La trinchera infinita
Análisis

Crítica de La trinchera infinita, de los directores de Loreak y Handía

Por Raquel Hernández Luján

Crítica de La trinchera infinita, de los directores de Loreak y Handia. Estrenada en el 67 Festival de Cine de San Sebastián (SSIFF) de 2019, llega a carteleras el 18 de octubre.

El trío creativo que está detrás de La trinchera infinita, es el responsable de otras dos películas que dejaron huella: Loreak (Flores) y Handía. En la pasada edición del Festival de Cine de San Sebastián (SSIFF 67) Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga se alzaron con la palma de plata a la mejor dirección, además de conseguir el otros reconocimientos como el premio del jurado al mejor guión para Luiso Berdejo y Goenaga o el premio Irizar al cine vasco.

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En efecto, es indudable que la película está rodada con corazón y maestría, aunque también es algo irregular, debido en gran parte a su larga duración, que ronda las dos horas y media. Algunos mensajes se enfatizan demasiado, otros se repiten de forma recurrente sin necesidad aunque, en cualquier caso, la sensibilidad y la búsqueda de una historia intimista tratada con el mayor tacto son máximas que nunca se abandonan.

La película nos lleva al estallido de la Guerra Civil Española, en 1936. Higinio y Rosa son una pareja de recién casados que viven en un pueblo andaluz. Obligado a huir por su pasado sindicalista, pronto Higinio se convierte en un proscrito cuya vida pende de un hilo. 

Ante tamaña amenaza, lo único que puede hacer es desaparecer de modo que, con la ayuda de Rosa, se refugiará en un escondite provisional creado para tal efecto en su propia casa. Lo que comienza siendo algo pasajero, termina por convertirse en rutinario.

Con el paso del tiempo, la guerra termina pero no la confrontación dado que la represión le obliga a seguir temiendo fuertes represalias. Obligado a vivir emparedado durante varias décadas, irá viendo cómo su entorno cambia pero sus miedos siguen inmutables.

La trinchera infinita
La trinchera infinita

Como suele decirse, la realidad es más poderosa que la ficción. El guión de La trinchera infinita se basa en la existencia de los llamados "topos", algunos de los cuales nunca consiguieron salir de los agujeros en los que se habían dejado media vida.

Ya los retrató en 2012 el documental 30 años de oscuridad, dirigido por Manuel H. Martín, actual director del Festival de Huelva. El visionado de este trabajo fue el que prendió la mecha creativa que serviría para que sobre él se cimentara una historia de ficción, dado que no se basa en ningún caso en concreto.

Tras un arranque más dinámico, violento y aterrador en el que vivimos una persecución incansable, el tono de la película varía. En buena medida, adoptamos el punto de vista de Higinio a lo largo de la narración, así que vivimos el desastre de la guerra y de la posterior instauración del franquismo casi siempre intramuros, una vez que se autorecluye para subsistir.

De esta forma el espectador tiene ocasión de meterse en su piel y sentir junto a él el temor a ser descubierto, la indefensión cuando observa impotente lo que sucede sin poder mediar sin delatarse, los celos, los remordimientos, la angustia ante los espacios abiertos... Antonio de la Torre nos hace permeables a esa vida resignada y atemorizada que compartimos con él y que está cimentada en la mentira de su desaparición.

Por desgracia, es poca la química que tiene con su compañera de reparto Belén Cuesta, que funciona mucho mejor en el plano humorístico que en el dramático. En este sentido y a pesar de la intensidad del tema que aborda La trinchera infinita es cierto que hay momentos en los que algunas líneas hilarantes de guión le dan un respiro a la audiencia, como si fuera una espita que se abre para liberar tensión. Y se agradece mucho, porque ayuda también a despertar cierto grado de superación de tiempos muy oscuros.

Por lo demás y dada la dificultad de rodar en tan pocos espacios mostrando el largo paso del tiempo hay que decir que la dirección artística y el vestuario es excelente. La selección musical también contribuye mucho a situar temporalmente cada tramo de la historia con algunas canciones que resultan muy familiares. Más forzada resulta la caracterización, sobre todo de él, en el tramo final, aunque sin lugar a dudas, el mensaje final hace que se pasen por alto los excesos de la película. A fin de cuentas no deja de ser una historia de amor con muchas aristas en la que lo que prevalece es una relación de apoyo incondicional sea en cautiverio o en libertad.

Valoración

La guerra desde el otro lado de la pared. A pesar de que podría parecer que la película nos habla de unas personas muy determinadas, al final encontramos un interesante relato que trasciende el conflicto para hablar de heridas que nunca llegaron a sanar. A pesar de sus excesos, merece la pena.

Hobby

77

Bueno

Lo mejor

La ambientación, la exquisita fotografía y la fuerza del relato, que cuenta con una secuencia final muy elocuente. Los momentos de humor.

Lo peor

El sonido y la vocalización. La caracterización de Antonio de la Torre al final de la película y algunos pasajes exagerados o demasiado alargados.

Y además