. Esa determinación es, sin embargo, el gran motivo de la película.

Trece vidas

Trece vidas es un drama que cumple con todo lo que puede prometernos una cinta con la etiqueta de realidad. Con una sencillez realmente inteligente, consigue envolvernos en una tensión latente, pero nada estridente y siempre sobria.

No es un gran alarde narrativo, ni tampoco técnico. No es el hit que recomendaremos a nuestros amigos. Ni el lanzamiento que hará vender suscripciones a la plataforma. Pero es de ese tipo de cine que se escribe al compás del corazón.

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VALORACIÓN:

Trece vidas es fiel a la idea que representa su historia original: corazón, sacrificio y valentía, pero también agonía, claustrofobia y desesperación; todo ello manejado con una sobriedad que Ron Howard convierte en fascinante en un alarde de inteligencia cinematográfica.
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LO MEJOR:

Su compromiso con los tiempos, los silencios y los diálogos, con una actuación brillante de Viggo Mortensen y Colin Farrell.
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LO PEOR:

La duración de la película y su ritmo documental podría no entusiasmar a todo el público.
Hobby

80

Muy bueno

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